¿Adónde se metió la burguesía?

El gobierno de Nicolás Maduro se inició enfrentando una fuerte ofensiva de la derecha venezolana, que intentó desconocer los resultados electorales del 14 de abril y provocó una ola de disturbios en todo el país que generaron más de una decena de muertes, numerosos heridos y daños a instituciones públicas. Esta ofensiva duró varias semanas, pero como por arte de magia el panorama político nacional se ha trastocado, y no necesariamente para bien de la revolución.

Primero, el presidente Maduro se reunió con una serie de sectores empresariales: con Lorenzo Mendoza, amo y señor de las empresas Polar; con Cisneros, dueño de la todopoderosa Venevisión, con los empresarios de Televén, de Globovisión, y otros potentados del capital privado proimperialista.

De seguidas, Maduro da unas declaraciones que inicialmente nos parecían fuera de lugar: existen una serie de infiltrados en las filas revolucionarias, que se hacen llamar intelectuales y que actúan por órdenes de la derecha. Dijo además que los tenía identificados y daba a entender que pronto saltarían la talanquera (http://www.aporrea.org/ideologia/n229129.html).

Paso seguido, se procede a defenestrar al historiador revolucionario Vladimir Acosta de sus programas en la Radio Nacional, y de igual forma se cierran los programas Un Grano de Maíz y el de Martín Guédez. Al mismo tiempo, se revela el audio donde supuestamente Mario Silva realiza graves denuncias sobre la corrupción presente en altas esferas gubernamentales, y la respuesta del gobierno es sacar fuera del aire el programa de VTV del propio Mario Silva. Como antes se había sacado fuera del aire el programa que Nicmer Evans tenía en Canal i (medida ordenada por el empresario bolivariano Wilmer Ruperti, dueño de ese canal).

A continuación, la nueva directiva de Globovisión procede a despedir a los opositores radicales Ismael García y Kiko Bautista, buscando, según afirman los nuevos propietarios, moderar el tono político de la planta televisora. De seguidas, el mismísimo Diosdado Cabello declara en defensa de estos nuevos dueños de Globovisión (http://www.aporrea.org/medios/n229705.html), argumentando que si ellos pusieron los reales tienen derecho a hacer lo que quieran con el canal.

¿QUÉ HA PASADO DENTRO DE LA REVOLUCIÓN PARA CAMBIAR RADICALMENTE EL ESCENARIO POLÍTICO NACIONAL?

Es evidente que ha ocurrido una negociación oculta, a espaldas del pueblo venezolano. No obstante, ha sido tan evidente, que Maduro se ha visto obligado a despotricar públicamente de CNN, como para que no digan que el enemigo se extinguió. Y en los últimos días, se ha armado toda una alharaca contra el gobierno de Colombia por la visita de Capriles a Santos. Pero lo cierto es que el enemigo interno parece haberse extinguido (salvo Capriles, que parece estar aislado en la misma oposición). O peor aún, el enemigo parece haberse mimetizado dentro de la propia revolución.

Algo que queda claro, sin ninguna duda, es que existen de manera pública y notoria una serie de grandes magnates bolivarianos, los famosos BOLIBURGUESES de los cuales se habló mucho pero que nunca aparecían identificados. Juan Domingo Cordero, nuevo dueño de Globovisión, resulta que es un próspero empresario afín a la revolución, nuevo rico de los últimos 14 años, al igual que el mentado Wilmer Ruperti, propietario de Canal i.

La revolución bolivariana, según las propias estadísticas del Banco Central, ha disminuido la parte de la renta nacional que se distribuye a los trabajadores, y ha aumentado la que se orienta hacia los capitalistas. Ahora lo podemos ver de una forma más palpable. Esos capitalistas que han hecho fortuna durante este proceso bolivariano, resulta que son los que determinan la línea comunicacional del gobierno revolucionario. Censuran al que critique mucho, expulsan a los radicales de bando y bando, y pretenden desaparecer la lucha de clases y las contradicciones políticas que han permitido hasta ahora el desarrollo de profundos cambios revolucionarios en nuestro país. Todo el legado transformador del presidente Chávez se ha esfumado repentinamente en los bolsillos de estos burgueses de nuevo cuño.

Ya el empresariado no forma parte de la conspiración golpista, ya no existen contradicciones con la burguesía criolla. Nicolás Maduro termina reconociendo tácitamente, al reunirse y acordar con Empresas Polar, que todo el programa económico de Chávez habría sido un enorme fracaso, y que hoy Venezuela depende más de las exportaciones de alimentos y de la producción privada de lo que dependía en 1998. Al buscar el salvavidas en el empresariado golpista, Maduro está hipotecando la revolución, está dejando a un lado todo el Plan de la Patria 2013-2019 que nos dejó Chávez como proyecto de país, y se entrega en los brazos de los enemigos del pueblo.

