Como caca de ratones. En liguitas de sujetar billetes vemos la crisis o clímax revolucionario

El clímax de querer, uno no entiende por qué, de algunos "revolucionarios", reproducir de manera deliberada lo sucedido en otros lados, dando por un hecho definitivo que aquello es lo ideal, pese haber hablado, por alguna o muchas razones, del "Socialismo del siglo XXI", creo haberlo hallado en las liguitas para sujetar los billetes.

De repente, sobre uno se vino como el tiempo acumulado y empezamos a envejecer rápidamente; una vaina que pudo estar en los planes gringos, pero también en uno que se dejó hacer. Pues no es descartable que entre nosotros haya quien crea que la ruindad y este como abandono, de pueblos fantasmas, son los estados ideales para quienes añoran y esperan una revolución. El flamante Ministerio de planificación, en una como concordancia esotérica con los gringos, pudo haber diseñado eso del empobrecimiento total y absoluto, ¡algo debe hacer!, para que nuestra "revolución" se pareciese a las anteriores, a esas que les cayó moho, arrugas y hasta se llenaron de desechos, lo que sin tomar en cuenta las particularidades, ya nos definía como una sociedad cambiando hacia uno no sabe dónde, pero en eso. Los motores son mohosos, tanto que sus piezas se pegan, no arrancan y parecen haber sido diseñados para eso.

Pero resulta que ni siquiera los cubanos, de Fidel y Raúl para abajo, no hubiesen querido nunca pasar justo por dónde pasaron y están; en cambio la dirigencia venezolana, sobre todo la que planifica, pudiera creer, su palabra vaya por delante, que para que haya revolución necesariamente hay que pasar por allí, por todos esos recovecos y privaciones. Algo así como que para tener quince años hay que pasar por catorce, como mi última nieta. El flagelarse para ser santo. O la vieja idea que para ser revolucionario hay que haber nacido en el cruce hacia el abandono, desahucio. Es decir, asocian esta cualidad (¿será así?) y hasta al socialismo con la pobreza, la herrumbre, fábricas paradas, espacios de fantasmas y para vuelos de bandadas de murciélagos, decorados con profusa telaraña y caca de ratones. Para hacer la revolución, quizás reivindican, hay que arrancar de la pobreza, regodearse en ella, alzar el vuelo y volver a ella como quien navega en círculos; pues si sales de ese mundo dejarías de ser revolucionario. La revolución es partir de la pobreza para regresar a ella, pues si no regresas corres el riesgo de dejar de serlo y pasarte al enemigo. Es como si la pobreza se convierte en estado ideal o modelo digno de imitar y no querer quitársela nunca de encima o es indispensable para el arranque. Quienes de ella no vienen, pero piensan que es algo hermoso, porque basta ser pobre para llegar a la cumbre, que lo es para ellos ser un como revolucionario original, un incunable, un eslabón encontrado -¿o perdido?-, de cuna y marca de fábrica óptima, vainas de estómagos sensibles que con agua se indigestan, estando en el gobierno, sobre todo donde nunca llegará la pobreza, más si el TSJ eliminó la limitación de los 12 salarios mínimos, harán lo necesario para que la pobreza se expanda; pues según lo que creen, ello hará al pueblo aquel que siempre ha sido pobre y este que ahora por aquella es atrapado, se haga más revolucionario y dispuesto para el cambio. No se sabe cuál a ciencia cierta.

Es una vaina revolucionaria según la cual, debo ser un sujeto al cual agredan, vejen, humillen y ante eso uno reacciona sin poder, y por no poder, despierta afuera un sentimiento de piedad, compasión, que debe traducirse en reacción para devolverme mi pudor y derechos. Y para que me humillen debo dar la imagen apropiada para ser sujeto de eso.

Cuba no tiene petróleo. Eso significa que nunca tuvo ese poder, el derivado de un ingreso sustancial en dólares que pudiera servir para muchas cosas. Cuba es una isla y sus vecinos, en buena medida, están lejanos. O mejor como que si no los tiene. Lo que no quiere decir que esté sóla y carezca de solidarios. No estaba, ni ha estado sujeta a que nadie, víctima de la pobreza, miseria, persecución, que se sintiese tentado a tomar camino hacia allá para "resolverse". Por eso Cuba, no pasó de ser eso que solemos llamar un "efecto ecuménico", o idealismo puro, una cosa como para imitar, allá como lejos o difícil de caerle, pero no para pegarse a ella como una ventosa. Azúcar era lo de Cuba y el capitalismo se encargó, sin dificultad alguna, que eso no sustentase aquel atrevimiento. Por eso Cuba pasó a ser un alfil, (lo pensé bien), en el tablero de la guerra fría en el cual jugaron gringos y soviéticos. Pero también una tarima o vidriera para distraer o generar expectativas distintas a lo que se exhibía en el escenario principal. Las desviaciones, por decirlo cautelosamente, que aquello generó, es lo de menos.

