Trump, en su prepotencia y arrogancia imperial, enfatizó que la estabilización del país precede a cualquier proceso democrático. «Primero tenemos que arreglar el país. No se pueden celebrar elecciones. Es imposible que la gente pueda votar», sentenció. Al ser consultado sobre la posibilidad de acudir a las urnas el próximo mes, fue tajante: «No, va a llevar tiempo. Tenemos que… tenemos que recuperar la salud del país».
El plan de Washington incluye el apoyo financiero a empresas petroleras para restaurar la infraestructura energética venezolana, una tarea que el presidente estima completar en menos de un año y medio. «Creo que podemos hacerlo en menos tiempo, pero será mucho dinero», explicó. «Habrá que gastar una enorme cantidad de dinero, y las compañías petroleras lo gastarán, y luego recibirán un reembolso de nosotros o de nuestros ingresos».
A pesar de la presencia militar y la captura del líder venezolano, Trump rechazó la etiqueta de conflicto bélico tradicional. «No, no lo estamos», respondió al ser cuestionado sobre si Estados Unidos está en guerra con Venezuela. «Estamos en guerra con quienes trafican drogas. Estamos en guerra con quienes vierten sus cárceles en nuestro país, sus drogadictos y sus instituciones mentales en nuestro país».
Para supervisar esta intervención, el mandatario designó a un equipo de alto nivel compuesto por Marco Rubio, secretario de Estado; Pete Hegseth, secretario de Defensa; Stephen Miller, subjefe de gabinete; y J.D. Vance, vicepresidente.
«Es un grupo de todos. Tienen experiencia en todos los ámbitos, con diferentes especialidades», describió Trump durante la conversación de 20 minutos. Sin embargo, no dejó dudas sobre la jerarquía del operativo. Ante la pregunta de quién ejerce el mando absoluto, respondió con una sola palabra: «Yo».
*Con información de Sumarium y RSS
