La subsunción del Trabajo al Capital y su implicación en la experiencia de CVG-Alcasa

3° Avance del proceso investigativo

LA SUBSUNCIÓN DEL TRABAJO AL CAPITAL Y  SU IMPLICACIÓN EN LA EXPERIENCIA DE CVG-ALCASA

“…la autonomía obrera es posible con el desarrollo de la investigación, desde la valorización hacia la acumulación, desde la circulación hacia la producción (en la unidad de la producción y circulación evidentemente) desde el beneficio hacia los modos de extracción de la plusvalía (absoluta y relativa) (...)Solamente restaurando el espesar productivo del proceso de trabajo, se deriva la única autonomía que impulsará el curso de lo historia, lo autonomía de lo clase obrera, sujeto y no objeto."

                                                                                                                                                               Christian Palloix.

Continuando con el proceso investigativo (con las lecturas y estrategias metodológicas recomendadas: lectura global, subrayado, fichaje, resumen interpretativo.) hacemos entrega de este tercer avance, el cual conjuntamente con las anteriores, le sirve de marco teórico-documental al seminario que haremos en la UBV el próximo 3 de Diciembre, donde discutiremos sobre el fetichismo de la mercancía, sus implicaciones epistemológicas  y sus múltiples  concreciones en la enajenación del trabajo.

CONTENIDO

I.- LA ENAJENACION DEL TRABAJO EN LOS MANUSCRITOS ECONOMICOS FILOSOFICOS DE 1844.

II.- EL PROCESO DE TRABAJO Y PROCESO DE VALORIZACION EN EL CAPITAL.

III.- LA SUBSUNCION FORMAL Y REAL EN EL CAPITULO VI (INEDITO) EL CAPITAL

Carlos Marx. “Manuscritos económicos y filosóficos de 1844” .México, Siglo XXI, 1980

El trabajo enajenado

(XXII) Hemos partido de los presupuestos de la Economía Política. Hemos aceptado su terminología y sus leyes. Damos por supuestas la propiedad privada, la separación del trabajo, capital y tierra, y la de salario, beneficio del capital y renta de la tierra; admitamos la división del trabajo, la competencia, el concepto de valor de cambio, etc. Con la misma Economía Política, con sus mismas palabras, hemos demostrado que el trabajador queda rebajado a mercancía, a la más miserable de todas las mercancías; que la miseria del obrero está en razón inversa de la potencia y magnitud de su producción; que el resultado necesario de la competencia es la acumulación del capital en pocas manos, es decir, la más terrible reconstitución de los monopolios; que, por último; desaparece la diferencia entre capitalistas y terratenientes, entre campesino y obrero fabril, y la sociedad toda ha de quedar dividida en las dos clases de propietarios y obreros desposeídos.

La Economía Política parte del hecho de la propiedad privada, pero no lo explica. Capta el proceso material de la propiedad privada, que esta recorre en la realidad, con fórmulas abstractas y generales a las que luego presta valor de ley. No comprende estas leyes, es decir, no prueba cómo proceden de la esencia de la propiedad privada. La Economía Política no nos proporciona ninguna explicación sobre el fundamento de la división de trabajo y capital, de capital y tierra. Cuando determina, por ejemplo, la relación entre beneficio del capital y salario, acepta como fundamento último el interés del capitalista, en otras palabras, parte de aquello que debería explicar. Otro tanto ocurre con la competencia, explicada siempre por circunstancias externas. En qué medida estas circunstancias externas y aparentemente casuales son sólo expresión de un desarrollo necesario, es algo sobre lo que la Economía Política nada nos dice. Hemos visto cómo para ella hasta el intercambio mismo aparece como un hecho ocasional. Las únicas ruedas que la Economía Política pone en movimiento son la codicia y la guerra entre los codiciosos, la competencia.