Pero nosotros parecemos haber creído que en aquello se jugó el destino del mundo. Los gringos mantuvieron a Cuba, desaparecido el régimen soviético y los regímenes y qué socialistas de Europa oriental, para lo cual se valieron del bloqueo, como un escaparate donde se exhibe la presunta incapacidad del socialismo para satisfacer la necesidades materiales de la gente. Todas las privaciones de los cubanos, derivadas del bloqueo y de un proyecto que poco ha tenido que ver con el socialismo y si mucho con la experiencia soviética, han sido exhibidas al mundo y sobre todo a América Latina, como "pruebas" de la incompetencia y pertinencia de aquel modelo distinto al capitalismo que los soñadores ofrecemos para sustituir a este.

Pero al mismo tiempo que los agentes del capitalismo se empeñan en lo suyo, es decir, en mantener esa imagen del socialismo, de agente de la pobreza, el envejecimiento, atraso y hasta deterioro, los presuntos revolucionarios la reclaman como suya. Intentan exhibirla como su estandarte y hasta su razón de ser. Algo así como si andar con la ropa ajada, sucia y mal oliente, es decir, el resumen de la pobreza, fuese la imagen del cambio, la justicia y en definitiva la revolución que queremos. Es como algo religioso, la pobreza te acerca a Dios y hace objeto de su misericordia. Entonces seamos pobres; es lo revolucionario.

Cuando uno va al banco, le dan por montones, todavía, pese a que según lo dicho y "planificado", ya debían haber salido de circulación, puros billetes de 100 que de paso dan muestras de envejecimiento y suciedad. Más acordes con el estado todo de la sociedad venezolana que los billetes nuevos o de lo llaman el "nuevo cono monetario". De estos, uno no sabe si es que el Banco Central suelta muy pocos o pocos tiene. Entonces de los de 100 deben darnos muchos porque siempre serán pocos, tanto que un kilo de masa de maíz equivale a 25 de esos billetes. Si uno compra dos kilos, como hago dos veces a la semana, debe llevar cincuenta de esa especie de papel moneda. Y me vengo a casa, como en el pasado, cuando uno debía espantar las gallinas de la sala, con una bolsa de lo que será "el pan" por dos días. Menos mal que el bulto se equilibra, pues dejé, donde compré la masa, una paca de billetes. Son tantos los billetes que, en el banco o en el bolsillo de la gente, ellos van amarrados con una liguita o esas banditas de goma muy delgadas.

Esas liguitas por cierto, como los billetes, reflejan el estado en que estamos viviendo. Apenas uno las estira se revientan y al palparlas se observa cómo se disuelven. El solo calor de los bolsillos las destruye. Parecieran haber salido de un viejo pozo o depósito donde estuvieron para llegado a este momento hacer su aparición; quizás ellas tengan algo de conciencia y se ocultaron, pues su flacura y debilidad no eran cualidades propias para exhibirse en aquellos tiempos del dólar a pocos bolívares y el barril de petróleo a más de 120 del signo monetario gringo. No era el momento revolucionario, sino este. Los planificadores de la revolución dicen que en las dificultades ellos se crecen. Son ellas como las de moda, flacas; las gordas y "caderúas" son de otro tiempo.

Esas liguitas, bien pudieran servir para usarlas como un símbolo de la época. Estuvieron escondidas, acumulando años y deterioro para estar a tono con los tiempos. Por su flacura y debilidad parecieran recoger el concepto que mucho "revolucionario" tiene de lo que debemos ser. ¿Lo de las liguitas será planificado? ¿O las liguitas, ellas por su iniciativa, se volvieron imagen de los tiempos de cambio?

Son los gringos quienes nos quieren pobres y mendigos; por eso nos bloquean y nos ponen trabas de todo tipo, contra eso debe reaccionar el gobierno y no refocilarse en la pobreza como camino a lo grande.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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