El reto de un diputado revolucionario: evolución o involución del proceso bolivariano

     El inicio exitoso de todo parlamentario que mantenga la firme esperanza de construir el socialismo, debe marcar el fin del estado burgués, el asunto suena un tanto talibán, pero las cosas que nunca se inician jamás se terminan.  Ello solo es posible si el pueblo llano tiene la oportunidad de construir desde su seno las leyes revolucionarias, desde cada uno de los barrios y campos de la patria de Bolívar; las leyes del futuro sin la lógica del pueblo y el marco ideológico de la revolución no serán más que una indeseable reproducción para mantener el status. Por esta razón, cada vez que se elabora una Ley en el marco de la revolución nos alegramos, pero luego, nos decepcionamos porque algún gazapo encontramos, eso es la resistencia feroz y silenciosa del estado burgués.

     El llamado parlamentarismo de calle, con las rancias formalidades del estado burgués  es un irrespetuoso saludo a cualquier bandera, las leyes elaboradas por apoltronados diputados, revisados sus detalles por los miembros de las elitescas Comisiones y no del pueblo, en los más finos y lujosos cafés, buenos restaurantes y bajo el descanso de cómodos hoteles no reflejan la angustia de los más desposeídos, por ello es tan difícil concretar una normativa para el pueblo que sea útil, completa, oportuna y confiable; para muestra un botón, anoche mientras escribía estas notas me detuve a ver y escuchar en un programa en la televisión del estado  a un sabio revolucionario zuliano, el Sociólogo José “Cheo” Parra, por cierto, poco apreciado en los círculos del poder constituido, por su indoblegable apego al aún débil poder popular; él comentaba lo difícil que es para un “pata en el suelo”, obtener los beneficios de la Ley de Política Habitacional y de las normas que rigen la materia de la vivienda, cuando a uno le corresponde acudir a la banca pública y privada, sobre cuya voracidad y aplicación de la lógica capitalista no voy a comentar ahora.

     El 23 de enero de 1815, nuestro Libertador Simón Bolívar, con ocasión de la instalación del Gobierno General de la Nueva Granada en la ciudad de Bogotá, expresó: “La justicia es la reina de las virtudes republicanas, y con ella se sostienen la igualdad y la libertad”; ahora me pregunto, ¿Existirá claridad en nuestros candidatos a diputados y diputadas sobre este reto planteado por nuestro libertador hace 195 años?. Si nuestros candidatos a diputados creen que van  a repetir la aplicación de las pobres metodologías para la elaboración de leyes que han experimentado los actuales “diputados revolucionarios”; atendiendo a los estamentos existentes del estado burgués, las esperanzas del pueblo en el socialismo se esfumarán definitivamente.

     El llamado espíritu del legislador, en un proceso revolucionario, tiene que estar conectado con el pueblo, pero esa conexión no es posible desde los aviones, restaurantes, cafés, radio, prensa y televisión, que también es válida, pero más valor tendrán las asambleas populares o de las comunas para el debate legislativo. De allí la importancia de que las bases del PSUV realicen la mejor de las selecciones de hombres y mujeres con suficiente experiencia, conocimiento y liderazgo, sembrados en el alma, el corazón y la conciencia del pueblo,  para asumir con éxito el área legislativa de la revolución. Frente al poder legal que defiende con astucia al estado burgués y al gran capital, requerimos el contenido normativo radical de la revolución que pulverice progresivamente el estado imperante.

     Ese mismo espíritu debe construir colectivamente leyes, primero para construir la igualdad y la libertad cercenada por el gran capital y luego, tal como lo planteaba el libertador darles el sello de la justicia ante todo, para que tal libertad e igualdad se mantengan.

     Más allá de las virtudes revolucionarias de los diputados importa mucho la necesidad de experimentar novedosas y creativas formas de construir colectivamente estamentos justos para una revolución.

     La mesa está servida, la actitud y aptitud de la futura mayoría parlamentaria bolivariana, frente a la posibilidad de aplicar nuevos métodos para la construcción colectiva de las leyes, marcará la línea divisoria entre la evolución y la involución del proceso bolivariano. Tal como lo decía el Maestro Carlos Matus, “..Sin método no se puede gobernar”, en este contexto, deberíamos expresar:

“.. Sin método revolucionario no se puede legislar con acento en la justicia” 


     lazaroroger@gmail.com 


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Roger Lázaro


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