Un primer acercamiento al 23 N

Lo primero que hay que hacer es enmarcar lo sucedido, somos una sociedad capitalista, donde comienzan a darse algunos visos de socialismo. Eso quiere decir, que actual e históricamente, la ideología dominante es la capitalista, la búsqueda del mayor lucro posible. El socialismo, es un proceso que apenas comienza y que por las características de nuestra sociedad; dependiente y rentista, donde predominan ampliamente las importaciones; es un objetivo de largo plazo. En ese marco, las clases y sectores explotados y excluidos, han comenzado a tomar conciencia histórica, pero la clase media, en su mayoría, anhela el llamado sueño americano (pesadilla de las grandes mayorías).

En cuanto a las elecciones en sí, lo primero que quiero decir, es que en efecto no salimos derrotados nacionalmente, pero tampoco, como dice el presidente, obtuvimos una gran victoria, ya que si bien ganamos en cantidad de triunfo, perdimos en los centros del poder político, Caracas Metropolitana, Zulia, Miranda. Para ubicarnos en buena parte, recordemos que en febrero del 92, la insurrección bolivariana tomó casi todo el país, menos Caracas, y hubo de entregarse. Está bien, el escenario no es el mismo, porque ahora estamos en el plano electoral, y un voto es un voto, donde quiera que esté, eso tampoco hace desaparecer la lucha de clases, y al fin y al cabo ese es el escenario real en la chiquita, si no recordemos a Allende y su mayoría de votos. Teniendo las cosas más o menos clara, que ni calvo ni con dos pelucas, pasemos a otras consideraciones.

Causas de lo sucedido: Es cierto que un acontecer social no tiene nunca una sola causa; pero las hay principales y secundarias. Y entre las principales de lo sucedido este 23, está la gestión, pues a menos que sean locos, los votantes votan por quien perciben, aunque sea falsamente, que les da mejor nivel de vida, o votan para castigar a quien pudiendo haberlo hecho, no cumplió. Prueba de los sucedido son el municipio Petare y el estado Lara. En el primero no se cumplió y hubo castigo de la clase media, en el segundo, aún siendo Lara un estado con buena clase media y pujante económicamente, Henry Falcón cumplió y ganó como gobernador con más del 75% del los votos, el triunfo más amplio del país, lo que demuestra que contra buena gestión no hay contra que valga. Al caer Petare cayó Miranda, por la influencia en votos de ese municipio. Y la gestión de las alcaldías que teníamos (Caracas, Petare y la Metropolitana), no estuvieron a la altura, para marcar una diferencia suficiente. En Caracas, sólo hay que pasearse por las calles para encontrar una respuesta a la victoria de la oposición. El fracaso de la gestión en problemas fundamentales como la inseguridad, el transporte, la vivienda o la basura hablan por si mismos. Otro factor de influencia es la maquinaria, el caso lo lustra el Zulia, donde a pesar de una aceptable gestión de Di Martino, logró aumentar la votación de las últimas elecciones regionales en ese estado, pero recordemos que billete y maquinaria matan galán. Y allí radica una causa que en algo influyó en Caracas, y quizás en el Zulia, la creación del PSUV desmanteló la maquinaria del anterior MVR, y ahora se encontraron obstáculos de tiempo y recurso, así como falta de facilitación de los comandos y estructuras del PSUV para un óptimo ensamblaje de la nueva.

Otro aspecto de influencia es la política hacia la clase media, la cual no hemos podidos librar de la influencia de la oposición. La prueba está en que en los Estado en que perdimos (Zulia, Miranda y área Metropolitana de Caracas), existe un “no poco” sector de clase media, que salió a votar y fue la causa de la derrota allí. Y en Caracas se perdió justamente en las parroquias que poseen esa característica, y donde como ya señalé, la gestión nuestra no marcó una diferencia suficiente.

Los adversarios hicieron su trabajo, eso hay que decirlo. Por ejemplo, aunque falsamente, se apropiarse del discurso bolivariano, hablando de democracia social (eso es el socialismo), y no confrontación. Globovisión, por ejemplo, tiene más programas sobre los problemas de los barrios que las televisiones públicas. La muerte de cientos de personas a manos de la delincuencia, la imposibilidad de alquilar o comprar una vivienda, las interminables horas para trasladarse al puesto de trabajo y el caos urbanístico son casi insoportables. Ésa es la clave: los problemas son demasiado graves, demasiado intolerables. Eso ha sido un golpe fatal a la moral y a la resistencia de la clase media. Tras diez años, la ciudad sigue casi igual, para ellos, que no perciben completamente los barrio adentro y las misiones, aunado a una muy inteligente campaña para capitalizar el descontento por parte de quienes fueron el origen de todos esos males y que ahora se presentan como los salvadores.

Qué hacer?. Lo hecho, hecho está. La opción sigue siendo Socialismo o barbarie, el reformismo oportunista que pretendía ubicarse entre esas opciones, en los estados Sucre, Aragua, y Guárico, ha sido derrotado. Hay que cumplir con el viejo Marx y someter todo a crítica constructiva. Debe revisarse seriamente el papel de los llamados aliados, y que en Caracas nos privaron al menos de 2 concejales metropolitanos. Y ante todo, iniciar una verdadera formación ideológica de toda la militancia, comenzando por la dirigencia y los cuadros, y revisando desde un excesivo centralismo en el PSUV, hasta el lenguaje en ocasiones del máximo líder, lo cual aunque no es decisivo (recordemos que Allende hablaba muy bonito y lo bombardearon), influye en parte de la clase media, la cual no es un voto duro, sino que hay que convencerla. Hay que finalizar los estatutos del PSUV, señalando funciones de los delegados y de la dirección regional, funciones de los coordinadores de comisión y su forma de elección, conformando ellos el Buró, si es que debe haber alguno. Creo que funcionar desde batallones y circunscripciones deja un vacío que nos fracciona, y quita homogeneidad, haría falta elegir direcciones parroquiales. Hay que volver a ser humildes y autocríticos, dinámicos y eficientes. Hay que ejercer una eficiente contraloría social sobre toda la administración pública. La historia nos enseña que una revolución no es un proceso lineal hacia delante, si no que hay retrocesos, zig zags, saltos y avances. La derrota ha de servirle al luchador para reflexionar y para prepararse mejor. No hay otra vía. Asumir las fortalezas y las debilidades. Y salir de nuevo al combate.



felsonyajure@yahoo.es




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Felson Yajure


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