Los viejos demócratas se cansaron de eso. Sólo el pueblo cree en democracia

Viene del fondo de la historia; los grupos dominantes de la economía, riqueza, nunca han creído en democracia. ¿Cómo pensar que un propietario pueda compartir su “derecho a mandar en lo suyo” con otros? Eso de tomar en cuenta la opinión popular, quien siempre conforma la mayoría, no se aviene con los intereses y creencias de aquellos. Siempre, quienes detentaron el poder y aún lo detentan en la mayoría de los casos, son los mismos que controlan la riqueza. Para eso se valen de todos los medios, de los ordinarios y bruscos hasta los más sutiles. Y para eso, sobran “Mujiquitas”.

La llamada democracia griega, no era más que una expresión carente de sustento, si tomamos en cuenta, que era ella una sociedad esclavista; los esclavos, que lo eran por diferentes circunstancias, como resultado de las conquistas y guerras, los convertidos en ese status por deudas, como también las mujeres, todos ellos, carecían de derecho a opinar sobre los asuntos de la “polis”.

A partir de mediados del siglo dieciséis, cuando los enciclopedistas comienzan hablar de democracia popular, con elecciones libres, poderes independientes, los poderosos les persiguieron o vieron con muy malos ojos. Hasta esa época había predominado la idea que el rey y sus cortesanos, lo que equivale decir los propietarios, encarnaban el poder por disposición divina. Echándole aquel horrible pecado a Dios mismo. Por supuesto, casi todos los curas participaban de la jugada.

Con el crecimiento del movimiento popular, conformado por empleados, campesinos, el urbanismo, el nacimiento de la industria, proliferación de los talleres artesanales y artesanos mismos y sobre todo la clase obrera abigarrada en ciudades, el principio democrático de los enciclopedistas, sobre todo encarnado en las ideas de Juan Jacobo Rousseau, tomó cuerpo y comenzó a ser “aceptado” por la derecha propietaria, porque ésta intuyó y más que eso, comprendió que podía manejar a su antojo las reglas del juego. Aunque para llegar allí, debió producirse la Revolución Francesa. Descubrió la clase dominante que, dentro del pueblo, podía hallar aliados o más que eso, atar a su cintura, gente para mover las piezas a su favor y crear condiciones de diferente índole para que el pueblo todo no accediese al derecho a votar o lo hiciese, sin claridad acerca de sus intereses y la pertinencia de sus representantes. Algo como lo dicho por el Conde de Lampedusa, cambiar para que nada cambie.

Así, saltando los tiempos nacieron los partidos socialdemócratas, como AD, COPEI, URD, en Venezuela, APRA del Perú y una larga lista de partidos llamados socialistas, pero de esto sólo el nombre, que se encargaban que el pueblo votase por programas e ideas de la derecha a cambio de algunas migajas.

Así, todo caminó sobre ruedas; hasta conspicuos representantes y genuinos de la derecha hicieron loas de la democracia, voto directo y soberanía popular. Por supuesto, no todo era perfecto y América Latina, por ejemplo no era sino un “patio trasero”, donde si algún gobernante, “electo” de alguna manera, aunque fuese chucuta, como Medina, intentaba salirse del carril establecido por el Departamento de Estado se le derrocaba. Como a candidatos electos con mayor participación o de manera directa, universal y secreta, tal fue el caso de Gallegos, pero sin ajustarse estrictamente al estrecho guion o normas emanadas de aquél.

En ese tejemaneje, en toda América Latina, los golpistas, solían obtener el respaldo de quienes se autocalificaban de demócratas, quienes por no estar en el poder y esperando llegar lo más pronto posible saltándose sus propios principios, optaban por correr ese riesgo a la espera que aquellos “restableciesen la democracia” dando un golpe a una “democracia” para convocar a elecciones. Lo que les resultaba un remedio peor que la enfermedad, porque los golpistas imponían sus dictaduras y terminaban persiguiendo a sus iniciales aliados.

Pero esos demócratas, tarde o temprano encontraban la forma de volver al poder por el desgaste, desprestigio de la dictadura y convencimiento de los gringos que la vaina no estaba como para seguir manteniendo en el poder a los “gorilas”.

La llegada de Allende al poder, usando los mecanismos que la derecha y los propietarios habían como divinizado, mientras podían usar todos los trucos o trampas posibles, hasta aquella que se hizo famosa en Venezuela como “acta mata voto”, “disparó las alarmas”. Otra vez, “demócratas y constitucionalistas”, se pusieron de acuerdo con gorilas repotenciados como Pinochet para tumbar al presidente electo. Y de nuevo, el golpista, montó su dictadura por largos años, persiguió primero a los revolucionarios y luego a sus aliados, tanto como que a Eduardo Frei Montalva, jefe del Partido Social Cristiano Chileno, quien hizo todo cuanto pudo para tumbar a Allende, terminó siendo “envenenado” por agentes de la dictadura.

Pero la historia es una rueda de molino. Cuando el pueblo comenzó a descubrir los secretos del juego, sobre todo a partir de esa experiencia chilena que llevó al poder al compañero Allende, y esta forma de votar por ideas “subversivas” se convirtió como en una epidemia, que sigue expandiéndose ahora mismo, y llevó al poder a hombres como Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, etc., y se propuso sostenerles allí, la derecha rancia, la de la jefatura, volvió a su antigua tradición, ¡al carajo el voto y la democracia!

En estas circunstancias, los viejos demócratas, los políticos de medio pelo, advenedizos al servicio de los verdaderos poderosos, aquellos que le hacían el trabajo a estos, a los grandes propietarios, hasta donde podían, entre golpe y golpe, viéndose desplazados, desfasados o como fuera de uso, han optado también por mandar al infierno sus viejos principios y ya no se conforman con apoyar golpes para luego pedir restituir la democracia, sino que optaron por reconocer que es mejor apoyar el golpe y defender la idea de quedarse en dictadura. Una que reprima a fondo para que las fuerzas del cambio y exigencias de los derechos populares sean diezmadas. ¿Para qué llamar a elecciones? ¿Para volver a perder con este pueblo que ahora sabe demasiado? ¿Además para correr el riesgo que la macoya golpista, recorrida una etapa, se vuelva contra ellos? ¡Ni de vaina!

Eso explica el golpe de abril del 2002 y el exceso de derogar una constitución, nada y nada menos que producto de una constituyente y sancionada por el voto popular. Por eso, algunos hablan, no sin fundamento, del resurgir del nazi-fascismo, aunque académicamente parezca un improperio.

Por eso, pese a que nuestra constitución establece el referendo revocatorio, después de un plazo razonable para juzgar la eficiencia y conveniencia del gobierno electo, todas las fuerzas que se habían llamado democráticas y hasta constitucionalistas, no sienten vergüenza de prestarse al plan gringo para trastocar el orden llevándose la legalidad en los cachos.

Más que principios democráticos y constitucionales, lo que prevalece en ellos es que la renta petrolera o en general los beneficios del trabajo, deben repartirse como en los viejos tiempos. El pueblo que coma perrarina de la mala, trabaje y se comporte para que los dueños acumulen completo y sus aliaos o servidores reciban una buena recompensa.

Por eso, la derecha toda, con muy pocas excepciones, mandó al carajo sus principios democráticos, constitucionales y pudor.

Un viaje a Miami vale más no sólo que la patria, sino que una constitución como la bolivariana y sociedad democrática.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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