Justamente porque la Economía Política no comprende la coherencia del movimiento pudo, por ejemplo, oponer la teoría de la competencia a la del monopolio, la de la libre empresa a la de la corporación, la de la división de la tierra a la del gran latifundio, pues competencia, libertad de empresa y división de la tierra fueron comprendidas y estudiadas sólo como consecuencias casuales, deliberadas e impuestas por la fuerza del monopolio, la corporación y la propiedad feudal, y no como sus resultados necesarios, inevitables y naturales.

Nuestra tarea es ahora, por tanto, la de comprender la conexión esencial entre la propiedad privada, la codicia, la separación de trabajo, capital y tierra, la de intercambio y competencia, valor y desvalorización del hombre; monopolio y competencia; tenemos que comprender la conexión de toda esta enajenación con el sistema monetario.

No nos coloquemos, como el economista cuando quiere explicar algo, en una imaginaria situación primitiva. Tal situación primitiva no explica nada, simplemente traslada la cuestión a uña lejanía nebulosa y grisácea. Supone como hecho, como acontecimiento lo que debería deducir, esto es, la relación necesaria entre dos cosas, Por ejemplo, entre división del trabajo e intercambio. Así es también como la teología explica el origen del mal por el pecado original dando por supuesto como hecho, como historia, aquello que debe explicar.

Nosotros partimos de un hecho económico, actual.

El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce. La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general.

Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, que se ha hecho cosa; el producto es la objetivación del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo aparece en el estadio de la Economía Política como desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación.

Hasta tal punto aparece la realización del trabajo como desrealización del trabajador, que éste es desrealizado hasta llegar a la muerte por inanición. La objetivación aparece hasta tal punto como perdida del objeto que el trabajador se ve privado de los objetos más necesarios no sólo para la vida, sino incluso para el trabajo. Es más, el trabajo mismo se convierte en un objeto del que el trabajador sólo puede apoderarse con el mayor esfuerzo y las más extraordinarias interrupciones. La apropiación del objeto aparece en tal medida como extrañamiento, que cuantos más objetos produce el trabajador, tantos menos alcanza a poseer y tanto más sujeto queda a la dominación de su producto, es decir, del capital.

Todas estas consecuencias están determinadas por el hecho de que el trabajador se relaciona con el producto de su trabajo como un objeto extraño. Partiendo de este supuesto, es evidente que cuánto más se vuelca el trabajador en su trabajo, tanto más poderoso es el mundo extraño, objetivo que crea frente a sí y tanto mas pobres son él mismo y su mundo interior, tanto menos dueño de si mismo es. Lo mismo sucede en la religión. Cuanto más pone el hombre en Dios, tanto memos guarda en si mismo. El trabajador pone su vida en el objeto pero a partir de entonces ya no le pertenece a él, sino al objeto. Cuanto mayor es la actividad, tanto más carece de objetos el trabajador. Lo que es el producto de su trabajo, no lo es él. Cuanto mayor es, pues, este producto, tanto más insignificante es el trabajador. La enajenación del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia exterior, sino que existe fuera de él, independiente, extraño, que se convierte en un poder independiente frente a é; que la vida que ha prestado al objeto se le enfrenta como cosa extraña y hostil.

(XXIII) Consideraremos ahora más de cerca la objetivación, la producción del trabajador, y en ella el extrañamiento, la pérdida del objeto, de su producto.

El trabajador no puede crear nada sin la naturaleza, sin el mundo exterior sensible. Esta es la materia en que su trabajo se realiza, en la que obra, en la que y con la que produce.

Pero así como la naturaleza ofrece al trabajo medios de vida, en el sentido de que el trabajo no puede vivir sin objetos sobre los que ejercerse, así, de otro lado, ofrece también víveres en sentido estricto, es decir, medios para la subsistencia del trabajador mismo.

En consecuencia, cuanto más se apropia el trabajador el mundo exterior, la naturaleza sensible, por medio de su trabajo, tanto más se priva de víveres en este doble sentido; en primer lugar, porque el mundo exterior sensible cesa de ser, en creciente medida, un objeto perteneciente a su trabajo, un medio de vida de su trabajo; en segundo término, porque este mismo mundo deja de representar, cada vez más pronunciadamente, víveres en sentido inmediato, medios para la subsistencia física del trabajador.

