La necesaria enseñanza de nuestra historia

Que importante y vital para la toma de conciencia de una sociedad es el conocimiento de su historia. De hecho, hay un axioma que establece que "la historia la escriben los triunfadores". De allí tenemos que pueblos enteros adoran a sus criminales verdugos, quienes han cometido las más terribles atrocidades para invadirlos y someterlos. Ejemplos sobran desde la antigüedad hasta nuestros días. La historia de muchos países ha sido escrita precisamente por los "herederos" de quienes han sido los más implacables violadores de los Derechos Humanos.

Dentro de los más recientes tenemos a Japón. Este país es en la actualidad "socio incondicional" de Estados Unidos quien, una vez rendido al término de la mal llamada II Guerra Mundial, le lanzó ¡dos bombas nucleares!, lo que convirtió a Japón en el único país en el mundo que conoce el horror nuclear y sus dantescas consecuencias. Dentro del plano regional latinoamericano, a lo que los gringos llaman despectivamente su "patio trasero" (sólo algunos ejemplos), la historia dictada en cada país no dice sobre el verdadero "holocausto" que representó la invasión, conquista y colonización por parte de los europeos a este continente americano que costó la vida de más de 80 millones de individuos de los pueblos originarios. Pero aparte y más actual, tenemos que a México, Estados Unidos le robó la mitad de su territorio y el grueso de su población admira a quienes los desprecian, su vecino del norte, República Dominicana (aparte de adorar con locura a Cristóbal Colón, otro criminal invasor) la mayoría de los quisqueyanos se identifica con quien los ha invadido y masacrado, los gringos. Y así podríamos ingresar en esta lista a puertorriqueños, panameños, colombianos, chilenos, peruanos y, en general, diríamos que la población latinoamericana en su gran mayoría, siente admiración y respeto por Estados Unidos y lo colocan como ejemplo a seguir, como el "país de libertad, democracia y justicia". No sabemos qué dirán en la actualidad con el ICE.

Pero Venezuela no escapa. Hasta la llegada al poder del Gigante Comandante Hugo Chávez, en nuestros libros escolares aparecía la tierna expresión "la Pinta, la Niña y la Santa María eran los tres barcos que Colón traía". Le rendíamos tributo a quienes nos masacraron. Nombres de avenidas, calles, levantamiento de estatuas, condecoraciones. Nunca se le ha enseñado a nuestra población con auténtica crudeza cuál fue la verdadera actuación de españoles, alemanes, holandeses, ingleses en la Venezuela colonial. Lo que hicieron es imperdonable. Tampoco se explica con crudeza la actuación de las oligarquías luego de nuestra separación de Colombia. Cuánto daño han hecho. Y así va transcurriendo la falta de veracidad en la narrativa de nuestra historia.

Pero hoy hay que añadir otro hecho inédito en la historia patria que debe ser contada con objetividad. El pasado 3 de enero fuimos invadidos y bombardeados por fuerzas militares de los Estados Unidos de Norteamérica, con un saldo trágico de más de 100 muertos, cientos de heridos y, además, secuestraron al presidente constitucional de la República Nicolás Maduro, así como a su esposa Cilia Flores. Esto constituye una humillación, una bofetada al ordenamiento jurídico internacional. Sencillamente es volver a la Ley de la selva. Y lo más triste es que hay venezolanos que celebran esta criminal acción. No hay ninguna justificación racional para justificar semejante atrocidad.

Ya la humanidad entera sabe quien dió la orden de bombardearnos. Por consejo de mis lectores (empezando por nuestra esposa Luzmila) nos referiremos en los mejores términos a ese personaje, dada su elevada estatura moral y mental, el Dr. Donald J. Trump. Siempre consideraremos que éste personaje está fuera de sus cabales y representa un serio peligro para la humanidad. Por fortuna ante ciertas situaciones, el "estado profundo" de la política norteamericana tiene sus mecanismos para resolver estas circunstancias.

El pasado 4 de febrero no hubo celebración de la acción militar que dio a conocer a nivel popular la Revolución Bolivariana. El único chavista, el valiente capitán Diosdado Cabello, tuvo forzosamente que replegarse a Maracay para que no pasara "por debajo de la mesa" tan significativa fecha histórica. Hoy, 27 de febrero, tampoco hay actividades para recordar aquel día cuando un pueblo venezolano sometido y oprimido, ofrendó con sangre la denuncia al mundo sobre un "modelo" continental de "democracia" injusta y desigual. Imaginamos que en aras de preservar la paz absoluta que vive Venezuela, la embajada dio instrucciones precisas de pasar por alto tales fechas históricas

Pero repetimos, el Ministerio de Educación no debe esperar que editen nuevos libros. Este mismo año escolar, si realmente se tiene dignidad, se debe incluir dentro del pensum de estudio a todos los niveles educativos la explicación y discusión con todo patriotismo de esa acción criminal perpetrada por esa potencia mundial. Es historia. Es una toma de conciencia. No nos volvamos adoradores de nuestros verdugos. Solo con un país en paz podrán llevarse todo el petróleo y demás recursos que necesiten. Claro está, para lograr esto, la embajada tiene la última palabra.



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