Salarios, política y economía; ante el suplicio de los trabajadores

Ante el último aumento salarial, decretado este 1 de mayo, que llegará alrededor de unos 3,34 dólares mensuales, en el inicio del octavo año de recesión económica del país (2014-2021), con una hiperinflación indetenible y las claras intenciones del gobierno de prepararse para un cuarto fraude electoral, con la designación de un CNE del PSUV, configuran un oscuro camino hacia la hecatombe que sin duda alguna incrementará el suplicio de los trabajadores manuales e intelectuales de nuestra Venezuela, y que además, demuestra el fracaso estruendoso de la "política económica" de un gobierno autocrático, disfrazado de socialista, violador de los derechos humanos y profundamente corrupto y anti humanista, salvo honrosas excepciones.

Esta nueva señal de conducción errática, en el tratamiento anti sistémico de la economía, en materia salarial, lejos causar desesperanza en la sociedad venezolana debe animarla, incluyendo a los pocos sectores que apoyan al madurismo a romper las barreras del control social, político y militar diseñado por estos bucaneros para mantenerse en el poder, a costa del sacrificio de todo un país, con excepción de los que están bien enchufados.

No soy economista, pero entiendo que el Sistema Económico de un país, es de una alta complejidad, entre otras razones, por la intervención protagónica en este de la compleja naturaleza humana, impredecible e inecuacionable, siempre a merced de los "hechos sociales" coercitivos e imperativos y de los "fenómenos psíquicos" a los que hacía alusión el Sociólogo Francés Emilie Durkheim, por allá en 1895; pero, en fin, lo económico, es precisamente eso, "un Sistema", por lo tanto, cuando una o varias macro variables de un sistema se desajustan, la solución es sistémica, no es posible tratar aisladamente una variable, como en este caso, el salario; sin considerar las otras, es aquí donde coloquialmente nos referimos a un "cuero seco", lo ajustamos en una punta y se levanta en las otras, y es que, en este caso venezolano, esas puntas se levantan con tal violencia que nos sacan los ojos.

Considerar el sub sistema salarial, sin lo fiscal, lo monetario, lo cambiario, la producción, lo petrolero y el sector externo, es sencillamente querer sujetar el "cuero seco" en una sola punta, por lo que, se levantarán otras puntas que hacen mucho más daño del existente hasta ese momento; es como partir de la falsa premisa, donde se considera que la principal causa de la hiperinflación, que pulveriza el salario, es producto el comportamiento del lado de la oferta, refiriéndose a la estructura de costes de los productores y de los comerciantes, y que, por la tanto, bastaría con la indexación del salario al fracasado Petro, considerándolo solo como unidad de cuenta y de valor, ajustándole diariamente al dólar, pero a ser cobrado en bolívares por los trabajadores.

El salario de los trabajadores, es una macro variable que de una alta sensibilidad e impacta en gran manera en las tres estructuras que conforman cualquier sociedad: en primer lugar, la estructura jurídico-política, especie de recipiente que contiene en su interior la segunda estructura, es decir la socioeconómica y todo enmarcado en la tercera estructura, la ideológica; de tal manera que, despachar el asunto salarial con notable simplismo, además de una muestra de irresponsabilidad y cinismo, refleja las lesiones infringidas por el gobierno a la estructura jurídica-política, obteniéndose como producto un país sin estado de derecho y con una sobresaliente crisis de legitimidad política en el plano nacional e internacional sin precedentes en Venezuela; una estructura socioeconómica en desmadre que se manifiesta en una crisis humanitaria, hiperinflación, desnutrición, diáspora y otros; y en la estructura ideológica, la concreción de una estafa política a la sociedad donde se gobierna desde la autocracia con un disfraz de socialismo e izquierda.

Es así como, en marco de las premisas en que se fundamenta la autocracia que gobierna al país, con una actitud poco favorable hacia el uso del conocimiento de las ciencias económicas para enfrentar la problemática, no existe ninguna posibilidad de salir del atolladero en que nos encontramos, entre estos, la materia salarial, la cual amenaza con migrar a una catástrofe de grandes dimensiones, en la continuación de la pulverización del salario por efectos de la hiperinflación.

No es un capricho decir que el inicio de una recuperación del país desbastado en el marco de la crisis política, económica y social, en el mediano y corto plazo, reclama el advenimiento de una nueva conducción del gobierno, y es que, a juzgar por los resultados, quienes gobiernan y la población en general, ya se les hace insostenible en el tiempo la hiperinflación; un gobierno que no puede, ni quiere combinar las políticas monetarias, cambiarias, fiscales y las relacionadas con las rentas; tal como ocurrió en el tratamiento de otros procesos hiperinflacionarios históricos en el mundo, como el caso de Hungría por ejemplo, no tiene futuro; pero además, tampoco el gobierno cuenta con la credibilidad en el seno de la sociedad venezolana, que ha sido clave en la derrota de la hiperinflación en otras latitudes.

Una visión política, económica y social en sincera concertación con la sociedad y los sectores productivos del país puede dar inicio a la detención del suplicio a que se somete a los trabajadores del país hoy; acciones aisladas como los aumentos salariales, con factura de todos los decretados hasta ahora solo profundizará la catástrofe nacional que se viene anunciando a lo largo de esta la última década.



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Roger Lázaro


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