El trabajador se convierte en siervo de su objeto en un doble sentido: primeramente porque recibe un objeto de trabajo, es decir, porque recibe trabajo; en segundo lugar porque recibe medios de subsistencia. Es decir, en primer término porque puede existir como trabajador, en segundo término porque puede existir como sujeto físico. El colmo de esta servidumbre es que ya sólo en cuanto trabajador puede mantenerse como sujeto físico y que sólo como sujeto físico es ya trabajador.

(La enajenación del trabajador en su objeto se expresa, según las leyes económicas, de la siguiente forma: cuanto más produce el trabajador, tanto menos ha de consumir; cuanto más valores crea, tanto más sin valor, tanto más indigno es él; cuanto más elaborado su producto, tanto más deforme el trabajador; cuanto más civilizado su objeto, tanto más bárbaro el trabajador; cuanto mis rico espiritualmente se hace el trabajo, tanto más desespiritualizado y ligado a la naturaleza queda el trabajador.)

La Economía Política oculta la enajenación esencial del trabajo porque no considera la relación inmediata entre el trabajador (el trabajo) y la producción.

Ciertamente el trabajo produce maravillas para los ricos, pero produce privaciones para el trabajador. Produce palacios, pero para el trabajador chozas. Produce belleza, pero deformidades para el trabajador. Sustituye el trabajo por máquinas, pero arroja una parte de los trabajadores a un trabajo bárbaro, y convierte en máquinas a la otra parte. Produce espíritu, pero origina estupidez y cretinismo para el trabajador.

La relación inmediata del trabajo y su producto es la relación del trabajador y el objeto de su producción. La relación del acaudalado con el objeto de la producción y con la producción misma es sólo una consecuencia de esta primera relación y la confirma. Consideraremos más tarde este otro aspecto.

Cuando preguntamos, por tanto, cuál es la relación esencial del trabajo, preguntamos por la relación entre el trabajador y la producción.

Hasta ahora hemos considerado el extrañamiento, la enajenación del trabajador, sólo en un aspecto, concretamente en su relación con el producto de su trabajo. Pero el extrañamiento no se muestra sólo en el resultado, sino en el acto de la producción, dentro de la actividad productiva misma. ¿Cómo podría el trabajador enfrentarse con el producto de su actividad como con algo extraño si en el acto mismo de la producción no se hiciese ya ajeno a sí mismo? El producto no es más que el resumen de la actividad, de la producción. Por tanto, si el producto del trabajo es la enajenación, la producción misma ha de ser la enajenación activa, la enajenación de la actividad; la actividad de la enajenación. En el extrañamiento del producto del trabajo no hace más que resumirse el extrañamiento, la enajenación en la actividad del trabajo mismo.

¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo?

Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a si mismo, sino a otro…”

FICHAJE

“Con la misma Economía Política, con sus mismas palabras, hemos demostrado que el trabajador queda rebajado a mercancía, a la más miserable de todas las mercancías; que la miseria del obrero está en razón inversa de la potencia y magnitud de su producción; que el resultado necesario de la competencia es la acumulación del capital en pocas manos, es decir, la más terrible reconstitución de los monopolios; que, por último; desaparece la diferencia entre capitalistas y terratenientes, entre campesino y obrero fabril, y la sociedad toda ha de quedar dividida en las dos clases de propietarios y obreros desposeídos…”

Ficha 1

“Nuestra tarea es ahora, por tanto, la de comprender la conexión esencial entre la propiedad privada, la codicia, la separación de trabajo, capital y tierra, la de intercambio y competencia, valor y desvalorización del hombre; monopolio y competencia; tenemos que comprender la conexión de toda esta enajenación con el sistema monetario.

