Capriles, como John Reed, habla de “Diez días que estremecieron al mundo”

John Reed, periodista norteamericano, conocido como "El rojo", por su apellido y por sus relaciones más que políticas, de periodista perspicaz, pues entrevisto largamente a Doroteo Arango o "Pancho Villa", en medio de los fragores de la Revolución Mexicana, pese la desconfianza de aquél por los "gringos" y cubrió los primeros días de la Revolución Bolchevique, escribió en base a estas últimas observaciones un libro, casi un best Sellers, titulado "Los diez días que estremecieron el mundo". Es una crónica amena y aguda de los hechos y medidas tomadas por los revolucionarios en ese muy breve lapso.

Más que por las largas entrevistas hechas al revolucionario mexicano, Reed se hizo conocido por aquel libro. Miles de jóvenes venezolanos de mi generación, universitarios o no, tuvieron esa crónica periodística como libro de cabecera y fuente para abrir miles de discusiones. Si mal no recuerdo, tendría que volver sobre él, allí se menciona como un hecho curioso y hasta trascendente, que el comando revolucionario, bajo la conducción de Lenin, optó por nombrar presidente de una institución de gran prestigio, como la Academia de Ciencias, siempre bajo el control de figuras llenas de oropel, ligadas al viejo zarismo, a un desconocido científico llamado Iván Pavlov. Aquello por el casi anonimato del personaje, sobre todo en el mundo científico, produjo gran revuelo.

Para Reed, aquellos "diez días", conmovieron tanto el mundo que parecieron ser aquellos siete de cuando Dios lo creó. En Reed aquello que observó en esos pocos días, era tan trascendente que consideró necesario reseñarlo en aquel breve libro y fue tan asertivo que millones de personas lo leyeron y más lo han seguido leyendo. Y pese a lo que posteriormente haya sucedido y las opiniones que uno tenga, a favor o en contra de aquellos acontecimientos, no hay duda que fueron tan significantes como los de la Revolución Francesa y la Comuna de Paris.

¿Pero qué tiene que ver todo eso tan descollante con Henrique Capriles?

Pues que el actual gobernador del Estado Miranda y jefe del Partido Primero Justicia, acaba de darle un plazo al proceso de diálogo precisamente de "Diez días", para que decida lo que él y los suyos quieren o de lo contrario "retomaremos la agenda". Esta última expresión, quiere decir, que volverían a lo que tenían planificado hacer para el 3 de noviembre y "en mala hora", para decirlo en lenguaje gallegiano, la presencia del delegado papal, les frustró. Volverían pues al mismo guión de abril del 2002.

Como Dios hizo al mundo en siete días, siendo esta una obra grandiosa y los bolcheviques en diez, de conformidad a lo reseñado por Reed, demolieron al zarismo y viejo aparato estatal feudal-capitalista y antidemocrático, personalista, bien se pudiera arreglar, en el estrecho y oscuro pensamiento de Capriles, lo relativo a la grave conflictividad venezolana en esos diez días, que son tres más que los invertido por Dios para su obra. Claro, uno sabe bien que Capriles pudo haber escuchado alguna vez en una clase de catecismo, sobre la creación, pero es casi seguro que no sabe quién es Jhon Reed. Son cosas de la casualidad, la mala disposición al diálogo y excesivas apetencias.

Ahora mismo, escucho en televisión, que el jovencito Oscar Ocariz, ha leído una lista de proposiciones de su grupo, como lo que debe acordarse antes del 11 de noviembre para no levantarse de la mesa y volver a las anteriores andanzas. Es la mala idea que prevalece en ellos y, hasta en alguna gente del gobierno, que un diálogo de esa naturaleza, sobre todo en las condiciones de la Venezuela de hoy, es asunto de soplar y hacer botellas. Para unos y otros sólo se trata les den la palabra, pongan en la mesa sus exigencias, que les parecen demasiado obvias y ya está. Le conciben de manera tan absurda, como que lo que sería el final, el cierre, el momento de los acuerdos, debe ser el principio. Cualquiera medianamente sensato sabe y debe saber que primero hay hasta un largo proceso para llegar a aquello. También que dialogar para llegar acuerdos, en situaciones como las nuestras, no es en nada parecido a un acto de rendimiento donde quien triunfa impone sus condiciones.

Pero Capriles es tan rudimentario que afirma y amenaza,

"si el día 11 del mes no hay claramente resultados; si ese día no se da la fecha de un proceso electoral, ni se habla de la liberación de los presos políticos, habrá fallado cualquier intento de diálogo".

Es elemental que para él el diálogo sólo está sujeto a eso. Tiene una visión por demás estrecha del drama que aflige a los venezolanos; tan deprimente que le descalifica como dialogante en una coyuntura tan grave. Pero lo peor es que de no darse lo que plantea en el plazo que le asigna lo único que ofrece es violencia y procedimientos al margen de lo constitucional.

Luego, como para no dejar dudas de su incompetencia y pesar de la MUD por cuenta de quien habla, agrega:

"Nosotros invitamos a la iglesia y el gobierno aceptó; demostramos confianza hacia el Papa y vino el representante; por eso no pudimos fallar al encuentro del domingo".

Aparte de la pobreza expresiva de eso de "no pudimos fallar al encuentro", comete el disparate de desmentirse así mismo, pues el domingo dijo, lo que todo el mundo sabe, no iría a la reunión del lunes 30 de octubre, porque se enteró por televisión.

Pero para demostrar la incompetencia o falsedad de Capriles, basta con apelar a los argumentos de alguien quien con él comparte en la MUD.

Henry Falcón, gobernador de Lara, al enterarse de lo dicho por Capriles y su plazo o amenaza para el 11 de Noviembre, respondió lo siguiente:

"No se puede decir que el 11 de Noviembre va a estar todo listo. Eso es mentira".

Como bien dijo el mismo personaje,

"el diálogo no es para resolver un asunto de ahora sino la crisis de gobernabilidad en el país".

Y agregó tajante:

"No hay que ser hipócritas.... Un asunto tan complejo no se puede resolver en 10 días".

Solo Dios, por serlo, pudo crear el universo y la vida en siete días. En diez, los bolcheviques, apenas enunciaron unas normas para cambiar aquella sociedad y lo que Reed recogió fue únicamente la promulgación de los decretos y los efectos que lo inmediato ellos produjeron.

No es que Capriles, Dios se crea y piensa que todo lo que ahora sufrimos, como el acervado odio que ahora hay entre venezolanos, empezando por él mismo, puede disolverse en 10 días, sino que está poniendo trabas en los rieles para descarrilar el tren.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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