Si lo dicho antes no es cierto, pues que los hechos nos lo demuestren. RESTITUYAN A VLADIMIR ACOSTA, RESTITUYAN AL GRANO DE MAÍZ Y A MARTÍN GUÉDEZ, RESTITUYAN A NICMER EVANS EN CANAL I, Y AL PROGRAMA DE MARIO SILVA EN VTV. Desvincúlese de esa boliburguesía que tanto defiende Diosdado Cabello, y mantenga el combate revolucionario en los mismos términos en que lo planteó Hugo Chávez desde el 4 de febrero de 1992.

Si no hay rectificación inmediata de parte de Maduro y su naciente gobierno, está sentando las bases políticas para una profunda ruptura entre el pueblo bolivariano-chavista y esta pseudo-dirigencia que está negociando con los empresarios, tras bambalinas, el futuro político del gobierno bolivariano.

Ya antes se cometieron negociaciones que nunca aprobamos, como la que condujo a la captura y entrega del revolucionario colombiano Joaquín Pérez Becerra al enemigo proimperialista que gobierna en Colombia, así como la misma captura y secuestro indefinido del revolucionario Julián Conrado, además de los acuerdos secretos con Juan Manuel Santos que condujeron al reconocimiento del gobierno golpista de Honduras. Por cierto, para ser coherente con los fuertes señalamientos que el gobierno bolivariano ha hecho contra Santos, DEBERÍA OTORGARSE LA LIBERTAD INMEDIATA Y EL ASILO POLÍTICO A JULIÁN CONRADO, y EXIGIR CON FIRMEZA LA ENTREGA A VENEZUELA DEL REVOLUCIONARIO COLOMBIANO JOAQUÍN PÉREZ BECERRA. Si Santos ha faltado a los acuerdos de Santa Marta, pues corresponde a Maduro liberar a Conrado y exigir la liberación de Pérez Becerra.

Pero ahora la situación es más grave aún, porque ya no es un problema de política exterior, sino de cuestiones que afectan la columna vertebral de esta revolución, que tienen que ver con su programa económico y con su línea comunicacional.

La revolución bolivariana se encuentra en una encrucijada derivada directamente del fallecimiento del comandante Chávez y de los errores evidentes que están cometiendo quienes han quedado a cargo del gobierno. Una serie de problemas originados por una política orquestada de saboteo burgués hacia la revolución, como el desabastecimiento de alimentos en todo el país, los constantes apagones de la crisis eléctrica, el auge delincuencial que amenaza a toda la ciudadanía, y la inflación descontrolada que desmorona la capacidad adquisitiva del salario de los trabajadores, no han podido ser controlados y resueltos por la acción gubernamental, y están reduciendo a marcha forzada el respaldo popular hacia la revolución.

La causa principal de que el gobierno no pueda resolver estos problemas cruciales para la gobernabilidad del país, se debe a que el saboteo está dentro del mismo gobierno, de que la llamada derecha endógena, los alacranes, la tecnoburocracia, o como se le quiera llamar, actúa internamente con plena impunidad, destruyendo las ejecutorias de miles de revolucionarios que honestamente laboran por echar adelante el Plan de la Patria definido por Chávez.

Ese saboteo interno ha logrado acallar a los militantes que realizan críticas muy objetivas y constructivas sobre las fallas del proceso revolucionario. La salida de Vladimir Acosta y demás comunicadores aquí mencionados es evidentemente un logro significativo de esa derecha endógena que busca mayor impunidad para seguir enriqueciéndose y continuar socavando los pilares que todavía sostienen esta revolución bolivariana.

Detrás de toda esta campaña contra los revolucionarios están los Juan Domingo Cordero, Wilmer Ruperti y demás boliburgueses enriquecidos a costa de los favores concedidos por el gobierno, y están también los funcionarios corruptos que han negociado con ellos y los protegen y promueven en el escenario de los ministerios y las empresas estatales.

Como han dicho decenas de camaradas que han opinado en Aporrea sobre el caso de Mario Silva y demás camaradas censurados, la unidad no puede lograrse a través de la censura y exclusión de los comunicadores revolucionarios más destacados, ni se puede lograr consenso sobre la base de desconocer los errores y hacerse la vista gorda de la corrupción e inoperancia presentes en múltiples instituciones estatales. Eso no sería unidad para fortalecer la revolución. Esa falsa unidad no busca otra cosa que hundir el propio proceso revolucionario, pues está construida en base a la censura y la descalificación hacia los militantes más virtuosos de este proceso, está construida sobre la aceptación de la corrupción como una conducta aceptable que debe ser ignorada en bien de la revolución.

Eficiencia o Nada y Golpe de Timón, como nos legara el Comandante Chávez, son las consignas que deben retumbar nuevamente en todos los rincones del país. Sin rectificación urgente se pone en duda el rumbo que está tomando la revolución bolivariana.



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