Si los escuálidos, con conferencia episcopal y todo, fuesen israelitas…

 Para penetrar en el contexto de la situación Israel-Palestina, me tomo la libertad de exponer algunos detalles, muy condensados, de aspectos que estimo debemos refrescar. El Judaísmo es una cultura religiosa de los judíos -conocidos también como “el pueblo de Israel”- Y constituye una de las denominaciones religiosas existentes más antiguas del mundo.

Tuvo su origen en el Oriente Próximo, pero desde sus inicios las comunidades judías han vivido en casi todos los rincones del mundo como resultado de migraciones voluntarias, de exilios o expulsiones forzadas.

De acuerdo con la tradición el Dios de la creación estableció una relación muy especial con el pueblo judío en el Sinaí. Ellos reconocerían en Dios a su único y último rey y legislador, comprometiéndose a obedecer sus leyes. Como recompensa, Dios reconocería a Israel como su pueblo, y estaría especialmente atento a su bienestar.

Pienso que por eso los judíos, los israelitas, viven guapos y apoyados, además del apoyo de USA, Gran Bretaña, etc. Y, por supuesto, mayoritariamente del billete. De los dólares, del oro.

A partir del siglo XIV a.C., cuando el poder egipcio comenzó a debilitarse, aparecieron unos nuevos invasores, los hebreos que era un grupo de tribus semíticas procedentes de Mesopotamia. También los filisteos que en hebreo es “Pelishtim” que dio su nombre a la región. Recordemos que Palestina es una región histórica cuya extensión ha variado en gran medida desde la antigüedad, situada en la costa oriental del mar Mediterráneo, al suroeste de Asia, y actualmente dividida en su mayor parte entre Israel, los territorios autónomos palestinos de Cisjordania y la franja de Gaza, y Jordania.

Estuvo sujeta a la dominación de los imperios vecinos, empezando por Egipto, en el tercer milenio a.C. Los israelitas son una confederación de tribus hebreas que derrotaron finalmente a los cananeos -que fueron los primeros habitantes conocidos de Palestina y cuya religión tuvo una importante influencia en las creencias y prácticas del judaísmo, y, más tarde, en el cristianismo y el Islam- alrededor del año 1125 a.C., pero no ocurrió lo mismo con los filisteos lo que los obligó a unirse y a establecer una monarquía. David fue el gran rey de Israel, derrotó a los filisteos poco después del año 1000 a.C. (ojo, siglo y cuarto después de la sacada de los cananeos) y junto a los cananeos fueron asimilados.

Esta unidad de Israel y la debilidad de los imperios adyacentes permitieron a David establecer un gran reino independiente cuya capital fue Jerusalén. Fue padre del gran rey Salomón. Israel cayó ante Asiria en los años 722 y 721 a.C., y Judá (Judea) fue conquistada en el año 586 a.C. por Babilonia, que destruyó a Jerusalén y exilió a gran parte de los judíos que la habitaban. Sin embargo, permitieron a los judíos mantener su identidad nacional y religiosa en el exilio. Cuando Ciro el Grande de Persia conquistó Babilonia, 539 a.C., les permitió regresar a Judea. Bajo el dominio persa los judíos recibieron una considerable autonomía. A la dominación persa de Palestina le siguió el gobierno griego cuando Alejandro Magno conquistó la región en el año 333 a.C. En el siglo II a.C. los judíos se rebelaron dirigidos por los Macabeos y organizaron un estado independiente, 141-63 a.C., hasta que Pompeyo el Grande conquistó Palestina para Roma.

