Desde mis tiempos juveniles, recuerdo de Carl Von Clausewitz, militar prusiano, autor de un tratado sobre la guerra, la frase inserta en el mismo, "la guerra es la continuación de la política por otros medios"; ella, ha estado acurrucada en mi memoria. Recuerdo a Domingo Alberto Rangel, Arturo Uslar, etc., en sus abundantes artículos, textos y discursos mencionarle. Fue aquella, una época de la historia venezolano, cuando los muchachos leíamos demasiado; no había muchas formas de entretenimiento ajeno a esa.
La aparición de Chávez en la escena política venezolana, por su accionar y discurso, amparado todo eso en los enormes recursos de Venezuela, en un momento cuando el petróleo había alcanzado precios a tenor con la demanda y los derechos del productor, lo que representaba un cuantioso ingreso para Venezuela, prendió las alarmas en EEUU. El plan del ALCA, concebido para convertir a toda América Latina en una zona de "Libre Comercio", un plan por demás neoliberal y colonizador, donde era evidente que, "quien tuviera más agalla, tragaría más harina", como quien compite con ventaja, terminaría ganando, fue derrotado en Mar del Plata, en el año 2004, siendo presidente de EEUU George W. Bush, un republicano, como lo es ahora Donald Trump. Y, en eso, el rol de Chávez fue descollante.
Bajo el gobierno del demócrata Barack Obama, el primer presidente y hasta ahora, el único afroamericano de EEUU, en la Cumbre de las Américas, reunida en Trinidad y Tobago en el año 2009, Chávez en un gesto muy sugerente y hasta desafiante, entregó a aquel, el libro de Eduardo Galeano, "Las venas abiertas de América Latina", un texto que cuenta la historia de cómo los recursos de nuestro espacio financiaron el desarrollo del capitalismo europeo y posteriormente el de Estados Unidos. Aquel gesto, que hizo de la obra de Galeano un "best seller", un éxito editorial y al mismo tiempo difundió aquella historia, no bien conocida, fue al mismo tiempo otro desafío formal a EEUU, sus capitales. Pues en esos momentos, Chávez, había alcanzado un cierto prestigio, como que se había vuelto la cabeza visible de una América Latina que se levantaba.
Por todo aquello, Obama, sin duda alguna, exigido por los poderes "ocultos", lanzó aquel decreto mediante el cual declaró a Venezuela en "una amenaza inusual y extraordinaria para EEUU". Fue aquello, el inicio de una batalla desigual entre un Goliat, con más armas que su cuerpo mismo y advertido de las "mañas" del pequeño David.
Trump, en su nuevo y segundo período de gobierno, se propuso mantener frente al gobierno de Venezuela, una política combinada entre "lo diplomático", identificado con la figura de Richard Grenell y la violencia, a través del Departamento de Estado y Marco Rubio. Por un lado, lanzaba amenazas guerreristas, multiplicaba, ahondaba sus sanciones y por el otro mantenía conversaciones, en el mayor de los casos, bajo estricto secreto con el gobierno de Maduro, a través de Grenell. No había en aquella conducta ruptura alguna. Satisfacía a su entorno del partido demócrata y se ganaba el respaldo de la mayoría de los gobiernos de América Latina. Su diplomacia, ejercida a través de Grenell, actuaba amparada en la presión y los gestos de violencia a través de Marco Rubio.
Al lado de todo esto, operaba otro escenario a través de la empresa extractiva y exportadora de petróleo Chevron. De alguna manera, esta empresa, dado sus intereses y las necesidades del recurso en EEUU, ejercía su influencia para la permanencia de la gestión diplomática, pero bajo la presión de la fuerza.
Las características del mercado petrolero, la coyuntura mundial, donde compiten potencias con idénticos fines, como la de acceder sin dificultades o controlar el mercado mundial y donde prevalece el interés de cada una de aquellas, ha determinado el rol de Venezuela. EEUU, a partir de aquel decreto de Obama, ha aplicado a nuestro país sanciones de distinta naturaleza que, quienes han gobernado, Chávez y Maduro, desafiaban el poder de esa potencia, nunca soñaron su poder destructivo y si caso de ellas supieron, como debió ser, las desdeñaron. Tengo la sensación, por no decir la seguridad, que creyeron en la providencia divina o la posibilidad de aliados en capacidad de obviar esas dificultades. Hubo, como, una mala lectura del panorama mundial.
