Gabo: “Un asunto con mi mujer lo resuelvo no dialogando”

Sin pretender sublimar al laureado compatriota Gabriel "Gabo" García Márquez, estimo que un inmenso aplauso es poco o acaso nada para brindarle un reconocimiento in memoriam a su inteligente consideración particularísima de un diálogo.

Para mí, francamente lo expreso, entablar un diálogo, dialogar por dialogar así como quien hace un ejercicio de hipocresía para salir del paso de una situación embarazosa, nunca ha sido un desiderátum, a veces es mejor no dialogar pero cuando habría de ser, como en el caso que ocupa la atención de la más amplia mayoría de venezolanos, entre el gobierno del pueblo y el terrorismo opositor, entonces, bienvenida sea la discusión.

Las hormigas predican sin decir; ocurre que una obra por mínima que fuese, dice más que las palabras; muchos dicen misa y faltan a los mandamientos; decir palabras no basta, hay que mover los remos, lo que dice más.

Por ejemplo aquí en Venezuela está planteado un diálogo asistido entre el gobierno y la oposición, muy bien, pero ¿qué destacar principalmente sino las ejecutorias previas de cada quien?

Veamos, Maduro dotó de modernos autobuses a muchas rutas de distintas entidades del país; mientras que la MUD destruyó unos cuantos autobuses de esos.

Maduro construyó y asignó innumerables confortables viviendas para los trabajadores; mientras que la MUD, en contrario, desde la Asamblea Nacional diseñó una ley envenenada para tratar de despojar de sus viviendas a dichos trabajadores.

La MUD, que gobernó a Venezuela durante cuarenta años bajo el nombre de AD y COPEY, privatizó casi todo paulatinamente y de chiripa no a PDVSA pero ya la tenía vuelta un paquetico para entregársela al Chupasangre; en eso estalló la rebelión bolivariana comandada por Chávez que en un abrir y cerrar de ojos tomó el poder y devolvió la dignidad y la soberanía al pueblo, pero ahora, en contraofensiva, la misma miasma ahora agrupada en la MUD y de la mano del imperialismo salvaje pretende volver por sus fueros, pero con una violencia sanguinaria, no por el cauce democrático; de ahí la necesidad de dialogar.

Hay que tener estómago para sentarse a dialogar con gente tan perversa pero ese es el camino.

Ahora bien, aparte me referí a una entrevista que le hiciesen al gran Gabo y que hace meses observé en la pantallita.

Decía el escritor que "Cuando tengo problemas con mi mujer yo no los resuelvo dialogando sino todo lo contrario, no dialogando".

¡Para aplaudir! -pensé-, pero yo estaba acompañado y batir palmas era como tirar puntas -mala educación, lo que no va conmigo-, eso es realismo concreto, me dije también; y puse mi cabeza a navegar hacia un realismo mágico: ¿qué sería de uno teniendo a una mujer que le zampe codazos por las costillas o le pellizque el brazo a uno con sus uñitas tan afiladas o dado el caso le meta un pisotón indiscreto si uno mete la pata delante de la gente?

¿Se justifica en tal caso dialogar? Claro que no, lo mejor es uno hacerse el pendejo, en tal caso, y no discutir.

Desde entonces yo refuerzo mi convicción plenamente coincidente con la del gran "Gabo".

Ahora soy un apuesto jovencito pero ando solito y triste como un niño falta de cariño pero el día que tenga yo una novia, mañana o pasado mañana, voy a hacerla muy feliz y sí ella es desobediente, ya sé cómo tratarla, la dejaré haciendo roun de sombra cada vez que ella ose regañarme por yo meter la pata, lo que no es todo sino que si para molestar me quiere poner de escuálido diciéndome lo peor, "que ahora no hay referendo", entonces hago como García Márquez para que no me lleve la deprimición.



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Guillermo Guzmán


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