El hombre normal, en cualquier tiempo desprecia, rechaza y teme a la guerra

Maquiavelo decía de los hombres de guerra: "El hombre de bien no puede tener el ejercicio de las armas como oficio. No puede considerarse hombre bueno a quien se dedique a una profesión que exige, para hacerlo constantemente útil, la rapiña, el fraude, la violencia y muchas otras condiciones que necesariamente le hacen malo".

Altamira y Crevea nos dice por ejemplo que los homicidios eran muy frecuentes en la época que precede a la invasión árabe "a pesar de que los reyes trataron de reprimir los desórdenes". Más adelante señala, como, a despecho de la severidad de las penas ante ciertos delitos tales como el robo y la herejía, el homicidio no era sancionado sino con una multa que los familiares del asesino tenían que pagar a su víctima.

Sobre la acción reclamante ejerce la guerra y la aventura sobre las personalidades anormales, lo suficiente "los Viajeros de Indias". Recuérdese lo que escribía Hernán Cortés sobre los Conquistadores españoles del siglo XVI: "La mayoría de los que aquí pasan son de bajas maneras, fuertes y viciosos de diversos vicios y pecados" "Hartos eran homicianos -anota el Padre de las Casas sobre los mismos personajes delincuentes, condenados a muerte por graves delitos". Como facinerosos, viciosos, falsos y fementidos, califica Cristóbal Colón a sus compañeros.

En los tiempos actuales se ha logrado comprobar estadísticamente como la gran mayoría de "los voluntarios" en las empresas guerreras son personalidades anormales.

"La División Azul" compuesta por voluntarios españoles se caracterizo por el número muy elevado de psicópatas y de psicóticos contenidos en sus huestes. En la guerra de Indochina, el psiquiatra francés J. Harmon, observó y describió el mismo fenómeno.

Naomi Klein: Homicidios, en Guantánamo, y la Invasión de Irak.

Siria y Palestina: Homicidios de Israel

Si el hombre en sus características estructurales es en última instancia una consecuencia una consecuencia de su adaptación al medio, esta posibilidad de acción del medio sobre el individuo, requiere décadas de milenios para traducirse en modificaciones apreciables, de lo se infiere el origen genético de la constitución en todos los milenios de historia conocida.

Si las enfermedades llamadas mentales, esto es, locura, la debilidad mental, la epilepsia, y las llamadas personalidades anormales, o psicopáticas, son enfermedades génito-constitucionales, es forzoso aceptar que el origen de aquellas obedece a una variante de estructura que se transmite de generación en generación, y de manera indefinida.

Recuérdense enfermedades, tanto en el sentido de padecerlas como de resistirse a ellas. Por otra parte, la misma experiencia también demuestra el carácter hereditario de la hipertensión de las afecciones cardiovasculares, de la gota, la diabetes, el reumatismo, el hipertiroidismo y de todas las enfermedades infecciosas es notoria la resistencia que algunos sujetos presentan para enfermarse de ciertos morbos como la tuberculosis y la parálisis general progresiva, en tanto que otros sucumben con facilidad.

De acuerdo a este principio, la constitución hereditaria de un sujeto en un momento determinado, no es más que la resultante de una serie de combinaciones genética a todo lo largo de la historia humana. No hay nada en la formula constitucional de un individuo que no estuviese contenido en la constitución de sus antepasados.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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