¿Hasta cuándo van a seguir haciéndose los ciegos? ¿Cuántas pruebas más necesitan para entender que lo que defienden no es "democracia" ni "libertad", sino el mismo imperialismo de siempre, apenas disfrazado con hashtags y titulares de CNN?
Defender la política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela exige hoy algo más que mala fe: exige una renuncia abierta a la memoria, al sentido común y a la dignidad política. No hay eufemismos que oculten lo evidente. Estamos hablando de una potencia que actúa como imperio clásico, con la soberbia del que se cree dueño del mundo y la impunidad del que nunca paga sus crímenes.
Ahí están ustedes, cómodos desde su smartphone, repitiendo como loros el discurso que les venden desde Washington, mientras ese mismo país al que tanto admiran "roba petroleros venezolanos en altamar como piratas del siglo XXI". Sí, lo leyeron bien: secuestran barcos, se llevan el petróleo ajeno y después tienen el descaro de llamarlo "sanciones". ¿Y ustedes qué hacen? Aplaudir. Porque claro, si lo hace el imperio, entonces está bien.
¿O ya olvidaron que Estados Unidos "bombardea países enteros" sin que nadie les haya declarado la guerra? Irak, Libia, Siria, Afganistán... una lista interminable de naciones destruidas en nombre de la "democracia". Millones de muertos, ciudades enteras convertidas en escombros, generaciones completas arruinadas. Pero eso sí, Maduro es el dictador. La lógica imperial es tan burda que da vergüenza ajena.
Y ahora, "¿Qué excusa van a inventar para lo que pasó el 3 de enero?" Estados Unidos "bombardeó Caracas", entró por la fuerza en territorio venezolano, "sacó a un presidente de su propia casa en medio de la noche", lo metió en un avión militar como si fuera un trofeo de guerra y se lo llevó a Nueva York para juzgarlo en sus tribunales. "Eso no es un arresto. Eso es un secuestro. Eso es una invasión".
150 aeronaves, bombardeos en plena capital, civiles muertos, instalaciones militares destruidas, un país soberano atacado sin declaración de guerra, sin mandato de la ONU, sin nada. "Puro poderío militar, pura ilegalidad, puro desprecio por el derecho internacional". Y Trump lo celebra como si hubiera ganado la guerra mundial. Lo dice sin vergüenza: "ninguna nación podría haber conseguido lo que Estados Unidos logró". Claro, porque ninguna nación civilizada se atrevería a hacer semejante barbaridad.
¿Dónde quedó el respeto a la soberanía? ¿Dónde quedó la Carta de las Naciones Unidas? ¿Dónde quedó el derecho internacional que tanto invocan cuando les conviene? Ah, claro, eso solo aplica para los países débiles. Porque "Estados Unidos hace lo que se le da la gana, cuando se le da la gana, y a quien se le da la gana". Y ustedes ahí, aplaudiendo.
Y ni hablar de cuando "secuestraron al presidente de Bolivia, Evo Morales, en pleno vuelo". Obligaron a aterrizar su avión presidencial porque sospechaban que llevaba a Snowden. Un presidente legítimo, humillado, interceptado como si fuera un delincuente común. ¿Y cuando invadieron Panamá y se llevaron a Noriega? Miles de panameños muertos, pero claro, eso no sale en sus timelines. ¿Dónde estaban entonces los defensores de la "institucionalidad"? Ah, claro, mirando para otro lado, porque la soberanía solo importa cuando conviene.
Pero lo más grotesco de todo es que "ya ni se molestan en disimular". Funcionarios estadounidenses han declarado públicamente, una y otra vez, que "el petróleo venezolano les pertenece", que tienen que "recuperar" los recursos de Venezuela, que hay que "sacar a Maduro" para poner a alguien que les sea útil. Lo dicen en cámaras, en entrevistas, en documentos oficiales. "No es conspiración, es confesión". John Bolton lo dijo sin vergüenza: "Será de gran beneficio para las compañías petroleras estadounidenses invertir y producir en Venezuela". Mike Pompeo repitió lo mismo. Trump declaró que "todas las opciones están sobre la mesa" y que Venezuela "podría ser nuestra". Y ahora añadió que Estados Unidos ""tomará el control" de Venezuela". "¿Qué parte de "queremos robarnos su país" no entienden?"
Y aún así, ustedes siguen ahí, defendiendo lo indefendible. Repitiendo consignas fabricadas en laboratorios de guerra psicológica, creyéndose valientes por insultar desde la distancia a un país bloqueado, asediado, saboteado sistemáticamente, "y ahora bombardeado e invadido". "Qué fácil es ser "opositor" cuando el imperio te aplaude". Qué cómodo es el servilismo disfrazado de rebeldía.
Lo más triste no es su hipocresía, sino su "ignorancia militante". No conocen la historia, no entienden la geopolítica, no leen más allá de los titulares que confirman lo que ya creen. Son funcionales al poder sin siquiera saberlo. "Soldados sin uniforme de una guerra que ni siquiera comprenden".
Porque seamos claros: defender la política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela no es una postura política, "es una renuncia al pensamiento crítico". Es aceptar que está bien robar, invadir, bombardear, secuestrar presidentes, sancionar, asediar, matar de hambre a un pueblo entero, siempre y cuando lo haga "tu equipo".
Despierten de una vez. La historia no los va a recordar como luchadores por la libertad, sino como lo que son: "cómplices cómodos de un imperio que no dudará en traicionarlos cuando ya no les sirvan". Porque para Washington, ustedes también son descartables. Solo que todavía no se han dado cuenta. La historia no absuelve a los cómplices ni a los ingenuos voluntarios. Y mucho menos a quienes, sabiendo lo que ocurre, eligen mirar hacia otro lado y llamar "libertad" al saqueo. Venezuela no necesita tutores imperiales ni aplausos sumisos. Necesita que se diga la verdad, aunque incomode: apoyar al imperio nunca ha sido un acto de valentía, sino de sumisión.
NO HAY NADA MÁS EXCLUYENTE QUE SER POBRE