No nos coloquemos, como el economista cuando quiere explicar algo, en una imaginaria situación primitiva. Tal situación primitiva no explica nada, simplemente traslada la cuestión a uña lejanía nebulosa y grisácea. Supone como hecho, como acontecimiento lo que debería deducir, esto es, la relación necesaria entre dos cosas…”

Ficha 2

“El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce. La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general.”

Ficha 3

“Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, que se ha hecho cosa; el producto es la objetivación del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo aparece en el estadio de la Economía Política como desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación”.

Ficha 4

“…La apropiación del objeto aparece en tal medida como extrañamiento, que cuantos más objetos produce el trabajador, tantos menos alcanza a poseer y tanto mas sujeto queda a la dominación de su producto, es decir, del capital.

Todas estas consecuencias están determinadas por el hecho de que el trabajador se relaciona con el producto de su trabajo como un objeto extraño…”

Ficha 5

“…La enajenación del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia exterior, sino que existe fuera de él, independiente, extraño, que se convierte en un poder independiente frente a él; que la vida que ha prestado al objeto se le enfrenta como cosa extraña y hostil.”

Ficha 6

“(La enajenación del trabajador en su objeto se expresa, según las leyes económicas, de la siguiente forma: cuanto más produce el trabajador, tanto menos ha de consumir; cuanto más valores crea, tanto más sin valor, tanto más indigno es él; cuanto más elaborado su producto, tanto más deforme el trabajador; cuanto más civilizado su objeto, tanto más bárbaro el trabajador; cuanto mis rico espiritualmente se hace el trabajo, tanto más desespiritualizado y ligado a la naturaleza queda el trabajador.)

La Economía Política oculta la enajenación esencial del trabajo porque no considera la relación inmediata entre el trabajador (el trabajo) y la producción…”

Ficha 7

“…Pero el extrañamiento no se muestra sólo en el resultado, sino en el acto de la producción, dentro de la actividad productiva misma. ¿Cómo podría el trabajador enfrentarse con el producto de su actividad como con algo extraño si en el acto mismo de la producción no se hiciese ya ajeno a sí mismo? El producto no es más que el resumen de la actividad, de la producción. Por tanto, si el producto del trabajo es la enajenación, la producción misma ha de ser la enajenación activa, la enajenación de la actividad; la actividad de la enajenación. En el extrañamiento del producto del trabajo no hace más que resumirse el extrañamiento, la enajenación en la actividad del trabajo mismo.”

Ficha 8

“Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo…”

Ficha 9

“…Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a si mismo, sino a otro…”

Ficha 10

RESUMEN INTERPRETATIVO

En estos manuscritos económicos – filosóficos, Marx plantea la tarea de comprender la “conexión esencial” entre la propiedad privada, la codicia, la separación de trabajo, el valor y desvalorización del hombre:

  • La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas.
  • El objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, que se ha hecho cosa.
  • Desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación.
  • La enajenación del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia exterior, sino que existe fuera de él, independiente, extraño, que se convierte en un poder independiente frente a él; que la vida que ha prestado al objeto se le enfrenta como cosa extraña y hostil.
  • Si el producto del trabajo es la enajenación, la producción misma ha de ser la enajenación activa, la enajenación de la actividad; la actividad de la enajenación. En el extrañamiento del producto del trabajo no hace más que resumirse el extrañamiento, la enajenación en la actividad del trabajo mismo.
  • El trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu.
  • Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo.
  • La Economía Política oculta la enajenación esencial del trabajo porque no considera la relación inmediata entre el trabajador (el trabajo) y la producción.

