El ataque a Venezuela por Estados Unidos, a sus fuerzas militares con el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores a una prisión en Nueva York ha generado una intensa preocupación sobre sobre las condiciones de su detención dado el historial de horror, tortura y violación de los Estados Unidos con sus prisioneros políticos tanto en Irak como en El Salvador de Bukele. Se menciona recientemente que figuras cercanas a Trump, como Kristi Noem , Secretaria de Seguridad Nacional en su gobierno, han posado en escenarios de detención en El Salvador que recuerdan a Abu Ghraib en Irak, generando comentarios sobre un "nuevo Abu Ghraib" bajo su liderazgo.
Hay que estar alertas en esta situación pues existe la posibilidad de que se repitan escenarios de abusos y de no atención médica, ya que tanto Nicolás como Cilia, cuando fueron aprisionados en Caracas sufrieron heridas que se desconoce su gravedad, temiéndose una fractura de costilla en el caso de Cilita.
El Metropolitan Detention Center de Brooklyn, es un sombrío centro federal de alta seguridad donde se procesan casos de narcotráfico, terrorismo y crimen organizado. En su ingreso se reportaron problemas de salud y dificultades para caminar, lo que sugiere una lesión en la pierna, mientras que Cilia presentaba heridas visibles en la zona de las costillas. Estos hechos han despertado preocupación sobre si se trata del inicio de un trato cruel contra dos personas que se encuentran en una situación de indefensión.
Por ello y por la crueldad manifiesta hacia Venezuela por Kristi Noem y el equipo de Donald Trump, la comparación con Abu Ghraib surge de manera natural porque aquel centro de detención en Irak se convirtió en símbolo de violaciones sistemáticas de derechos humanos, torturas y humillaciones contra prisioneros iraquíes bajo custodia estadounidense.
Las imágenes de abusos en Abu Ghraib y de la prisión CECOT en El Salvador marcaron un precedente negativo en la memoria colectiva mundial y se convirtieron en referencia de lo que es estar prisionero por Estados Unidos y también de la calidad humana de los funcionarios de Donald Trump. Estas observaciones son válidas para los prisioneros pobres no vinculados al narco tráfico, como demostró Trump, liberando al expresidente de Honduras, condenado a 45 años de prisión con cargos graves por tráfico de drogas.
Aunque el Metropolitan Detention Center de Brooklyn funciona bajo la supervisión del sistema judicial estadounidense, y medios de comunicación cercanos que vigilan el proceso, esto no es garantía de nada pues ya sabemos que Donald Trump no cree en leyes. Al menos en teoría allí, hay la posibilidad de estándares mínimos de derechos humanos. No confiemos, vigilemos.
No obstante, la preocupación no es infundada. La historia de las prisiones federales en Estados Unidos incluye denuncias por condiciones duras, hacinamiento y falta de atención médica adecuada. Aunque no se han documentado abusos sistemáticos comparables a los de Abu Ghraib en el MDC Brooklyn, sí existen antecedentes de críticas por el trato a los internos. En este sentido, la vigilancia internacional y mediática será clave para evitar que las lesiones iniciales de Maduro y Cilia se conviertan en el inicio de un patrón de maltrato. La comunidad internacional, organizaciones de derechos humanos y la opinión pública tienen un papel importante en exigir transparencia y respeto a las garantías procesales y hay que movilizarlos.
La captura de un jefe de Estado en funciones como Nicolás y Cilia su señora es un hecho politico notorio y extraordinario que genera tensiones diplomáticas y percepciones de justicia selectiva. En este contexto, cualquier señal de trato cruel o inhumano podría ser interpretada como una forma de castigo político más que como un proceso judicial legítimo. Por ello, la comparación con Abu Ghraib no solo refleja el temor a abusos físicos, sino también la preocupación por la utilización de la prisión como herramienta de humillación y control político. Que ya se inició con el traslado en un vehículo de exhibición, hasta la prisión.
Aunque las condiciones actuales en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn no son tan fatales, la presencia de lesiones en Maduro y Flores al momento de su ingreso que no fueron atendidas de inmediatos, seguramente esperando por parte de EEUU que empeoraran, hacen que la preocupación sea legítima. La diferencia principal radica en que el MDC Brooklyn está sujeto a normas federales y a la vigilancia judicial y mediática, lo que reduce la posibilidad de abusos sistemáticos como los ocurridos en Irak. Sin embargo, la historia demuestra que la presión internacional y la atención constante son necesarias para garantizar que se respeten los derechos humanos de los detenidos, especialmente en casos de alta sensibilidad política.
La repetición de Abu Ghraib o del CECOT en Nueva York no es inevitable, pero tampoco puede descartarse sin una vigilancia activa y un compromiso firme con la transparencia y la legalidad.
Oscar Rodríguez Estrada 5 de enero de 2026