Cuestiones de Valentía

Señor Presidente, Nicolás Maduro:

“¿Vamos a volver a iniciarla…? Un paso de más sería un acto funesto y culpable. Un paso de más en la línea de la libertad sería la destrucción de la burguesía. En la línea de la igualdad sería la destrucción de la propiedad. El pueblo se cansa. El pueblo aspira a disfrutar del fruto de sus esfuerzos. Estamos en vísperas de lamentar todos los sacrificios que hemos hecho por la Revolución”.

Vivimos un tiempo en el que la gente decente anda perpleja, y los canallas, envalentonados. Aunque parezca mentira, hubo un tiempo, tampoco tan lejano, en el que la gente no se avenía a tratar a los demás como meras mercancías. Los tiempos cambian, la indecencia se convirtió en norma y la decencia fue volviéndose un valor escondido. La regla mató la excepción. La última vez que en nuestro mundo revolucionario la gente “indecente” se tiró por la ventana fue el 13-2002. Luego, como si hubieran desarrollado un gen perspicaz, ricos, tahúres, explotadores, defraudadores, asesinos, traficantes, mafiosos, gobernantes y conniventes jueces y fiscales, asistidos todos por lustrosos despachos de abogados, dejaron de hacerlo. Entonces empezaron a saltar las personas decentes. Hay una relación directamente proporcional entre la adaptación de los canallas y la desadaptación de los humildes.

Regresó la burguesía-puntofijista y se exilió la política, reducida a meras cuestiones técnicas para transformar los votos en gobiernos. Algunos dijeron que el Estado había muerto. Pero no era verdad. Sólo había cambiado de manos. Sin política somos un ave migrando solitaria sin la referencia de las demás. La política es autoayuda colectiva. El nosotros de nuestro yo. El lenguaje que nos permite hablarnos a nosotros mismos pero que nació para ser diálogo. Eso que primero fue un gesto, una mirada, una mano agitada (“ayúdame”) y que luego fue una palabra que resumía el gesto, la mirada que imploraba, la mano agitada que reclamaba (“¡ayúdame!”). La diferencia entre la autoayuda individual y la colectiva es que la primera presume una claudicación cobarde ante la vida. La valentía es un gran abridor de caminos.

Recuperar la política contra los que organizan el silencio y los que conspiran para la indiferencia. Conjuro para no ser esas marionetas desordenadas, caídas con descuido sobre nuestro propio cuerpo descoyuntado al que le han cortado los hilos de lo frívolo y de lo eterno. Los hilos de la política. La política como decencia de lo cotidiano donde nada tiene sentido sin los demás, sin la posibilidad de que crucemos nuestras manos y las entrelacemos. Que patrias sin justicia parece ya que hay muchas.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!

¡Viviremos y Venceremos!



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Manuel Taibo


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