Entonces, desde antes de la muerte de Chávez, comenzaron a sentirse los efectos de las sanciones e incluso, la capacidad del gobierno de EEUU de penetrar en las intimidades y generar circunstancias inesperadas en contra del interés nacional, como aquello ideado por Rafael Ramírez, de privilegiar el petróleo pesado de la "Faja Petrolífera del Orinoco" y el cierre paulatino de los pozos del hidrocarburo liviano, aun en capacidad de producir por largos años y a más bajo costo. Error descomunal que pagamos y pagaremos por años.
Con Maduro presidente, hasta llegar a las elecciones del 28J del año 2025, que marcaron un hito particular, las sanciones y amenazas de agresión de EEUU aumentaron y hasta se intensificaron. La confusión derivada de ese acto electoral sirvió a Trump, recién llegado a la presidencia por segunda vez, para intensificar sus acciones contra el gobierno de Maduro, pero también contra los venezolanos todos, a manera de buscar una reacción interna, civil o militar.
El fracaso opositor, al no lograr los iniciales deseos de Trump, como provocar una reacción popular y militar de gran magnitud, que derrocase a Maduro, más fundamentado todo eso en un acto electoral por demás confuso, puso en manos del gobierno de EEUU la tarea de someter al de Venezuela a sus designios o derrocarlo mediante su intervención directa, nada simulada. La oposición aliada a Trump, pasó a un segundo plano y se limitó a lo gestual y al dramatismo.
Esto se tradujo en la política dual de Trump de la diplomacia bajo la presión de la violencia. "La guerra es la continuación de la política por otros medios", dijo Carl Von Clausewitz. Más cuando habiendo ganado las elecciones presidenciales en buena medida respaldado por los votantes republicanos de La Florida, liderados por Marco Rubio, designó a éste Jefe del Departamento de Estado, como decir el de Guerra de los EEUU.
Por esto, siempre sostuvimos, como lo podemos demostrar con nuestro archivo, que la política dual de Trump, diplomacia o guerra, eran igualmente peligrosas. Pues no se trataba sólo de una amenaza contra unos gobernantes que no habían podido materializar un estado de cosas que satisficiera a la multitud, pese los largos años transcurridos. Allí están los ejemplos relacionados con el salario y los servicios de salud, para sólo nombrar dos, derivados de los aconteceres, donde las sanciones han jugado un rol destacado. Estaba y está, por demás probado, es demasiado el tiempo transcurrido que, pese la buena fe de los aliados, si en el modelo de intercambio mundial puede hablarse de ella, no era suficiente para abordar las calamidades de la multitud, como los trabajadores activos y jubilados y dejar constancia de la posibilidad de un futuro mejor. Los gobernantes y los venezolanos todos, pudimos percatarnos que, por encima de los sueños y los deseos, es la realidad la que determina la "suerte" de nuestra vida. Por los recursos que poseemos que, al mismo tiempo son de prioritaria necesidad para EEUU y menos para otros "mercados", es pertinente mantener las mejores relaciones posibles con ese país y sus gobernantes. A ese mercado, por las razones que sean, le hace falta nuestro recurso y, como solía decir Walter Martínez, está a sólo 3 días de viaje en un buque petrolero.
Es decir, nuestra subsistencia, por encima de valoraciones ideológicas hasta sin sustento, ha estado y está determinada todavía por el negocio petrolero. Tenemos del recurso todo lo suficiente para surtir al mercado mundial hasta el límite y, bastante capital nos hace falta, para insistir en la frustrada meta, hasta ahora, año 2026, de generar una economía próspera, en capacidad de competir en el mercado mundial. ¿Acaso nos está impedido, por razones más allá de lo humano, convertirnos en una potencia, teniendo bajo la tierra el potencial para hacerlo? ¿No ha sido hasta ahora, la incapacidad de nuestra dirigencia, política y empresarial, desde el siglo XIX, la causa de nuestra ruindad de ahora?
Por todo lo último dicho y estando consciente de los fines y marañas de Trump, hemos advertido acerca de la necesidad de abordar aquello con pertinencia. La política de Trump, dijimos hasta el fastidio, tiene como meta apoderarse de nuestros recursos. Y ella la estaba desarrollando de manera dual para arrastrar tras de sí factores que le hacían falta. Para él ha sido necesario ganarse factores nacionales inconformes con el gobierno, dentro y fuera del país. Por eso ideó y ha venido ejecutando su política de diplomacia a través de Granell y la de guerra, representada en la figura de Marco Rubio. Ha explotado el odio y lo racional.