Durante el reinado del rey Herodes el Grande, 37-4 a.C., nació Jesucristo. Fíjense que no es el año cero, como se estila decir y creer el inicio de la era cristiana. Estallaron dos revueltas judías contra la dominación romana (del 66 d.C. al 73 y del 132 al 135 d.C.) que fueron reprimidas. Después de la segunda revuelta la destrucción de Jerusalén y la dura represión sobre los judíos provocó su diáspora hacia otros territorios. Palestina recibió una atención especial cuando el emperador romano Constantino I legalizó el cristianismo en el año 313 d.C. Jerusalén, en calidad de Tierra Santa, se convirtió en el centro de las peregrinaciones cristianas. La consecuencia fue una época dorada de prosperidad, seguridad y cultura. La mayoría de la población se helenizó y cristianizó.

No obstante, el gobierno bizantino fue interrumpido por una breve ocupación persa y finalizó completamente cuando los ejércitos musulmanes conquistaron Jerusalén en el año 638 d.C. La conquista árabe inició 1.300 años de presencia musulmana en lo que entonces se conocía como Filastin. Palestina era un territorio sagrado para los musulmanes porque el profeta Mahoma había designado a Jerusalén como la “primera qibla” que es la dirección que adoptan los musulmanes cuando rezan.

Posteriormente, la oración debe estar orientada hacia la Meca. Jerusalén se convirtió así en la tercera ciudad sagrada del Islam. Los gobernantes musulmanes no obligaron a los palestinos a adoptar su religión y pasó más de un siglo antes de que la mayoría se convirtiera al Islam. Los turcos otomanos de Asia Menor derrotaron a los mamelucos en 1517 y, con pocas interrupciones, gobernaron Palestina hasta 1917. Se alentó a los judíos para que se establecieran en las colonias inglesas de América. En Francia, en 1791, la Asamblea Nacional concedió a los judíos el derecho a voto, como parte de los conceptos democráticos de la Revolución Francesa. Napoleón, a medida que iba avanzando a través de Europa, fue otorgando la igualdad de derechos a las comunidades judías.

Renació la opresión contra los judíos después de 1815 cuando los estados que alguna vez habían estado sometidos al poder de Napoleón se negaron a aceptar su política de tolerancia, a la que consideraban una tendencia al liberalismo. Sin embargo, esta reacción pasajera duró sólo unas pocas décadas, y ya en 1860, los judíos en Europa occidental gozaban de libertad prácticamente total Sión es el antiguo nombre hebreo de la colina más oriental de la ciudad de Jerusalén. El rey David la convirtió en el centro de la monarquía unificada y en el núcleo de la llamada “ciudad de David”, como se comenzó a conocer a Jerusalén y con el tiempo, incluso, para toda Palestina (cuyo nombre era Judea) El Sionismo es un movimiento, y doctrina política, cuyas raíces se remontan al siglo VI a.C. cuando los judíos fueron deportados de Palestina (la diáspora) y las premisas fundacionales fueron la lucha para conseguir su reunión y su regreso. Realmente surgió a finales del siglo XIX y culminó en 1948 con el establecimiento del Estado de Israel. El filósofo Birnbaum, judío de nacionalidad austríaca, fue quien aplicó, en 1890, por primera vez el término “sionismo” a este movimiento. Sus profetas les instaron a creer que un día Dios les permitiría regresar a sus territorios palestinos. Iniciada ya la diáspora del pueblo judío, éste asoció la esperanza del regreso con la venida del Mesías, que habría de ser un salvador enviado por Dios para liberarles. A mediados del siglo XIX, dos rabinos ortodoxos europeos, Alkalai (que no tendrá que ver con el filósofo-sempiterno embajador, Milos Alcalai) y Hirsch Kalischer, adaptaron la creencia tradicional en el Mesías a las condiciones modernas. Decían que eran los propios judíos los que debían preparar el camino para su llegada

 Recordemos que Jesús fue como un primer Mesías, sin embargo los judíos todavía esperan al verdadero Mesías. En 1896 Teodoro Herzl, periodista judío austríaco, publicó un pequeño libro, “El Estado judío”, en el que analizaba las causas del antisemitismo, a la vez que sugería como solución la creación de un Estado judío. En 1897 Herzl organizó en Basilea (Suiza) el I Congreso Sionista, donde se formuló el Programa de Basilea, que se convirtió en la plataforma programática del movimiento sionista. Determinaba que la finalidad del sionismo era la creación para el pueblo judío de un hogar en Palestina garantizado por el derecho público.

