Propuesta de Estrategia Geopolítica de Colombia frente a la Presión Externa

En este nuevo año 2026 queremos hacer algo de futurología y proponer una respuesta estratégica por parte de Colombia ante una escalada de presión económica y comercial iniciada por Estados Unidos. Lejos de una rendición, la estrategia colombiana debe ser un contraataque multifacético diseñado para neutralizar el bloqueo y reconfigurar su posición geopolítica. El eje de esta maniobra es la "Alianza Logística Soberana", un plan para activar un corredor interoceánico seco con financiamiento y operación de entidades vinculadas a China y otras potencias asiáticas, buscando asegurar las cadenas de suministro y anclar los intereses del país a los de las potencias globales de Asía.

La respuesta se articula en tres palancas clave, primero en el área comercial, redirigiendo exportaciones críticas como café y flores a mercados alternativos con compras anticipadas para evitar el colapso productivo; en segundo lugar en el tema energético, utilizando el petróleo crudo no como una simple exportación, sino como un instrumento de trueque con refinerías asiáticas para garantizar el suministro interno de combustibles; y por último, como colofón estratégico, transformando un conflicto bilateral en un problema multipolar donde cualquier acción hostil de Estados Unidos afectaría directamente intereses de terceros.

Mercancías exportables colombianas

Financieramente, la estrategia busca adelantarse al pánico cambiario mediante el respaldo de actores asiáticos, utilizando líneas de swap de divisas y pagos en monedas alternativas para reducir la dependencia del dólar. Esta "desdolarización defensiva" no es ideológica, sino una reacción funcional que, de tener éxito, establecería un precedente sistémico para otras naciones. Finalmente, si la coerción directa falla, el conflicto podría escalar hacia una guerra híbrida, empleando sabotaje, desestabilización financiera y guerra de narrativas. La conclusión es que este escenario no representa una crisis aislada, sino una transición hacia un orden mundial disputado, donde la soberanía se defiende con logística, finanzas y alianzas estratégicas.

La respuesta colombiana a la presión externa no se concibe como una resistencia pasiva, sino como una reconfiguración proactiva de su arquitectura comercial y logística. La iniciativa, busca crear un "escudo económico y comercial" para proteger el abastecimiento del país.

El núcleo de la propuesta es la activación inmediata de un corredor interoceánico que conecte el puerto de Buenaventura en el Pacífico con puertos en el Caribe colombiano. Este corredor se basa en una red integrada de infraestructura ferroviaria y de carreteras, diseñada para operar de manera acelerada y bajo un esquema de administración especial. El objetivo es crear una ruta alternativa que rompa el monopolio geográfico del Canal de Panamá y ofrezca una nueva vía para el flujo de mercancías esenciales en el hemisferio.

El factor determinante que transforma este plan en un movimiento geopolítico significativo es el involucramiento directo de China, e indirecto de Rusia. La viabilidad del corredor se apoya explícitamente en:

  • Capacidad Logística: Empresas vinculadas al estado chino aportarían su experiencia en la gestión de cadenas de suministro a gran escala.

  • Financiamiento: El capital necesario para la infraestructura y operación provendría de fuentes chinas.

  • Operación: La administración y ejecución del proyecto estarían integradas en redes de suministro donde los intereses chinos/rusos son un componente fundamental.

Esta integración no se limita a un simple acuerdo comercial; implica amarrar la infraestructura crítica de Colombia a los intereses de las potencias globales de Asía, creando así un mecanismo de disuasión económica y estratégica.

Integración con los mercados asiáticos

La estrategia colombiana se haría a través de tres ejes de acción simultáneos, diseñados para neutralizar la presión en los frentes comercial, energético y estratégico.

En la palanca comercial, el principal objetivo es evitar el colapso de sectores exportadores clave, redirigiendo la producción clave (café, flores) a mercados alternativos con compras ya comprometidas por adelantado, con lo cual se neutraliza el "efecto pánico" en los productores y corta la cadena de miedo necesaria para que un bloqueo funcione.

En la palanca energética, el objetivo es garantizar el suministro de combustible y la operación de la economía reduciendo el flujo de crudo a EE. UU. y redirigiéndolo a refinerías en Asia (India, China y Rusia) en un esquema de "trueque moderno" por combustible refinado, esta acción invierte la dependencia y obliga a Washington a buscar reemplazos, convirtiendo la exportación de crudo en una palanca de negociación.

Finalmente, la palanca estratégica pretende elevar el costo político de la agresión para EE. UU, pues al mover la disputa del terreno bilateral al multipolar, donde cualquier interdicción física o económica afecte directamente los intereses de China, Rusia e India, dicha acción estratégica construye una disuasión basada en el riesgo de escalada, haciendo que el costo de la presión supere el beneficio esperado.

Reconociendo que la presión económica a menudo se canaliza a través del sistema financiero, la estrategia debe incluir un componente crucial para prevenir el colapso de la moneda y la fuga de capitales, buscando la neutralización del pánico cambiario con una respuesta que se anticipe al reflejo tradicional de los mercados ante una crisis (huida al dólar, devaluación, inflación) mediante un movimiento financiero "quirúrgico". El objetivo es cortar la dependencia del dólar como cuello de botella para las operaciones comerciales y financieras del país. Esto se consigue obteniendo un gran respaldo financiero asiático por medio de instrumentos concretos, tales como líneas de swap de divisas, garantías de liquidez y acceso a sistemas de pago en monedas alternativas (yuanes ó rublos). Aquí el mensaje para importadores y empresas es que pueden seguir operando y liquidando transacciones sin necesidad de recurrir al dólar, eliminando así el arma principal del castigo económico. Finalmente, al evitar el desplome de la moneda y mantener el flujo de pagos, se desactiva la narrativa de un colapso inminente y se reduce drásticamente la capacidad de desestabilización interna.

