Que en el PSUV el viento corra libremente

Como bien dijo el presidente Chávez, cada uno debe entrar al PSUV en pelo. Al entrar, más menos dijo el comandante, todos somos rasos. Aspira él, un exquisito idealista, que quienes aparezcan dirigiendo el nuevo partido para la siguiente etapa, sean caras nuevas, escogidas libremente por las bases.

Y, como uno también le mete de frente al idealismo, vamos a decir algunas cosas.

Para que el sueño del comandante se haga realidad, es indispensable pasar por un cedazo la ancestral cultura militante, remanente natural del sistema que se aspira destruir. Lo primero a frenar es la intención de entrar al PSUV formando grupos. Bien sabe uno, no hay forma ni debe haber deseo de impedirlo, que cada quien debe abordar la nave nueva con sus ideas y conceptos tácticos y estratégicos; éstos deben correr con libertad por todos los rincones. Como bien dijo años atrás el presidente Chávez, es bueno “que hasta las piedras hablen”, con lenguaje revolucionario por supuesto, para diseñar la política con la cual el PSUV, debe ayudar a construir el “Socialismo del Siglo XXI”. ¡Qué florezcan las flores¡ como dijo Mao.

Pero nada de grupos que actúen al margen de los organismos previstos en Estatutos; aquellos que se reúnen a escondidas para luego imponer criterios o candidaturas. Y digo esto, porque ese vicio ha sido causa de destrucción de algunos buenos proyectos políticos. Y convencido está uno, que a muchos les encanta agruparse para garantizarse parcelas. Y si no se les enfrenta puede convertir eso en norma. Cuando apenas estamos en la etapa de escoger propulsores e inscribir aspirantes a militar en el nuevo partido, ya se notan síntomas de aquel viejo proceder.

Quizás, considera uno, tratando de acertar, saber de esa mala costumbre, explica que el Presidente haya solicitado, como paso previo, que partidos y grupos se disuelvan. Y uno, que ya admitió ser un excesivo idealista, quisiera que la gente se encontrase en las puertas del PSUV, como si nunca antes se hubiese visto. “Si antes te he visto, no me acuerdo”.

El grupalismo, que curiosamente muchas veces logra reunir gente de pensamiento dispar - ¡cuánto hemos visto de eso!-, no es más que una vulgar expresión de oportunismo. A veces parte de una premisa tan ruin, como la de “apòyame y yo te apoyo”. ¿Y para qué? Para formar un cogollo y asaltar los puestos de comando. Fraccionalismo también se llama eso.

Por eso, como de disolver los partidos se trata, hay que romper con la vieja militancia y los compromisos que ella implicaba. Porque sería muy malo que el viejo partido, hecho para otra cosa, otras metas y por una mohosa cultura, simplemente se traslade y acomode en el nuevo que ahora está por nacer. No es deseable que al PSUV vayan, no en patota, sino en forma organizada, a hacer de músicos que interpretan la misma partitura, la de un grupo.

Que nadie tenga compromisos con nadie, sino con la historia que clama por una sociedad nueva. Se disuelve lo viejo, de verdad y con la mejor de las fe, para que nazca lo nuevo y lo que el pueblo espera.

En el jardín del PSUV, deben renacer las flores y el viento correr con libertad.

pacadomas1@cantv.net


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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