“A Di Martino no lo quiere nadie: que se vaya pal’coño”

“A Di Martno no lo quiere nadie: que se vaya pal’coño”

 Tarde de la noche del domingo 23 de noviembre en una emisora del estado Zulia, ansioso de conocer resultado sobre la elección a Gobernador en esa importante región del país, escuché a una señora decir: “A Di Martino no lo quiere nadie. Que se vaya pal’coño”. Inmediatamente el locutor o periodista que la entrevistaba alegó, algo emocionado por el espíritu de la señora: “Ese es el lenguaje del pueblo”. En verdad, así habla muchísima gente en este país y eso no es criticable, pero lo que sí estamos en el deber de indagar es si la señora tiene o no completa razón en su veredicto o confirmación de carácter político. El resultado de la contienda electoral nos permite una respuesta inequívoca: ciertamente el camarada Di Martino no ganó la elección para Gobernador, pero un 45,02% de los que ejercieron su derecho y deber al voto lo hicieron por el candidato del PSUV. Y eso, en el caso del Zulia o de cualquier otra región del país, es un número importante de venezolanos y venezolanas que hacen protagonismo en los procesos electorales para expresar su voluntad aunque no hayan conquistado la victoria.

Juzgar, en política, como lo hizo la señora zuliana y que nadie le quita ni su derecho ni su deber de festejar su triunfo y hasta de oponerse con ahínco a su adversario (en este caso el camarada Di Martino) no es un razonamiento acertado, es caer en la emoción elevada de un espíritu exaltado, es no apreciar la diferencia que existe en ese instante en que se separaran la noche del día o en que la luna cierra su ciclo para que el sol cumpla con su papel de dar luz a todos los habitantes de un lado del planeta. Sería lo mismo que un revolucionario partidario del gobierno del Presidente Chávez dijera que: “A Julio César Reyes no lo quiere nadie en Barinas”, porque Adán Chávez lo derrotó con un 49,63% olvidando que el primero obtuvo el 44,58% de quienes expresaron su voluntad en las urnas electorales. Si de esa manera se juzga o se hace un análisis político podría caerse en un optimismo ciego de esos que hacen subestimar al enemigo y sobrestimarse a sí mismo. Eso sería como contrariar lo que los militares recomiendan a sus soldados y oficiales: conoce a tu enemigo como a ti mismo, porque si no conoces a tu enemigo no puedes conocerte tú mismo, no podrás combatirlo con probabilidad de éxito. Pero bueno, cada cabeza es un mundo aunque el mundo actual sigue estando bajo el dominio, casi absoluto, del capitalismo más altamente desarrollado, es decir, el imperialista. ¿Cómo hacer, hasta ahora, para que un día exista un mundo donde todas las cabezas aunque sea se solidaricen con el mismo fin de redención social? Sólo el comunismo avanzado podrá dar una respuesta satisfactoria a tan simple pero compleja interrogante.

Ni critico ni juzgo a los zulianos y zulianas por la elección que hicieron de su nuevo Gobernador. Lo que sí creo y sería justo decirlo es que el camarada Di Martino era –y sigue siendo- el mejor candidato a dirigir el destino de esa vasta e importantísima región de la venezolanidad. Su vocación de servidor público, su convicción de estar al lado de los más necesitados, su enorme sensibilidad social, su conocimiento de las necesidades de las clases y sectores que conforman una sociedad, su profundo gesto de solidaridad, su manera de ver con el ojo clínico del corazón las distintas problemáticas sociales, su tacto y olfato para distinguir lo primario de lo secundario, lo hacen, sin duda alguna, un político para gobernar y no para mirar desde las barreras distraído –como hacen algunos burócratas- en el ansia de acrecentar sus intereses, bienes personales y familiares.

Debo confesar que con el camarada Di Martino fuimos injustos, irresponsables, negligentes o indiferentes un grupo de camaradas que teníamos el sagrado deber de activar en su campaña para contribuir a su triunfo. Lo más seguro es que en muy poco hubiésemos influido en el resultado final. Sin embargo, en algo hubiéramos ayudado en pegar afiches, distribuir propaganda, organizarle algunos actos, prepararle algunos contactos, aliviarle en otras actividades. No lo hicimos y eso no tiene justificación de ninguna naturaleza. No supimos responder al maravilloso gesto de solidaridad del camarada Di Martino para con nosotros. No nos debemos dar golpes de pecho por ello, pero sí debe servirnos para superar con creces esas fallas que terminan por distanciarnos de las realidades, de los deberes y de la misma solidaridad como la fuente más creadora de porvenir. Estamos en la obligación no sólo de analizar los hechos sino de autocriticarnos para destruir esos focos o gérmenes negativos que llevamos por dentro y nos impiden cumplir con el deber. Para nosotros, y nadie dude que para el proceso bolivariano, ganar la gobernación del Zulia era un problema esencial de la política revolucionaria. No se logró. No nos pongamos a maldecir a nadie, sino que debemos reflexionar profundamente para ubicar cada cosa en su lugar, porque evidentemente el camarada Di Martino -en específicos momentos- demostró que el triunfo era posible en el estado más complejo y de características muy especiales que lo distinguen de las otras identidades nacionales. Nada adelantemos sobre resultados de esa reflexión para que nada sea apresurado, nada desbordado, ya que estamos en el deber de dejar la pasión subjetiva de lado para poder entrar con éxito en la objetividad, en las realidades que son independientes de nuestra voluntad. Sólo allí hallaremos los parámetros de las verdades, y partiendo desde ese `punto es que podemos comenzar a subir escalones que nos faciliten la corrección de los errores.

El camarada Di Martino es joven aún, tiene un mundo por delante, sabrá seguir haciendo su camino andándolo al lado de su pueblo, ejerciendo la política como esa ciencia que bien entendida y reflexionada se pone al servicio de los grandes intereses de la justicia social. Su dedicación (ahora) al PSUV debe ser integral, transformarse en un organizador exitoso, realizar una oposición que sea capaz de construir instrumentos que permitan hacer avanzar al proceso revolucionario; impulsar formación de cuadros que puedan llegar a todos los rincones del estado Zulia creando la necesaria conciencia sobre la necesidad de acrecentar los valores de la zulianidad en búsqueda de un mejor y más próspero destino para toda la población y que, además, contribuya al engrandecimiento de la nación. En política los planes cortos no deciden el destino pero sí van creando los cimientos del futuro. La historia no se puede medir por años ni por siglos, sino por décadas, aunque éstas se expresen en la cotidianidad de la vida social. Sus éxitos políticos serán inevitables, porque están apegados y aferrados a los más sanos y justos postulados de nuestro pueblo.

Contrariando a la señora que exaltada expresó su odio particular contra el camarada Di Martino, podríamos decir: “A Di Martíno sí existe una buena porción de pueblo zuliano que lo quiere y no desea que se vaya de la región”.



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Freddy Yépez


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