Creo innecesario profundizar en explicaciones sobre el engreimiento y perversidad que acompaña todo accionar de los diversos gobiernos norteamericanos, sean republicanos o demócratas. Sus gobernantes no funcionan con los clásicos criterios geopolíticos conocidos, se mueven apoyados en una estrategia fundada en un designio empresarial: todo tiene su precio. Así funciona el capitalismo y él no va a desaparecer. Sólo serán sustituidas, como ya ha sucedido a medida que pierden su poder, sus diversas manifestaciones imperiales. Mientras eso ocurra el mundo de la razón seguirá recibiendo carajazos. Ahora nos tocó a los venezolanos.
Lo peor de tal agresión, más allá del secuestro de nuestro presidente, es la desesperanza que pudiera surgir en el pueblo chavista en relación a su gobierno y sus fuerzas armadas. Sin duda la operación de secuestro a Maduro requirió, además de las sofisticadas armas y tecnologías para la guerra electrónica que los gringos pusieron en funcionamiento; de una evidente inacción por parte de nuestra defensa. No sé si en esto último hubo o no complicidad de algún sector militar. Pero resulta asombroso la efectividad de la operación y los daños ocasionados a nuestra estructura defensiva, incluyendo la liquidación de todo el cuerpo de seguridad del presidente, con muy pocas bajas, del lado de los atacantes.
No hay manera de otorgarle credibilidad a cada una de las muchas interpretaciones que ruedan por la calle, dada la ausencia de las explicaciones oficiales que el gobierno está, ahora, obligado a dar. Es necesario aclararle a la ciudadanía el por qué las cosas pasaron como pasaron. Esto significa hacerse una seria crítica y no sólo en el seno del ejército venezolano, también en los centros de estudios para la defensa nacional.
Lo que sí se hizo evidente es que el desquiciado Trump no sólo amenaza, actúa. Se ha propuesto apoderarse del petróleo de Venezuela porque sus consejeros le han hablado del fin a corto plazo de sus reservas petroleras. Esto le dificultaría su plan de asaltar -con el apoyo de Israel- a Irán. Está obligado, para tal acción, a contar con una fuente segura de combustible y ese lo obtendrá, supone, de Venezuela. Sin duda, sufriremos nuevas agresiones.