II.- EL PROCESO DE TRABAJO Y PROCESO DE VALORIZACION EN EL CAPITAL

Carlos Marx. El Capital. Ob cit.Tomo I   

PROCESO DE TRABAJO Y PROCESO DE VALORIZACION 

1.    El proceso de trabajo

“... El trabajo vivo tiene que hacerse cargo de estas cosas, resucitarlas de entre los muertos, convertirlas de valores de uso potenciales en valores de uso reales y activos. Lamidos por el fuego del trabajo, devorados por éste como cuerpos suyos, fecundados en el proceso de trabajo con arreglo a sus funciones profesionales y a su destino, estos valores de uso son absorbidos, pero absorbidos de un modo provechoso y racional, como elementos de creación de nuevos valores de uso, de nuevos productos, aptos para , ser absorbidos a su vez como medios de vida por el consumo  individual o por otro nuevo proceso de trabajo, sí se trata de medios de producción, Por tanto, los productos existentes no son solamente resultados del proceso de trabajo, sino también condiciones de existencia de este; además, su incorporación al proceso de trabajo, es decir, su contacto con el trabajo vivo es el único medio de conservar y realizar corno valores de uso estos productos de un trabajo anterior. El trabajo devora sus elementos materiales, su objeto y sus instrumentos, se alimenta de ellos –, es, por tanto, su proceso de consumo. Este consumo productivo se distingue del consumo individual en que éste devora los productos como medios de vida del ser viviente, mientras que aquél los absorbe como medios de vida del trabajo, de la fuerza de trabajo del individuo, puesta en acción. El producto del consumo individual, es, por tanto, el consumidor mismo; el fruto del consumo productivo es un producto distinto del consumidor. En todos aquellos casos en que recae sobre productos y se ejecuta por medio de ellos, el trabajo devora productos para crear  productos, o desgasta productos corno medios de producción de otros nuevos. Pero, si en un principio, el proceso de trabajo se entablaba solamente entre el hombre y la tierra, es decir, entre el hombre y algo que existía sin su cooperación, hoy intervienen todavía en él medios de producción creados directamente por la naturaleza y que no presentan la menor huella de trabajo humano.       El proceso de trabajo, tal y como lo hemos estudiado, es decir, fijándonos solamente en sus elementos simples y abstractos, es la actividad racional encaminada a la producción de valores de uso, la asimilación de las materias naturales al servicio de las necesidades humanas, la condición general del intercambio de materias entre la naturaleza y el hombre, la condición natural eterna de la vida humana, y por tanto, independiente de las formas y modalidades de esta vida y común a todas las formas sociales por igual. Por eso, para exponerla, no hemos tenido necesidad de presentar al trabajador en relación con otros. Nos bastaba con presentar al hombre y su trabajo de una parte, y de otra la naturaleza y sus materias. Del mismo modo que el sabor del pan no nos dice quién ha cultivado el trigo, este proceso no nos revela tampoco las condiciones bajo las cuales se ejecutó, no nos descubre si se ha desarrollado bajo el látigo brutal del capataz de esclavos o bajo la mirada medrosa del capitalista, sí ha sido Cincinato quien lo ha ejecutado, labrando su par de jugera, o ha sido el salvaje que derriba a una bestia de una pedrada. 10 Retornemos a nuestro capitalista in spe. (38) Le habíamos dejado en el mercado de mercancías, comprando todos los elementos necesarios para un proceso de trabajo: los elementos materiales o medios de producción y los elementos personales, o sea la fuerza de trabajo. Con la mirada alerta del hombre que conoce el terreno que pisa, el capitalista en ciernes elige los medios de producción y las fuerzas de trabajo más convenientes para su rama especial de industria: hilados, fabricación de zapatos, etc. Nuestro capitalista se dispone, pues, a consumir la mercancía que ha comprado, la fuerza de trabajo, es decir, hace que su poseedor, o sea, el obrero, consuma trabajando los medios de producción. Claro está que el carácter general del proceso de trabajo no varía por el hecho de que el obrero lo ejecute para el capitalista, en vez de ejecutarlo para sí. Tampoco cambia, de primera intención, porque en este proceso venga a deslizarse el capitalista, la manera concreta de hacer botas o de hilar hebra. El capitalista empieza, como es lógico, tomando la fuerza de trabajo tal y corno se la brinda el mercado, y lo mismo, naturalmente, su trabajo, fruto de una época en que no existían capitalistas. Tiene que pasar todavía algún tiempo para que el sistema de producción se transforme por efecto de la sumisión del trabajo al capital; por eso no habremos de estudiar aquí, sino en su lugar, esta transformación. Ahora bien, el proceso de trabajo, considerado como proceso de consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista, presenta dos fenómenos característicos. El obrero trabaja bajo el control del capitalista, a quien su trabajo pertenece. El capitalista se cuida de vigilar que este trabajo se ejecute como es debido y que los medios de producción se empleen convenientemente, es decir, sin desperdicio de materias primas y cuidando de que los instrumentos de trabajo se traten bien, sin desgastarse más que en aquella parte en que lo exija su empleo racional. Pero hay algo más, y es que el producto es propiedad del capitalista y no del productor directo, es decir, del obrero. El capitalista paga, por ejemplo, el valor de un día de fuerza de trabajo. Es, por tanto, dueño de utilizar como le convenga, durante un día, el uso de esa fuerza de trabajo, ni más ni menos que el de otra mercancía cualquiera, v. gr. el de un caballo que alquilase durante un día. El uso de la mercancía pertenece a su comprador, y el poseedor de la fuerza de trabajo sólo puede entregar a éste el valor de uso que le ha vendido entregándole su trabajo. Desde el instante en que pisa el taller del capitalista, el valor de uso de su fuerza de trabajo, y por tanto su uso, o sea, el trabajo, le pertenece a éste. Al comprar la fuerza de trabajo, el capitalista incorpora el trabajo del obrero, como fermento vivo, a los elementos muertos de creación del producto, propiedad suya también. Desde su Punto de vista, el proceso de trabajo no es más que el consumo de la mercancía fuerza de trabajo comprada por él, si bien sólo la puede consumir facilitándole medios de producción. El proceso de trabajo es un proceso entre objetos comprados por el capitalista, entre objetos pertenecientes a él Y el producto de este proceso le pertenece, por tanto, a él, al capitalista, ni más ni menos que el producto del proceso de fermentación de los vinos de su bodega. 11

