Al Camarada Germán Saltrón

Venezuela y su salida de la CIDH

Quien tenga la más elemental información sobre cómo funciona la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), sabe muy bien que, ésta es un órgano dependiente del gobierno de los Estados Unidos, está al servicio de los intereses más oscuros de quienes pretenden impedir que los venezolanos definamos -y nos demos- nuestro propio destino,  ésta ha sido convertida en una franquicia dedicada al lucro económico, lo cual ha permitido que, en torno de ella, se haya conformado un “sindicato” de juristas, sobre todo del cono sur y venezolanos, en asociación con la American University, que han “cartelizado” las decisiones de la Corte.

Conocida es la posición que asumió en los aciagos momentos del 11 de abril del año 2002. Calificó el golpe de estado de ese año como un “quiebre institucional”, se colocó al lado de los golpistas, reconoció el gobierno de Pedro Carmona, ha afirmado que en Venezuela no existe la separación e independencia de los poderes públicos, ha llegado al extremo de afirmar que no existen libertades públicas, ha pretendido, incluso, que violemos nuestra Constitución Nacional. Desmanes estos que, son razón suficiente para retirarnos de ella.

Hay que ser muy ignorante, como para no darse cuenta que la CIDH no es un órgano asexuado. Sus miembros actúan en correspondencia con una determinada concepción de los Derechos Humanos; tienen de ellos una visión utilitarista, consideran solo como Derechos Humanos los derechos civiles y políticos, desechan los derechos sociales, económicos y culturales; para ellos, el ser humano es un objeto. La CIDH actúa, entonces, en correspondencia con la concepción capitalista, neoliberal, del ser humano, de la vida.

De manera contraria, para el gobierno Revolucionario Bolivariano de Venezuela, que Preside Hugo Chávez Frías, los Derechos Humanos son la razón de la vida misma. Como se afirma en el Preámbulo de la Constitución Bolivariana, en Venezuela los Derechos Humanos son garantizados de manera universal e indivisible, ya que la preeminencia de estos son la razón fundamental de la construcción de un verdadero Estado Democrático, donde impere la justicia, la libertad, la igualdad, la solidaridad, la responsabilidad social.

Para la CIDH estos principios no cuentan. Para nosotros son fundamentales, inalienables, intransferibles, innegociables, porque son principios –como hemos dicho- que dan razón a la vida misma. Y esta no es una diferencia cualquiera. Es una diferencia basada en principios.

A la concepción utilitarista de los derechos humanos, sustentada en los principios del capitalismo salvaje, del neoliberalismo a través de la totalización del mercado, oponemos una concepción de los Derechos Humanos como principios éticos, que le otorga al ser humano su condición de humano, de sujeto fundamental en la  estructuración de la sociedad.

Por tanto, los Derechos Humanos no pueden ser objeto de ningún tipo de negociación ya que, por razones éticas, estos son intransferibles; estos no pueden ser invertidos, no pueden ser ajustados a los intereses de una clase social en particular, porque son universales, son necesarios para toda la humanidad, no para una parte de ella; precisamente, en la inversión de los derechos humanos, reside una de las formas más comunes de legitimar su violación. Karl Popper, teórico del totalitarismo, ideólogo de la teoría de la Seguridad Nacional y de las dictaduras establecidas en nuestro continente, de manera particular en Uruguay y Chile, en su inversión  de los Derechos Humanos, afirmaba que no se debía tener: “ninguna tolerancia para los enemigos de la tolerancia”.

Pues bien, una concepción socialista de los Derechos Humanos tiene por éstos los principios de la vida misma. Concibe los Derechos Humanos como principios fundamentales en la emancipación del ser humano de toda atadura, de toda dominación. Es por ello que, en el capitalismo no existe respeto de los derechos humanos, porque este es un sistema que niega la libertad del ser humano; en el capitalismo el bien común es despojado de su sentido ético, al convertir al ser humano en un objeto.

En el capitalismo el derecho a la vida, que es el derecho humano más preciado, hoy está seriamente amenazado. Por ello, ante la destrucción del ser humano y de la naturaleza, por el desenfreno del capitalismo en aras del alcanzar el “progreso”, luchar por el cabal cumplimiento de los Derechos Humanos, es un proyecto de vida. Ello da plena justificación a nuestra salida de la CIDH. 

Profesor ULA

npinedaprada@gmail.com


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Nelson Pineda Prada*


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