La historia reciente de Venezuela ha estado marcada por intentos sistemáticos de desestabilización, tanto desde el exterior como desde sectores internos alineados con intereses foráneos. El guion del imperio estadounidense y de la ultraderecha nacional parecía claro: provocar un caos generalizado, estimular la violencia fratricida y abrir las puertas a una intervención militar bajo el pretexto de "poner orden". Sin embargo, ese libreto se encontró con un pueblo que ha demostrado una madurez política y social capaz de frustrar tales planes.
Saqueos como detonante económico: se esperaba que la población, agobiada por las dificultades, se lanzara contra los negocios, generando un colapso en la economía interna.
Guerra civil como justificación política: la narrativa buscaba mostrar a Venezuela como un Estado fallido, incapaz de resolver sus conflictos sin la tutela de potencias extranjeras.
Intervención militar como desenlace: el objetivo último era legitimar un segundo ingreso militar estadounidense, disfrazado de misión humanitaria o de estabilización.
Lejos de caer en la trampa, la sociedad venezolana ha dado muestras de consciencia histórica y de unidad nacional.
Madurez política: la ciudadanía ha entendido que una guerra civil no solo sería un desastre humano, sino también un retroceso en los avances logrados en soberanía y autodeterminación.
Defensa de la economía: evitar saqueos significa proteger el esfuerzo de miles de trabajadores y emprendedores, así como impedir que se destruya la base productiva nacional.
Orgullo y dignidad: la resistencia pacífica y organizada reafirma la identidad venezolana frente a los intentos de dominación externa.
El derecho internacional público reconoce la soberanía de los pueblos como principio fundamental. Venezuela, en este sentido, ha defendido su derecho a decidir su destino sin injerencias militares ni tutelas imperiales. La madurez demostrada por la población es un acto de soberanía práctica: no basta con proclamarla en discursos, hay que ejercerla en la vida cotidiana, resistiendo provocaciones y defendiendo la paz.
El plan de saqueos y guerra civil fracasó porque el pueblo venezolano supo leer la jugada y actuar con responsabilidad histórica. No hubo caos, no hubo fractura interna, y por tanto no hubo justificación para una intervención extranjera. La lección es clara: la soberanía se defiende no solo en los foros internacionales, sino en las calles, en los mercados y en la convivencia diaria.
Las Naciones Unidas deben regresar la pareja presidencial y juzgar a los responsables de este acto ilegal.
Ni saqueos, ni guerra civil: Venezuela eligió la Paz y la soberanía.