Qué triste, los que están celebrando

En estos días oscuros para la paz y el derecho internacional, resulta doloroso constatar la absurda euforia de ciertos sectores del antichavismo radical. Una euforia que no se sostiene en la razón ni en el respeto, sino en la celebración de la barbarie. ¿Cómo pueden festejar el sufrimiento de su propio pueblo, cuando lo que se impone es el luto por más de ochenta compatriotas asesinados y cientos de heridos?

La historia enseña que ningún golpe de Estado trae consigo democracia ni justicia. Al contrario, abre las puertas a la violencia, al desconocimiento del orden jurídico internacional y a la negación de la soberanía de los pueblos.

Venezuela, como nación libre y soberana, no merece ser reducida a un tablero de intereses externos ni a un espectáculo de manipulación mediática. Quienes celebran la imposición de la fuerza sobre la voluntad popular, ¿acaso han dejado de sentirse venezolanos? ¿Acaso no les duele la patria?

El derecho internacional público es claro: la soberanía de los Estados es inviolable, y ningún poder extranjero tiene legitimidad para decidir sobre el destino de nuestra nación. Sin embargo, los que hoy se regocijan en la violencia parecen olvidar que la paz es un valor universal, que la dignidad de los pueblos no se negocia y que la sangre derramada no puede ser motivo de júbilo.

La verdadera tristeza no está solo en las vidas perdidas, sino en la fractura moral de quienes prefieren aplaudir la intervención y el caos antes que defender la unidad nacional. Esa actitud revela una desconexión profunda con el sentimiento de pertenencia y con el compromiso histórico de preservar la independencia que tanto costó conquistar.

Hoy más que nunca, es necesario recordar que la patria no se vende ni se entrega. La patria se defiende, se honra y se llora cuando es herida. Y quienes celebran la violencia, en realidad, celebran la humillación de su propio país.

Lamentablemente el odio y el fanatismo político legitiman cualquier acción ilegal y violenta en contra de lo que aborrecen y verán con satisfacción (¿o venganza?) lo ocurrido en la madrugada del día sábado 3 de enero del 2026, sin importar los daños colaterales.

Qué triste, sí, los que están celebrando. Porque en su júbilo vacío se revela la derrota de la consciencia nacional y el triunfo momentáneo de la barbarie. Pero la historia, inexorable, pondrá cada cosa en su lugar, y será la dignidad de Venezuela la que prevalezca.



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Oscar Bravo

Un venezolano antiimperialista. Politólogo.

 bravisimo929@gmail.com      @bravisimo929

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