Arriesgo me tilden de traidor a la patria. Si hubiese sabido me lanzo pa` Constituyente

Empezaré por el final, pues este artículo tuve que recomponerlo por la abundancia de cosas que aquí suceden. Voy a arriesgarme que "el gran jurado", que hasta ahora parece estar formado por uno sólo, de esos personajes o diputados que califican "como destinados a escandalizar para distraer la atención", sin consultar a la Asamblea, unilateralmente, me sancione por traidor a la patria".

¡Coño! Yo si soy bolsa y "quedao".

Si no fuese eso, me hubiese "lanzao" a Constituyente. De repente, hubiese ganado o antes retirado para apoyar a un salidor, como Aristóbulo, quien con todo el peso que ha tenido en el gobierno, por lo menos hasta el 15 de octubre era así, a cambio de mi respaldo, me hubiese dado, no una "Chamba juvenil", porque soy como demasiado viejo para esa vaina, pero si un cargo como para salir de abajo y sin necesidad de exhibir credencial alguna y menos tener ninguna idea en la cabeza.

Ayer, al salir a la calle, allí mismo, porque no puedo alejarme mucho con el carro porque, aparte de ser una chatarra ambulante, no tengo caucho de repuesto y los cuatro ya de vaina medio soportan el peso, están "abombaos", a punto de reventarse y yo, por supuesto, no estoy enchufado en ninguna vaina para que me los regalen o vendan a "precio de gallina flaca", sin capacidad para reponerlos por mi cuenta porque eso se volvió una cosa de millonarios, en un país donde cada día estos se suman más, mientras los pobres se multiplican, pero decimos que estamos viviendo en socialismo, hallé a la señora que hace el servicio de casa a un vecino y, como le conozco, la invité para llevarla donde pudiese tomar el autobús, meta que está dentro del corto espacio donde me movería. De la conversación con ella, que empezó por hablarme de las causas de la derrota, como la mala percepción que sobre Aristóbulo se tiene en Anzoátegui, su poco interés por quedarse aquí a gobernar y algo que ignoraba, "su soberbia" y "lo malo que trata a los camaradas que intentamos acercárnosle", me informó que a un jovencito, candidato a Constituyente, aparentemente con el respaldo del Alcalde del municipio respectivo, pero se retiró para apoyar a Aristóbulo, este lo puso de Viceministro, justamente donde es alto jefe alguien muy allegado suyo, tanto que forma parte de ese séquito que lleva para aquí y para allá.

Cuando escuché aquello, lo único se me ocurrió decirme a mí mismo fue la frase que abre este artículo. Busqué en Internet y en efecto, es cierta la información.

En plena campaña interna del Psuv, creo la última vez que perdí mi tiempo metiéndome en eso, para escoger candidatos a la Asamblea Nacional, aquella perdida por una verdadera paliza, que llevó a Ramos Allup a la presidencia de la AN y provocarle inflamación de las agallas, aquel jovencito, quien había hecho su discurso para promoverse, pues aspiraba le diésemos los votos de la UBCH, se me acercó y me solicitó le diese su apoyo.

Le pregunté, "¿Joven camarada, de verdad quiere mi ayuda?".

-"Por supuesto", me respondió como entusiasmado.

-"Entonces escuche. A su corta edad, yo militante revolucionario, no pensaba en esa meta que usted se ha impuesto. Estaba más preocupado en servir a lo que llamaba la "revolución" en lo que fuese, en el puesto más humilde, para lo único que estaba preparado. Mi aspiración personal de entonces era estudiar, aprender; esa era la preocupación fundamental no sólo mía, sino de casi todos nosotros. Sentíamos admiración por aquellos compañeros que daban muestras como de sabiduría, sin que ahora pueda asegurar que aquella apreciación era adecuada y queríamos ser como ellos en eso. No estaba en nuestro interés ocupar cargo alguno."

Hice un paréntesis para reflexionar y cuidar que me escuchase y luego le dije:

-"A usted, como diría Simón Díaz, le sobra la edad y posibilidades para conseguir ayuda. Pero también lo percibo como apurado. No se apure, recuerde que "cigarrón atora". Siga estudiando. Como viejo docente, al escucharle, sé bien de sus muchas limitaciones y sobre todo, usted que dice ser revolucionario, carece de la formación intelectual y, hasta cultura para no olvidar a Ludovico Silva, adecuada para aspirar asumir esas responsabilidades o jugar el rol de dirigente en un partido que, según dicen desde arriba, se propone "construir el socialismo".

Luego le abundé, "debo advertirle algo, en veces uno cree ser dueño de sus actos y solo es una marioneta. De repente alguien le apura y hasta ayuda para usarle después en sus planes que pudieran no corresponderse con los suyo ahora, que como joven deben ser muy sublimes".

Continué, esta vez sin tomar aire, "Aproveche el tiempo y váyase a estudiar. Esa es la ayuda que voy a darle por ahora; quizás, pasado el tiempo, si estoy vivo, al volver evaluarlo, sí vote por usted. Por ahora no votaré por ninguno."

Por cierto, la candidata más nombrada, fue una joven a quien en mi vida nunca había oído nombrar, ni he escuchado haya dicho algo significante, pese que este espacio no es muy grande y las posibilidades de comunicación, no obstante las fallas de CANTV, son enormes, quien salió electa en esas internas, gozando con el respaldo de Aristóbulo y quien ahorita es altísima funcionaria del Ejecutivo Nacional, cargo que le dejó este en herencia cuando se fue para la Constituyente. Advierto algo que debe ser como "caliche", según la jerga periodística, aquella joven, a quien Aristóbulo pareció sacar de su sombrero de copas para ponerla de candidata por el Municipio Bolívar de este Estado Anzoátegui, salió derrotada. Por supuesto, por rebeldía, no voté por ella.

Conociendo toda esa historia, me arrepiento no haberme lanzado a Constituyente. Sé bien que pocos votos hubiese alcanzado, porque ellos están amarrados a la pata de uno u otro botalón; pero retirándome, con el compromiso de trasladar los míos, como hizo el carajito, hoy estuviese en otra vida. Allí no había otra opción sino ganar. De haber salido electo estaría ahora en Caracas tranquilo, con los gastos cubiertos, con cómodo apartamento hasta para compartirlo con mi compañera, lo que es una vaina enorme tomando en cuenta la inflación, sin tener que joderme mucho a mi edad, saliendo todo el día a la calle a intentar conseguir lo que falta hace para el consumo diario, escasea y cuesta, si no "como un ojo de la cara", si bastante con respecto al esmirriado salario. Anduviera con mis charreteras puestas como de héroe nacional, de alguna cruzada o misión, exhibiéndome en los medios y solo tomándome el trabajo de levantar las manos cuando alguno, con más charreteras que uno, proponga algo vaporoso para salvar la patria o una nueva declaración de independencia. Por esas ventajas y otra larga lista de ellas, hasta tendría una visión distinta de la realidad, tanto como para no mortificarme o sentir el peso de mi frustración.

Uno y mucha gente como uno, como la Conga por ejemplo, si es pendejo y sigue soñando con los valores del pasado, mientras los nuevos militantes y hasta viejos que se cansaron, pero no son nada dormilones, se creen aptos y merecedores de estar en el frente, por lo menos, mientras no se desaten los tiros y hasta haya para "agarrar aunque sea fallo".

Me da miedo, lo confieso, que por decir estas cosas, uno, sin saberlo, se convierta "en traidor de la patria".

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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