¿Voto o bota? ¿Votar o comer? ¿Constituyente y qué?

Este trabajo, como dijese antes él, refiriéndose a mí, está inspirado en Julio Escalona. No quise nombrarle en el título porque ya lo he hecho dos veces y pudiera parecer abusase de mi viejo amigo y compañero.

Resulta que Julio, por segunda vez y como consecutivamente, ha explotado, lo que quiere decir para mí, ha expresado de manera contundente su inconformidad ante lo que en Venezuela acontece a tono con lo que uno sabe, cree y aspira por su historial de luchas y vida coherentes con eso.

En declaraciones a un medio hace pocas horas, dijo cosas que a uno le reconfortan porque sabe que aun hay gente en quien creer y hemos acertado al esperar por ellos para nos acompañen en nuestras preocupaciones, sin dar saltos en el vacío ni hacer espectáculos para satisfacer el ego o ganar aplausos donde se cree se le mira mal. Además, con esas expresiones, muestras de insatisfacción y llamados de atención a quienes gobiernan y creen que todo marcha viento en popa o "sólo hay pequeñas dificultades en el frente económico", se le hace un gran bien a Venezuela toda y se le da una lección a tanto intelectual que ha perdido la visión y hasta capacidad crítica, como si la meta fuese alcanzar halagos y reconocimientos.

¿Voto o bota? La pregunta del título se explica si nos fuésemos a nuestra generación. El venezolano multitudinario de entonces no tenía la opción de tomar las riendas porque aparte de las fuerzas externas todo imponían, con sutileza o sin ella, a lo interno, el ejército, pese ser en buena medida el mismo de ahora, formado por gente del pueblo, porque las clases dominantes de este país lo han despreciado y tenido sólo como una "fuerza mercenaria", casi de ocupación, para cuidar sus "derechos". El pueblo, no obstante, quizás por las glorias del pasado, de las viejas luchas libertarias, un poco como por atavismo, cuando tropezaba con dificultades por la ineficiencia del gobierno, solía invocar por "un hombre con bolas" y a este le veía dentro de las filas del ejército. Al fin y al cabo, los "sesenta" de Cipriano Castro y Gómez, irrumpieron en la vida nacional para "poner orden".

Por eso, cuando le hablaban de elecciones, no dejaba de pensar en aquello que Laureano Vallenilla Lanz llamó "el Gendarme Necesario" para justificar al régimen gomecista. Tengo la impresión, es cuestión de pensarlo, estudiarlo detenidamente para no dar ni recibir respuestas que saldrían como balas de una pistola loca, que después de aquellos dos alzamientos militares del 4F y el 27N contra Carlos Andrés Pérez, habiéndose producido el "Caracazo", el pueblo no hizo otra cosa que ansiar "un hombre con bolas". A Pérez, le llevó por segunda vez a la presidencia con el 65 por ciento de los votos, por creerlo pertinente y asociarlo con aquel "bienestar" del "tá barato dame dos" y del dólar cuatro treinta de su primer gobierno. La revolución cubana era un hecho al cual no le parábamos mucha bola porque estaba asociado a la URSS, estalinnismo y todo lo contrario a lo que ahora parece representar la Rusia de Putin. Las invasiones soviéticas a países de Europa del este y a Afganistán, terminaron por desilusionar a los pocos que todavía esperaban el milagro de la "Revolución proletaria". Para muchos, la isla antillana parecía como postal o en el mejor de los casos un sitio a visitar para admirar el estoicismo que por nada del mundo nos gustaba experimentar.

Gran parte de la izquierda pareció convencerse que no pudiendo derrotar al enemigo que negociaba al país y entregaba todo a quienes hiciesen cualquier oferta, no tenía otra opción sino como asociarse a él. Por eso surgió la candidatura de Caldera habiendo roto este con su partido, apoyada por el "chiripero", que llevó al gabinete del nuevo gobierno a figuras "históricas", para decirlo con palabra de moda. Este nuevo fracaso y las recientes huellas o expectativas dejadas por los acontecimientos antes nombrados, el venezolano volvió a la secular idea del "hombre con bolas".

"El hombre con bolas" pareció encontrarlo, pero afortunadamente no fue aquel simple "gendarme necesario" que, aparte de Gómez, lo fueron Pérez Jiménez y Betancourt – Leoni no fue más que una marioneta -, sino uno apertrechado de ideas, sueños hermosos, un proyecto en ciernes destinado a cambiar la vida venezolana. Lo demás es historia conocida y sobre todo por contar bastante bien.

¿Votar o comer? Por hacerse esta pregunta, Julio Escalona ha respondido. "No puede ser que mientras la gente pasa hambre, nuestra preocupación sea el voto". Y luego agrega un juicio que debería llamar la atención de quienes gobiernan o hacen oposición pensando solamente en asumirlo, "Es una vergüenza pedirle el voto a la gente con promesas".

Porque para él, como para muchos, no basta votar, los hechos recientes así lo confirman, pues como dijo "No debe ocurrir lo del 30J, que la gente votó y se fue a su casa a esperar que la ANC resolviera."

Es obvio que la ANC, como al pueblo todo, en poco le satisface. Es elemental concluir que la expectativa generada alrededor de la ella causó la misma frustración que la AN elegida hace dos años, cuando la oposición ofreció acabar con las colas y con ello las dificultades económicas que ahora con mayor intensidad agobian al venezolano

Piensa que el pueblo además de votar debe movilizarse, no sólo para apoyar candidaturas, influir en el electorado todo, sino que debe estar en la calle reclamando sus derechos. El hombre individual, por muchas bolas que tenga, no basta para hacer lo que se requiere para alcanzar la paz, seguridad, bienestar y todo lo necesario para el equilibrio.

Por eso teme que ahora en diciembre volvamos a lo mismo, poner énfasis en el voto y poco o muy poco, por no decir nada, en resolver las angustias del venezolano, que para él además de las "necesidades materiales", también cuentan "la situación moral, afectiva, amorosa de la gente".

Por ese estado de ánimo, insatisfacción que le embargan, no llama a votar por candidato específico, y Julio vive en Caracas, sino que enuncia "donde haya un candidato de izquierda yo voy a orientar mi voto por aquel candidato que se comprometa a construir un manantial que brote de la tierra fértil".

Es llamativo como Escalona no llama a votar por un candidato del gobierno o del Psuv, sino de la izquierda que emblematice sus aspiraciones.

Pese sólo se trata de una elección municipal o de alcalde, quien esto escribe, sólo votaría por aquel que proponga un plan a su nivel para incentivar la lucha necesaria para revertir la situación. Es cierto que tal condición sería absolutamente válida ponerla a los poderes centrales, porque los alcaldes poca incidencia tienen en esa gigantesca tarea, pero por algo se empieza. Ya basta entregar el voto sólo por manifestarse leal por algo que poco recompensa al pueblo.

Votar es un bello derecho, pero comer también lo es y necesario para la vida y poder votar, hasta con alegría.



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Eligio Damas


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