Los factores de la oposición venezolana, particularmente o casi exclusivamente, aquellos identificados en los resultados electorales del 28J, la narrativa del fraude y la violencia como respuesta, han venido siendo usados por Trump, como tantas veces lo hemos dicho, para los efectos de su política de guerra. Mientras que, instado por distintas circunstancias, ha insistido en la vía diplomática, tanto como se ha dicho que, pocos días atrás, antes del evento del sábado 03 reciente, que culminó con la detención y extracción de Maduro, ambos presidentes habían tenido un diálogo de cuyas intimidades o contenido nada se supo.
Llevada a efecto la invasión, con sus respectivos secretos, hasta agresión al espacio venezolano, lo que incluyó destrucción de recursos, propiedades materiales, hasta vidas y que culminó con lo que sabemos acerca de Maduro, Trump, al parecer, insiste en su versión de la diplomacia, según la cual, el gobierno emergente, representado en la figura de la señora Rodríguez, debe hacer lo que dicten desde la Casa Blanca. Es decir, sigue en lo mismo y deja claro la idea que, de no haber el cambio que aspira, vendrán otra oleada y otra.
Como hemos dicho tantas veces, la vía "diplomática", aquella de Grenell, en Trump adquiere el carácter de simbiótica, al mezclarse con la guerra o la violencia. Y sus declaraciones posteriores a la agresión del sábado y la extracción del presidente, aunado a la confirmación de lo que siempre hemos dicho, como que la figura de la señora MCM no tiene, por lo menos en lo inmediato, ningún valor para él, sino lo que le interesa es el petróleo, insisten en lo mismo; diplomacia y violencia, tienen en él igual significado. Una y otra se complementan. El golpe dado a Venezuela, pues no es sólo a Maduro, en esencia, es a los venezolanos y la soberanía. Es casi una declaración de colonización. Pues dice con descaro, que se hará aquí lo que él determine; sus decisiones marcarán la conducta del período transicional.
Frente a él, su fortaleza, los gestos apenas virtuales, formales de los aliados externos o internacionales del gobierno de Maduro, la realidad, que hace del mercado estadounidense una necesidad apremiante para Venezuela, como ha sido demostrado en todos estos años y particularmente alrededor de la empresa Chevrón, no hay otra opción válida y verdaderamente patriótica, sino la formación de un gran frente contra el injerencismo. El gobierno de la señora Rodríguez, emergido tras la detención de Maduro, previa decisión, como corresponde a los organismos del Estado, no tiene la suficiente fuerza moral, política y física para enfrentar lo que Trump llama "nuevas oleadas", en caso no se haga lo que él determine. Y tampoco es una responsabilidad y tarea exclusiva de ese gobierno. Eso es atinente a la determinante mayoría de los venezolanos. Es enorme la capa de ciudadanos, de distintas tendencias, incluyendo a quienes han tenido serias diferencias con el gobierno, como que, hasta militantes de partidos de oposición patriótica, democrática y anti injerencista, tienen militantes detenidos.
Es decir, el momento, ante la contradicción prevaleciente, determinante o fundamental, los intereses, el orgullo y la dignidad nacional amenazados y hasta humillados por la acción de Trump, en su envolvente política militar, diplomática, la opción pertinente de la parte nacional, es ese frente del cual hemos hablado. Pero este pasa o empieza, por un llamado ya, de inmediato, a la conformación de un gobierno integrado por todas las fuerzas patrióticas y la definición o elaboración inmediata de un programa de gobierno inherente a nuestra defensa, la del espacio, recursos y futuro. Esto es tarea de todos los patriotas y no de un bloque o grupos aislados. A partir de este momento, todos los patriotas, defensores del interés nacional, deben formar un solo bloque, frente y optar diseñar políticas emanadas de esa nueva voluntad. Eso empieza por los detenidos políticos y la revisión inmediata de las políticas económicas y sociales.
Esto no significa caer de nuevo en el mismo error y, en el discurso y ciertas prácticas, como la de declararse como enemigo de quien su mercado y otras instancias necesita. Menos plantearse metas más allá de lo que resulte de la alianza. Lo que se trata es comportarse en el manejo de esas relaciones de manera consustancial y coherente con la soberanía, los intereses nacionales y en extremo con el resultado del balance correspondiente. Esto implica una política realista, coherente y firme.