El desafío del PSUV aún está pendiente

Compartimos la preocupación del Presidente Hugo Chávez respecto a la necesidad de construir y organizar el PSUV en todo el territorio venezolano como un asunto de primer orden para luego atender la vorágine de precandidaturas a los diversos cargos de elección popular que se desencadenara durante los meses iniciales del año. Sin embargo, la realidad choca con esta aspiración, ya que se han dado muestras dentro del PSUV de ignorar los acontecimientos y sentimientos desatados (si se hace caso de los resultados del referéndum constitucional del 2 de diciembre) entre un buen número de venezolanos y venezolanas que, sin pasarse a las filas opositoras, sí evidencian su descontento y frustración ante las deficiencias presentadas por el proceso revolucionario bolivariano en estos ocho años de vigencia. En este caso, el llamado de atención y la amenaza pronunciada por Chávez de expulsar del PSUV a quienes ya han manifestado, de una u otra manera, sus aspiraciones de ser electos por las bases militantes como candidatos y candidatas a las elecciones regionales de noviembre próximo, representa un arma de doble filo que pudiera favorecer, precisamente, a quienes, enemigos soterrados del socialismo y de la revolución bolivariana, ahora se muestran como los más revolucionarios del mundo, contando para ello con suficientes recursos económicos y nexos políticos que les asegurarían, desde ya, la nominación del PSUV y demás fuerzas políticas del chavismo en detrimento de quienes estarían mejor sincronizados con el proceso revolucionario y el planteamiento aún pendiente de transferirle efectivamente el poder al pueblo, siendo éste un momento que, lejos de ser postergado, debiera permitirse para que todos los aspirantes hagan llegar a toda la militancia del PSUV su visión de cómo sería su gestión, de resultar electos gobernadores, alcaldes o legisladores regionales.

Si en lugar de esto último, se atiende a la exhortación de Chávez, podría producirse entonces una cacería de brujas que ya algunos grupos o individualidades estarían montando, de manera particularmente interesada, para sacar del camino a aquellos que tengan la audacia de hacer públicas sus aspiraciones candidaturales dentro del PSUV, teniendo la posibilidad de resultar favorecidos por el voto mayoritario de las bases. Aquellos que así lo piensan, están justamente auspiciando la división de las fuerzas bolivarianas, puesto que una de las quejas reiteradas de las bases del chavismo es que exista unidad y no más imposiciones cupulares que desconozcan su participación y su protagonismo democráticos. Esto haría evidente que no existe ninguna autonomía ni voluntad de parte de la dirigencia provisional del PSUV para hacer de éste una organización auténticamente revolucionaria, capaz de lograr cierto consenso interno en relación al momento y las reglas para anunciar las precandidaturas que puedan surgir e iniciar así la campaña electoral propiamente dicha. Al contrario de lo que se piensa, esto demostraría que existe no solo voluntad sino también madurez política dentro del PSUV, cosa que haría de esta organización partidista el instrumento revolucionario que requiere el proceso bolivariano para su consolidación definitiva, teniendo siempre presente el ejercicio de la democracia participativa.

Esta sería una manera idónea para frenar la tendencia sectaria que algunos dirigentes pretenderían imponerle a este partido político revolucionario en formación, excusándose con el argumento de favorecer el surgimiento de rostros nuevos, obviando el aspecto ideológico y aún más la búsqueda e implementación del cambio estructural que definiría el socialismo del siglo XXI. Ahora que ya se conoce la composición de la dirección nacional del PSUV, donde convergen diversidad de caracteres e ideologías, sólo agrupadas en torno al liderazgo de Hugo Chávez, el reto sigue siendo el mismo: hacer del PSUV un instrumento revolucionario que coadyuve a fomentar la organización, la formación y el rol político de los sectores populares, dándole espacio a la toma de decisiones por la base, sin imposiciones cupulares; al mismo tiempo que servir de contraloría social permanente de la gestión gubernamental en todos los niveles. Por ello mismo, el desafío que tiene ante sí el PSUV para convertirse en bastión seguro de las transformaciones políticas, sociales, culturales y económicas que entraña el proceso revolucionario bolivariano se mantiene intacto. Esto debieran comprenderlo bien todos sus dirigentes y militantes, puesto que no basta con que se tenga una maqueta de candidatos potenciales para las elecciones si no se corrigen las graves deficiencias que han comenzado a evidenciarse, producto de la actuación reformista y corrupta de quienes tuvieron la buena fortuna de arrimarse a Chávez a tiempo, disfrazándose de revolucionarios y socialistas.-

mandingacaribe@yahoo.es


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Homar Garcés


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