Voy pa´ el baile el domingo, aunque me impusieron la pareja

Todavía, a mi edad, mi larga edad, cuando se dice que poco se sueña porque menos se duerme, sigo soñando; quizás poco cuando duermo porque poco duermo y mucho cuando estoy despierto. No sueño con aquella isla de Jauja, donde la abundancia es tanta que solo tienes que estirar la mano. Porque las ideas por la igualdad y el equilibrio que abracé desde joven parten de una realidad distinta que de paso es verdadera. Dios puso las cosas en el mundo y al hombre con talento para que pusiese su parte. El hombre debe ocupar su tiempo en crear, hacer y menos distraerse, evadirse del mundo, pues hasta el ocio debe ser creativo. Sólo así es libre y se siente capaz de tomar en manos su destino. Jauja debe ser un espacio con tierras cultivables, con agua, sol hermoso y hombres que puedan hacer que ese equilibrio maravilloso se multiplique y expanda; no por extender las manos sino sumar todo de lo que es capaz; lo que lo hace dueño y le gana derechos. No pensar así, es otra manera de someter a las multitudes al control de quienes tienen las manijas. Además, eso sólo conduje a destruir a Jauja, agotar sus simientes y secar sus torrenteras. Ese equilibrio pasa por la solidaridad, donde todos los hombres se sientan hermanados y dispuestos a desechar a quien eso no entienda ni practique.

¡Eso es un sueño! Cuando alguien dijo que, que todos debían recibir lo que necesitasen, también puso como condición que debían aportar de acuerdo a lo que pudiesen, pintó un bello cuadro a futuro, no habló de regalar a cambio de nada o sólo de una solidaridad inconsciente; habló de una sociedad de cuando el hombre hubiese alcanzado un muy alto peldaño. Cuando dijo aquello además, no existía el imperialismo con todas sus fases y faces. Digo esto último porque parece un simplismo creer que el mundo y las relaciones y formas del capital y capitalismo son las mismas que aquél señor pudo estudiar. Pero sigo soñando en un mundo de justos. No soy iluso para creer que eso será mañana ni que nadie tiene la fórmula para lograr el cambio. Pero sigo soñando. Tampoco creo y cada vez menos, que eso será producto de una imposición. Se requieren muchos cambios culturales y profundos. No olvido mis aprendizajes de historia, según las cuales hasta ahora no habido cambios de sistema, por ejemplo, de feudalismo a capitalismo, como quien se cambia la ropa y hasta sin tener otra ropa que ponerse y menos de un día para otro. ¿Si no hemos podido en un largo período reducir el rentismo, siendo esta una tarea menos complicada?

El domingo hay un baile. Estamos invitados todos. Según uno escucha, ese día, decidiremos nuestro destino. Quienes prodigan el hambre y la miseria como la cara fea de la moneda que al reverso tiene la de la isla de Jauja para un pequeño y selecto grupo, moneda del capitalismo clásico, el resumen o síntesis mundial, ofrecen casualmente como un cebo que si ganan a partir del lunes nos cambiarán a todos, a nosotros por unos felices, atorados y atragantados de todo. Es como si el diablo nos invitase al infierno y nos los describiese como el cielo. Claro, mucha de esa gente que esto lea, no es el diablo, sólo almas atrapadas por este que sabe manejar el discurso y la imagen, adoptar tantas formas como mejor le convenga para agradar a todos

Del otro lado, quienes en verdad, uno lo sabe por la historia y porque hasta lo siente, quisieran que este espacio nuestro fuese como la isla de Jauja, nos ofrecen de todo; justamente de lo que nada tenemos o mucho hemos perdido. Esto, porque quienes fungen o representan al diablo, han sabido manejarse mejor en el escenario y controlar el campo de batalla. Una de las fallas de los dos combatientes, es creer que es posible y hasta sano, empeñarse en hacer que la idea de Jauja se apodere de la mente de todos. Una imagen inventada y hasta de sueños, pero de esos de cuando uno de verdad está dormido porque antes lo han embarbascado.

Con esta primera duda llego al día del baile. Y a esta se le agrega que, el Mariscal de Ayacucho, el día que debió dar la batalla que le catapultó definitivamente a la altura de la gloria que ostenta, observó que el contrario le doblaba en fuerzas y armamento y además, en el primer escenario donde se plantaron ambas fuerzas, la suya estaba muy mal posicionada. Si daba la batalla en aquellas circunstancias, saldría derrotado sin remedio. Pero él se llamaba Antonio José de Sucre, había llegado de allá lejos, remontando montañas desde el nivel del mar y había tenido tiempo de aprender, pese lo joven, por el tanto hacer y callar para escuchar. No se limitó a lamentarse de antemano y buscar excusas.

Movió sus fuerzas todo cuanto pudo, casi al cansancio, sabiendo que quienes en el frente contrario también se movían y cansaban, hasta llevarlos al momento y espacio para poner su baile o embellecer sus sueños.

El contrario está vivo y es fuerte. No se combate con cadáveres ni momias. El enemigo no atiende a nuestro guión porque tiene el suyo y tiene sus armas. Y si sus armas son poderosas, que no debo ignorar para pintarme el cuadro que me cuadre, debo saber que con ellas habrá de dispararme. Si me atrevo a entrar en combate, lo que debo hacer cuándo y cómo mejor me halle y sabiéndome en inferioridad de condiciones, no puedo excusarme en el enemigo por mi derrota o por lo menos estancamiento. General y alto mando que no hubiesen actuado como el glorioso cumanés y los suyos, no estarían hoy en el firmamento sino en una triste fosa. Es malo, cuando esos resultados se repiten, que los comandos que pueden cambiarse sigan en su sitio. Y estas batallas de las cuales hablo, no son esas que se dan cada cierto tiempo en las urnas, donde entran los votos, no los cadáveres, sino todos los días.

Los derrotados de antes de ayer y ayer, aun cuando ellos canten victoria, por no saber responder al ataque enemigo, sin excusas en la superioridad de recursos del contrario, cosa nada difícil de predecir, como las condiciones del terreno y superioridad de fuerzas sobre todo a lo externo, no me halagan para que vaya a su baile. Además, el general y su alto mando no deben, como nadie, pedirle peras al olmo.

Además, es como muy malo un comando que permite y hasta facilita que dentro de sus fuerzas se enquiste el enemigo, tanto que hasta llegue a tener demasiado poder y en el combate diario este le haga más daños que quienes intentan hacerlo desde el frente.

Pero creo que el sueño de ellos, o mejor el sueño que ellos enarbolan, por lo que salen en combate en desorden y sin medir las condiciones del terreno, armas y planes para responder adecuadamente y en el momento preciso, pudiera ser el mío y por eso, el domingo, volveré con mis sueños, a menos que me caiga de la cama, despierte y descubra que todo este tiempo he estado dormido. Prefiero estar aquí para unir mi voz a quienes a ellos les reclamen dentro del rigor de mis viejos sueños y no me acusen de causar la derrota o rotura de mis propios sueños.

Si, lo admito, pareciera que soy un dormilón y que por eso sueño; pero, qué curioso, resulta que soy de verdad insomne congénito y para más vainas, en este país, ni en mis sueños se consigue psicotrópico. Quizás, por esto mismo, en la pista de baile que me corresponde, estaré entre los primeros danzantes. Pero también me incomoda en exceso nos hayan impuesto una pareja a la que no se le agarra el paso. Estaré en la pista de baile, no en la urna.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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