En Europa, en el siglo XX, especialmente en Alemania y en Francia, surgieron movimientos de oposición a los judíos. Se le dio el nombre de “antisemitismo”, porque sus seguidores no basaban su oposición en la religión judía, sino en lo que ellos consideraban la raza judía: los semitas Durante la I Guerra Mundial, los británicos se granjearon la amistad de los sionistas para asegurarse el control estratégico de Palestina y obtener el apoyo de los judíos de la diáspora a la causa aliada. Los británicos –no olvidar que han sido unos de los países más imperialistas, padre de los usaenses– hicieron a los dirigentes árabes la promesa de conceder la independencia de sus territorios tras la guerra, permitió la expulsión de los turcos de Palestina entre 1917 y 1918. Y proporcionó a los sionistas la carta de derechos que habían estado buscando. Los británicos, sin embargo, no mantuvieron sus promesas a los árabes. Así, en el tratado secreto Sykes-Picot con Francia y Rusia (1916) Gran Bretaña se comprometía a dividir y gobernar la región con sus aliados.

Posteriormente, por la declaración Balfour (1917), Gran Bretaña garantizó a los judíos (cuyo apoyo económico necesitaban para mantener el esfuerzo bélico) un “hogar nacional” judío en Palestina. Esta promesa se incorporó posteriormente al mandato conferido a Gran Bretaña por la Sociedad de Naciones (anterior a la ONU) en 1922.

Durante su mandato (1922-1948) los británicos encontraron difícil de reconciliar las promesas hechas a ambas comunidades. Es el eterno jueguito imperial. Las organizaciones sionistas mantuvieron la emigración judía a gran escala y algunos hablaron de la constitución de un Estado judío en toda Palestina. La lucha por Palestina se mitigó durante la II Guerra Mundial y se reanudó en 1945. Los horrores del Holocausto despertaron la simpatía mundial por los judíos europeos y por el sionismo, y, a pesar de que Gran Bretaña aún rechazaba admitir a los 100.000 judíos supervivientes en Palestina, muchas víctimas de los campos de concentración nazis consiguieron entrar ilegalmente. Varios planes para resolver el problema palestino fueron repudiados por ambos lados.

Finalmente, los británicos declararon su mandato impracticable y traspasaron el problema a las Naciones Unidas en abril de 1947. Judíos y palestinos se prepararon para un enfrentamiento.

El muftí de Jerusalén, su principal portavoz, se negó a aceptar el plan de la ONU que establecía la división de la zona en dos estados, uno árabe y otro judío, en noviembre de 1947, mientras que los judíos sí lo aceptaron. En la lucha militar posterior, fueron derrotados los palestinos y el Estado de Israel quedó establecido el 14 de mayo de 1948. Cinco ejércitos árabes, que acudían en ayuda de los palestinos, atacaron Israel inmediatamente.

Las fuerzas israelíes, bajo el gobierno dirigido por David Ben Gurión, derrotaron a los ejércitos árabes, e Israel aumentó su territorio. Jordania tomó la orilla oeste del río Jordán y Egipto ocupó la franja de Gaza. Esta guerra produjo el exilio de 780.000 palestinos temerosos ante posibles represalias, y fueron expulsados ante la llegada de los inmigrantes judíos procedentes de Europa y del mundo árabe. Aquí, pienso, no se habla de diáspora como la de los judíos.