2.   El proceso de valorización 

El producto –propiedad del capitalista– es un valor de uso: hilado, botas, etc. Pero, aunque las botas, por ejemplo, formen en cierto modo la base del progreso social y nuestro capitalista sea un hombre progresivo como el que más, no fabrica las botas por amor al arte de producir calzado. El valor de uso no es precisamente, en la producción de mercancías, la cosa qu'on aime pour lut–meme. (39) En la producción de mercancías los valores de uso se producen pura y simplemente porque son y en cuanto son la encarnación material, el, soporte del valor de cambio . Y nuestro capitalista persigue dos objetivos. En primer lugar, producir un valor de uso que tenga un valor de cambio, producir un artículo destinado a la venta, una mercancía . En segundo lugar, producir una mercancía cuyo valor cubra y rebase la suma de valores de las mercancías invertidas en su producción , es decir, de los medios de producción y de la fuerza de trabajo, por los que adelantó su buen dinero en el mercado de mercancías. No le basta con producir un valor de uso ; no, él quiere producir una mercancía ; no sólo un valor de uso, sino un valor; y tampoco se contenta con un valor puro y simple, sino que aspira a una plusvalía , a un valor mayor . Hasta aquí, nos hemos limitado a estudiar un aspecto del proceso, pues se trata de la producción de mercancías. Y así como la mercancía es unidad de valor de uso y valor , su proceso de producción tiene necesariamente que englobar dos cosas: un proceso de producción y un proceso de creación de valor . Sabemos que el valor de toda mercancía se determina por la cantidad de trabajo materializado en su valor de uso, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción . …”

