La brutalizacion de la política y la dialéctica de la resistencia

Para quienes dudan que estamos del regreso al más crudo nazifascismo hitleriano y mussoliniano, ya tienen en abundancia las evidencias en la arbitrariedad descontrolada y desenfrenada del jefe del imperialismo yanqui, mister Trump.

Lo digo por el debate suscitado a raíz del auge en que se encuentra la ultraderecha a nivel global; algunos nos sugieren matizar y no exagerar porque apenas nos encontramos delante de una equivocada tendencia iliberal que no acude a los hornos crematorios ni a las simbologías de Hitler en Berlín o a su aplastante avanzada hacia el oriente para tomarse a Moscú; o a las marchas sobre Roma de Benito Mussolini.

Trump es la restauración del fascismo en toda la línea.

Trump es la brutalizacion de la política a la manera del nazismo y su rabiosa guerra racial contra los judíos y los comunistas alemanes y soviéticos.

Para no ir tan lejos, es la brutalidad de las dictaduras militares del Cono sur (Videlas, Lanuses, Pinochet); de los generales brasileros de la seguridad nacional; de los regímenes demenciales del neoliberalismo (Fujimori, Uribe Velez, Calderón/México et.al).

Trump es la negación absoluta de la democracia popular y sus libertades.

El asalto a Venezuela y la violenta captura de su presidente Nicolás Maduro, junto a su esposa Cilia Florez, con el asesinato de la heroica guardia comunista cubana es el más grande desafío a nuestros pueblos, sus naciones y soberanía. Es un descomunal ultraje que amerita el repudio sin atenuantes.

La brutalidad política, por supuesto, no ocurre en el vacío. La respuesta es y debe ser automática. Es una dialéctica viva que brota espontanea en la reacción instintiva de los pueblos y de la multitud.

La dialéctica de la resistencia es el gesto altivo y digno del presidente Maduro y su esposa en el centro del Imperio para repetirle en la cara al fulano, que es el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y está ahí en calidad de prisionero de guerra.

Querian acobardarlo, quebrar su voluntad, humillarlo a la manera de Noriega o Husein, quebrarlo en su fuerza moral y en su liderazgo coyuntural.

Maduro se crece como un Sandino y como un Fidel del siglo XXI, símbolo de la voluntad y la resistencia de los pueblos latinoamericanos en su joven historia bolivariana construida por nuestro gran Libertador Simón Bolívar.

A sabiendas de lo que se le viene encima, Trump ha dicho que no está en guerra con Venezuela. Que se crea su mentira soberbia. Los pueblos latinoamericanos saben cómo tienen que proceder y con calma y sabiduría proceden a su organización y movilización de masas.



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Horacio Duque

Politólogo e historiador.

 horacioduquegiraldo@gmail.com      @horacio_DG

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