En 1967, durante la guerra de los Seis Días entre Israel y los países árabes vecinos, Israel conquistó Cisjordania y la franja de Gaza, además de otras áreas. Hamas son las siglas de Harakat al-mugawama al-islamiya, “Movimiento de Resistencia Islámica”, grupo insurrecto islámico palestino que pretende expulsar a Israel mediante la lucha armada, de los territorios que considera pertenecientes a Palestina. Fue fundada en 1988,

Y su principal dirigente fue Shaykh Ahmad Yasin. Hamas nació por el impulso revolucionario generado por la intifada palestina, que comenzó a finales de 1987, y se estableció como uno de los elementos más extremistas del levantamiento. Según progresó la intifada, Hamas comenzó a combinar ataques contra israelíes con acciones contra los palestinos moderados, especialmente contra los miembros de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). En 1993, tras décadas de conflictos violentos entre palestinos e israelíes, los dirigentes de cada bando aceptaron la firma de un histórico acuerdo de paz. Yaser Arafat, dirigente de la OLP y el primer ministro israelí Isaac Rabin se reunieron en los Estados Unidos el 13 de septiembre de 1993, para firmar el acuerdo de pacificación de la región.

El plan contemplaba la autonomía de los territorios ocupados por Israel, que debía iniciarse en la franja de Gaza y Jericó. Hamas, como verdadero movimiento político que lucha contra el imperialito israelita, se opuso firmemente al proceso de paz que condujo a la creación de la Autoridad Nacional Palestina en mayo de 1994, advirtiendo que comenzaría la guerra civil si se alcanzaba un acuerdo, y el nuevo gobierno palestino comenzó unas duras medidas represivas contra Hamas, encarcelando a muchos activistas.

Israel y los países que la apoyan dicen que debe protegerse de las agresiones árabes, y el motivo actual de la agresión a Gaza se escuda en la presencia de Hamas que hoy día, con una campaña convincente sobre los motivos de la lucha del pueblo palestino ganó las elecciones en Palestina, es gobierno. Este asunto harto risible cuando todos sabemos que el papel fundamental de Israel es ser el punto estratégico y de apoyo estadounidense en el Medio Oriente, que equivale a complementar el control del petróleo en esa zona y es un frente latente ante un posible conflicto con Rusia y China, latentes potencias antinorteamericanas.

Además, que contradice esa mamadera de gallo de que no dejan a ningún país desarrollar capacidad nuclear, Israel es como la cuarta potencia mundial con capacidad militar, con armamentos de todo tipo, en especial nuclear. Bien.

Con relación al título de este artículo no hay dudas que de estar la oposición venezolana, con el apoyo divino de la conferencia episcopal, en condiciones similares a Israel con poder –léase Presidencia–o sus territorios –léase un alto porcentaje de gobernaciones–, desde cuándo nos hubiesen bombardeado los museos, los centros de las Misiones, los CDI, las SRI, las bibliotecas y no les importaría un carrizo bombardear a los geriátricos, ni las escuelas ni al Cardiológico Infantil. Todo porque, simplemente, estarían eliminando chavistas a quienes odian, queriendo alcanzar de nuevo sus privilegios y, sobretodo, complacer al Tío Sam.

La gente humilde les importa un comino. Siempre los excluyeron. No toleran que surjan. A Chávez lo odian por ser el nuevo redentor, además, irreverente con el Mundo. Esta oposición, especie de israelitas trasnochados, quisiera vernos asados (gazados). Basta con ver que no entienden que en democracia las cosas políticas se resuelven eleccionariamente.

Voto a voto. Si perdimos el 2D, prepárense para el 15F, que no es nada golilla para ninguno de los bloques. Se requiere ganar voluntades explicando y no se requieren marchitas, menos las que generen violencias guarimberas. Pero sabemos que todo es parte de la permanente estrategia de desestabilización yankista.

¡No volverán! ¡Luchemos porque la enmienda sea un rotundo Sí!



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Eduardo Palacios Sevillano

Ingeniero Civil. Escritor y caricaturista. Productor radial y locutor. Miembro de la directiva de la Orquesta Sinfónica del Estado Anzoátegui. Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Bolivariana del Edo. Anzoátegui. Coordinador de la Red de Historia, Memoria y Patrimonio de Anzoátegui.

 edopasev@hotmail.com

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