“…Tanto da que compre su casa particular, lista y terminada, en el mercado o que la mande edificar: ninguna de estas operaciones aumentará el dinero invertido en adquirir la casa. Tal vez el capitalista, versado en materia de economía vulgar, diga que ha desembolsado su dinero con la intención de obtener del negocio mas dinero del que invirtió. Pero, el infierno está empedrado de buenas intenciones, y del mismo modo podía abrigar la de obtener dinero sin producir. 15 El capitalista amenaza. No volverán a engañarle. En adelante, comprará la mercancía, lista y terminada, en el mercado, en vez de fabricarla por su cuenta. Pero, si todos sus hermanos capitalistas hacen lo mismo, ¿de dónde van a salir las mercancías, para que él se encuentre con ellas en el mercado? No va a comerse su dinero. El capitalista sermonea. Nos habla de su abstinencia. Dice que podía haberse gastado para su placer los 15 chelines, y que, en vez de hacerlo, los ha consumido productivamente, convirtiéndolos en hilado. Gracias a ello, tiene en sus manos hilado, en vez de tener remordimientos. Y no va a dejarse arrastrar nuevamente a la tentación del atesorador, pues ya veíamos, en el ejemplo de éste, lo que daba de sí el ascetismo. Además, al que nada tiene el rey le hace libre. Y por grandes que sean los méritos de su privación, no hay nada con qué premiársela, toda vez que el valor del producto que brota del proceso equivale, como veíamos, a la suma de los valores de las mercancías que lo alimentan. Nuestro capitalista, tiene, pues, que contentarse con que la virtud encuentre en si misma su recompensa. Pero, lejos de ello, insiste y apremia. El hilado no le sirve de nada. Lo ha producido para venderlo. Así, pues, o lo vende o en lo sucesivo se limita ––cosa mucho más sencilla– a producir objetos para su uso personal, que es la receta que su médico de cabecera MacCulloch le prescribe como remedio eficaz contra la epidemia de la superproducción. El capitalista no cede. ¿Acaso el obrero puede crear productos de trabajo, producir mercancías, con sus brazos inermes, en el vacío? ¿Quién sino él, el capitalista, le suministra la materia con la cual y en la cual materializa el obrero su trabajo ? Y, como la inmensa mayoría de la sociedad ,está formada por descamisados de esos, ¿no presta a la sociedad un servicio inapreciable con sus medios de producción, su algodón y sus husos, y no se lo presta también a los mismos obreros, a quienes además, por si eso fuese poco, les suministra los medios de vida necesarios? Y este servicio, ¿no ha de cobrarlo? Pero, preguntamos nosotros, ¿es que el obrero, a su vez, no le presta a él, al capitalista, el servicio de transformar en hilado el algodón y los husos? Además, aquí no se trata de servicios. 16 Servicio es la utilidad que presta un valor de uso, mercancía o trabajo. 17 Aquí se trata del valor de cambio. El capitalista abona al obrero el valor de 3 chelines. El obrero, al incorporar al algodón un valor de 3 chelines, le devuelve un equivalente exacto: son dos valores iguales que se cambian. De pronto, nuestro amigo abandona su soberbia de capitalista para adoptar el continente modesto de un simple trabajador. ¿Es que no trabaja también él, vigilando y dirigiendo el trabajo del tejedor? ¿Y es que este trabajo suyo no crea también valor? Su overlooker y su manager se alzan de hombros. Entretanto, ya nuestro capitalista ha recobrado, con una sonrisa de satisfacción, su fisonomía acostumbrada. Se ha estado burlando de nosotros, con toda esa letanía. A él, todas estas cosas le tienen sin cuidado. Para inventar todos esos subterfugios y argucias y otras parecidas, están ahí los profesores de economía política, que para eso cobran. El, el capitalista, es un hombre práctico, que, si no siempre piensa lo que dice fuera de su negocio, al frente de éste sabe muy bien siempre lo que hace. Analicemos la cosa más despacio. El valor de un día de fuerza de trabajo asce

