La estrategia de seguridad nacional del gobierno Biden-Harris: El supremacismo renovado (I)

El mundo cambió y, las potencias capitalistas de occidente, pareciera que no se hubieran percatado del mismo. Siguen creyendo que son los únicos dueños del mundo. Por eso, su política internacional continúa teniendo como base de sustentación de su poder, la fuerza. Es tal su ceguera que no logran ver que los factores económicos, políticos, sociales, étnicos, religiosos, domésticos y humanos, que viven los pueblos son multidimensionales. Siguen creyendo en la existencia de un mundo homogéneo; que, existe una sola cultura, la suya, la euronorteamericana. Siguen, en definitiva, aferrados a la existencia de un mundo unipolar irreal, inexistente.

El mundo cambió y la realidad es otra. Y es que, después de la caída del muro de Berlín y el derrumbe de las Torres Gemelas, el neoliberalismo comenzó a ser puesto en cuestión. El "fin de la historia", no fue más que una teoría con la cual se pretendió mantener vigente el poder hegemónico que, la modernidad occidental capitalista, venía imponiendo desde el renacimiento. El mundo cambió y no ha sido para remozar el capitalismo hegemónico, imperial. Ha generado una nueva realidad internacional.

Los problemas que hoy tienen los pueblos del universo, no pueden ser resueltos a partir de las formulaciones teóricas de la política internacional clásica. Por tanto, es necesario avanzar en la construcción de un nuevo marco conceptual que dé cabida a lo diverso. Que deseche la "tiranía de lo universal", porque hoy no es posible uniformar las naciones del mundo. Que entienda que el mundo de hoy es otro. Que, incluso, en el marco de las relaciones capitalistas de producción, emergen nuevas potencias que reclaman su derecho a tener un espacio para su relacionamiento internacional autónomo y soberano. Que asistimos a la estructuración de un mundo multipolar, heterogéneo.

Pues bien, si el mundo de hoy es otro, la política internacional de las naciones del mundo tiene que ser otra. Las relaciones entre estas deben realizarse a partir de nuevas expectativas, de nuevos propósitos, nuevos objetivos; en donde, el hegemonismo imperial, no determine el relacionamiento entre ellas.

El gobierno estadounidense parece no entender esta realidad. El pasado 12 de octubre de 2022, le presentó al mundo su: Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno Biden-Harris. Documento en el cual se plasman los principales lineamientos a partir de los cuales la potencia imperial del norte, "se propone promover nuestros (sus) intereses fundamentales y contribuir a un mundo libre, abierto, próspero y seguro". Para lo cual, dicen que: "Emplearemos todos los elementos de nuestro poder nacional con los que contamos para superar a nuestros competidores estratégicos, responder a los desafíos que tenemos en común y definir las condiciones".

Por lo que, en aras de alcanzar dichos objetivos, habrán de: "Invertir en las fuentes subyacentes y las herramientas del poder y la influencia estadounidenses; Construir la coalición de naciones más sólida posible para potenciar nuestra capacidad de influencia colectiva a efectos de configurar el entorno estratégico global y resolver desafíos en común; y Modernizar y fortalecer a nuestras fuerzas militares con el fin de prepararlas para la era de la competencia estratégica".

Reconoce el gobierno supremacista de Joe Biden que: "No podremos competir con éxito para configurar el orden internacional a menos que tengamos un plan proactivo para abordar los desafíos en común, y para eso debemos reconocer el modo en que una mayor competencia afecta la cooperación y actuar en consecuencia".

Por lo que: "Nos proponemos competir de manera eficaz con la República Popular China, que representa el único competidor que tiene la intención y, cada vez más, la capacidad de redefinir el orden internacional, y al mismo tiempo contener a una Rusia peligrosa".

"Del dicho al hecho hay mucho trecho", reza el proverbio popular. No querer entender que los problemas que hoy tiene la humanidad, y la manera de enfrentarlos, debe tener como punto de partida el análisis de la manera desigual e inequitativa cómo está distribuida la riqueza en el mundo, es vivir de ilusiones. Y, "el que vive de ilusiones muere de desengaños".

 



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Nelson Pineda Prada

*Profesor Titular de la Universidad de Los Andes. Historiador. Dr. en Estudios del Desarrollo. Ex-Embajador en Paraguay, la OEA y Costa Rica.

 npinedaprada@gmail.com

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