¡Déjeme hablar presidente!

Han de saber que asistí acá después de 15 años de ausencia y, ahora que estoy aquí no me van dejar hablar -insólito, pero comprensible- eso confirmaría, lo que dice, la ex diputada María Corina, de que en este país no hay libertad de expresión y, en Miraflores lo estoy confirmando en cadena nacional a, sabiendas que todo lo que diga es importante como vital para todos por demás, entonces ¿hablo, no hablo? O sino les enseño la espoleta. ¿Lo que ustedes digan, vale?

Y, fue así como Ramos Allup, se llevó por delante los diez minutos concedidos de común acuerdo, para todos por mayoría. Entonces vino la debacle, no aflojó el micrófono y, pareció más bien un guarimbero noctámbulo encadenado, demostrando crudamente que sabe más por viejo que como político que, no perdió su tiempo como estimó. Y, por consideración, respeto y pertinencia psicológica no dijo lo que en sí tenía que decir como lo había cocinado en su trasnocho de días antes en que escribió de su puño y letra, nosotros, lo que queremos a grosso modo es que, usted, presidente Maduro se quite de allí y nos entregue el cargo que sustenta inconstitucional e ilegítimamente y, se vaya para Cuba a freír lechón que, principalmente Capriles y, este servidor, se lo agradeceríamos en el alma -no lo dijo- sino que comenzó a divagar sobre unas palabras que como no están en la Constitución no se deben usar tan a menudo como se está haciendo a cada momento como lo razonó.

Tampoco, Ramos Allup, dijo como debió: que esa reunión como exploratoria y abre sentido por la paz, no va a solucionar los problemas que se comen a Venezuela poco a poco y por pedazos como sí lo hicieron otros a posteriori, sino que más bien, nos convertiremos en más problemas para ustedes que gobiernan. ¿O, es qué acaso creen y piensan que la cosa no es seria de dimensiones espectaculares en grado dificultoso? Esto señores es una guarandinga bien eclíptica o piramidal que nos tiene a todos de cabezas por igual por una inmadurez conmensurable que no viene de la IV-R.

He venido, había pensado expresar y, más o menos soltó, más que todo me presenté esta noche a este recinto que me trae gratos recuerdos de tiempos atrás cuando eran buenos por demás como mi segunda casa que fue, a comer las exquisiteces que posiblemente vengan de Pdval o de Mercal y, a respirar aire de poder que desde hace muchos años no respiraba en esta noche serena que, como dijo Rómulo, una vez, ni renuncio ni me renuncian que, no es su caso presidente, ya que cualquiera y las veces que quiera en este país, puede pedirle la renuncia y, usted por buena gente debería complacerlos -¿no le parece? Y no se preocupe que ese es nuestro anhelo mas no el suyo -por supuesto- pero lo cierto es que veo que todavía Bolívar continúa presente, aunque Pedro Carmona lo mandó a bañarse bien lejos como culto que ama a su Patria -¿no le parece presidente? Que esos son los hombres que le hacen falta a Venezuela y, habría que darle puerta libre, para que entre en la ciudad nuevamente como se lo estamos solicitando en la ley del olvido como yo la llamo y, otros amnistía que es lo mismo.

Estas reuniones tienen que hacerse más seguido presidente y debe variarse con esmero el menú que quién quita que para la próxima tengamos cabeza de chigüire al romero como le gustaba a Lusinchi antes y, que Piñerúa Ordaz las detestaba y, por ese el apode de cabeza de chigüire y, no pele ponernos alitas de pollo que a Guillermo Aveledo le encantan y, sí son argentinos o brasileros más que con un buen tinto se van de paseo de luna de miel.

Creo, presidente Maduro, que ahora si voy a soltar el micrófono después, de bambolear el ensarte de periclitadas frases que no son huérfanas de tutela ni mucho menos de originalidad que atravesaron esta noche en su presencia con la MUD de mesa atragantada de deseos y, más cuando se está cerca del poder que nos inmiscuye como sus máximos líderes que arrimamos el meollo jurisprudencial de los atuendos precisos que existen en el texto legal que dentro de ella todo, fuera de ella nada ni en juego. Así somos nosotros, los amantes, de la paz.



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Esteban Rojas


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