El alcance de esta maniobra trasciende el caso colombiano y puede como precedente sistémico y "Efecto Demostración".

Tradicionalmente se plantea que el dólar mantiene su hegemonía no solo por su respaldo económico, sino por la creencia de que no existen alternativas viables, pero si un país demuestra que puede sobrevivir e incluso prosperar fuera del circuito Dólar/SWIFT, el precedente es devastador para la hegemonía financiera estadounidense, pues otras naciones en el Sur Global observan, aprenden y podrían verse incentivadas a diversificar sus sistemas de pago y reservas, erosionando gradualmente el monopolio del dólar.

De otra parte, la presión financiera extrema puede acelerar lo que intenta evitar, así cada sanción se convierte en un "experimento forzado de autonomía" que, si tiene éxito, debilita el sistema de control global.

La estrategia propuesta implica una ruptura del rol histórico de Colombia como un aliado previsible y una "plataforma dócil" para la proyección de influencia de Estados Unidos en la región.

La disuasión no se busca a través de medios militares convencionales, sino mediante la creación de una compleja red de interdependencia económica, ya que al integrar su infraestructura crítica (puertos, corredores) con intereses de potencias externas, Colombia convierte estos activos en nodos sensibles y cualquier acción hostil contra esta infraestructura deja de ser un asunto bilateral para convertirse en una perturbación del comercio global con consecuencias para múltiples actores, elevando el costo político y estratégico de la agresión.

En resumen, el país se protege no con un escudo militar propio, sino con un "escudo de interdependencia" que frena la acción directa por el riesgo de efectos colaterales incontrolables.

«creación de una compleja red de interdependencia económica»

El resultado de esta estrategia asimétrica es una "parálisis estratégica" para la potencia dominante. Aunque Estados Unidos conserva su fuerza militar y económica, pierde libertad de acción. Los instrumentos clásicos de presión, como amenazas o despliegues simbólicos, pierden efectividad porque el país presionado ya no está aislado, sino insertado en una red global. Esto conduce a un "empate forzado" donde la escalada se vuelve inviable, abriendo el camino a una negociación bajo nuevas reglas o a una reconfiguración duradera del equilibrio regional.

Históricamente, hemos visto muchas veces que cuando los métodos de coerción económica y militar directa se vuelven demasiado costosos para Estados Unidos, suele llevar el conflicto hacia una fase indirecta de desestabilización, identificada como "guerra híbrida". El objetivo ya no es derrotar al país, sino hacerlo ingobernable.

En este caso se incluyen tácticas como:

Sabotaje a infraestructura crítica con ataques no atribuidos a puntos vulnerables (torres de energía, redes de datos, subestaciones) para interrumpir la logística y enviar un mensaje al mundo corporativo de que operar en el país es arriesgado e inestable.

Ataques financieros y psicológicos por medio de fomentar la pérdida de confianza a través de rumores, corridas bancarias y ataques a sistemas de pago para paralizar la economía. Se subraya que la economía se compone de "infraestructura más confianza"; romper cualquiera de las dos es suficiente para colapsar el sistema.

Ataques financieros

Guerra de narrativas y "Falsa Bandera", tratando de construir un pretexto moral para una intervención (crisis humanitaria, violencia incontrolable) mediante campañas de desinformación, incidentes confusos y provocaciones. El objetivo es controlar el relato para legitimar acciones que de otro modo serían inaceptables.

Frente a la amenaza de una guerra híbrida, la estrategia final se apoya en la coordinación regional como un mecanismo de supervivencia y disuasión colectiva. Aquí la coordinación regional funciona como "Vacuna": Se plantea la necesidad de una respuesta regional que no se base en el romanticismo, sino en el cálculo de supervivencia. Esto incluiría vigilancia compartida, protección de infraestructura, cooperación financiera e inteligencia cibernética, con el compromiso político de "no dejar solo al que está bajo presión". La interdependencia regional multiplica el costo de la agresión indirecta.

El éxito de esta resistencia, aunque sea parcial, tendría un "efecto demostración", pues rompería el miedo a las sanciones, al aislamiento y al caos interno, que son las herramientas invisibles del control imperial. Esto motivaría a otros países a buscar alternativas, acelerando la erosión del monopolio hegemónico.

En conclusión, este es un paso doloroso y el escenario descrito no es una crisis aislada, sino una manifestación de la transición hacia un mundo multipolar donde el poder ya no es automático, sino disputado. En este nuevo contexto, la soberanía se defiende no solo con discursos o armas, sino con logística, finanzas, tecnología y coordinación social. Entender la economía política se convierte, por tanto, en una herramienta fundamental de defensa intelectual para no confundir la estrategia con el accidente.



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Rodrigo Bernardo Ortega

Colombiano de los sesentas (1.961), periodista digital independiente, por su formación académica ha adquirido mucha preocupación por el mundo en general, así como por la región de América del Sur y su país en particular. De pensamiento crítico, sus artículos se dirigen a analizar las situaciones políticas, ambientales, deportivas y socioeconómicas. Preocupado por las relaciones de desigualdad en el mundo, busca siempre dar voz a LA OTRA OPINIÓN.\n\nSiempre trata de escribir sus artículos en lenguaje sencillo, dirigidos al gran público, acompañados de imágenes clarificadoras o divertidas, basando la información suministrada en datos confiables que se pueden consultar en fuentes independientes. No suministra mayor información adicional, pues su interés no es publicitar su nombre y ejecutorias, sino SUS IDEAS.

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