“... Pero el trabajo pretérito encerrado en la fuerza de trabajo y el trabajo vivo que ésta puede desarrollar, su costo diario de conservación y su rendimiento diario, son dos magnitudes completamente distintas. La primera determina su valor de cambio, la segunda forma su valor de uso. El que para alimentar y mantener en pie la fuerza de trabajo durante veinticuatro horas haga falta media jornada de trabajo, no quiere decir, ni mucho menos, que el obrero no pueda trabajar durante una jornada entera. El valor de la fuerza de trabajo y su valorización en el proceso de trabajo son, por tanto, dos factores completamente distintos. Al comprar la fuerza de trabajo, el capitalista no perdía de vista esta diferencia de valor. El carácter útil de la fuerza de trabajo, en cuanto apto para fabricar hilado o botas, es conditio sine qua non, (40 ) toda vez que el trabajo, para poder crear valor, ha de invertirse siempre en forma útil. Pero el factor decisivo es el valor de uso específico de esta mercancía, que le permite ser fuente de valor, y de más valor que el que ella misma tiene. He aquí el servicio específico que de ella espera el capitalista. Y, al hacerlo, éste no se desvía ni un ápice de las leyes eternas del cambio de mercancías. En efecto, el vendedor de la fuerza de trabajo, al igual que el de cualquier otra mercancía, realiza su valor de cambio y enajena su valor de uso . No puede obtener el primero sin desprenderse del segundo. El valor de uso de la fuerza de trabajo, o sea, el trabajo mismo, deja de pertenecer a su vendedor, ni más ni menos que al aceitero deja de pertenecerle el valor de uso del aceite que vende. El poseedor del dinero paga el valor de un día de fuerza de trabajo: le pertenece, por tanto, el uso de esta fuerza de trabajo durante un día, el trabajo de una jornada. El hecho de que la diaria conservación de la fuerza de trabajo no suponga más costo que el de media jornada de trabajo, a pesar de poder funcionar, trabajar, durante un día entero; es decir, el hecho de que el valor creado por su uso durante un día sea el doble del valor diario que encierra, es una suerte bastante grande para el comprador, pero no supone, ni mucho menos, ningún atropello que se cometa contra el vendedor. Nuestro capitalista había previsto el caso, con una sonrisa de satisfacción. Por eso el obrero se encuentra en el taller con los medios de producción necesarios, no para un proceso de trabajo de seis horas, sino de doce. Si 10 libras de algodón absorbían seis horas de trabajo y se transformaban en 10 libras de hilado, 20 libras de algodón absorberán doce horas de trabajo y se convertirán en 20 libras de hilado. Analicemos el producto de este proceso de trabajo prolongado. Ahora, en las 20 libras de hilo se materializan 5 jornadas de trabajo: 4 en la masa de algodón y de husos consumida y 1 en el trabajo absorbido por el algodón durante el proceso de la hilatura. La expresión en oro de 5 jornadas de trabajo son 30 chelines, o sea, 1 libra esterlina y 10 chelines. Tal es, por tanto, el precio de las 20 libras de hilo. La libra de hilo sigue costando 1 chelín y 6 peniques. Pero, la suma de valor de las mercancías que alimentan el proceso representaba 27 chelines. El valor del hilo representa 30. Por tanto, el valor del producto excede en 1/9 del valor desembolsado para su producción. Los 27 chelines se convierten en 30. Arrojan una plusvalía de 3 chelines. Por fin, la jugada maestra ha dado sus frutos. El dinero se ha convertido en capital . Y todas las condiciones del problema se han resuelto sin infringir en lo más mínimo las leyes del cambio de mercancías. Se ha cambiado un equivalente por otro. Como comprador, el capitalista ha pagado todas las mercancías, el algodón, la masa de husos y la fuerza de trabajo, por su valor. Después de comprarlas, ha hecho con estas mercancías lo que hace todo comprador: consumir su valor de uso. El proceso de consumo de la fuerza de trabajo , que es al mismo tiempo proceso de producción de la mercancía , arroja un producto de 20 libras de hilo, que representan un valor de 30 chelines. El capitalista retorna al mercado a vender su mercancía, después de haber comprado las de otros. Vende la libra de hilo a 1 chelín y 6 peniques, ni un céntimo por encima o por debajo de su valor. Y, sin embargo, saca de la circulación 3 chelines más de lo que invirtió en ella al comenzar. Y todo este proceso, la transformación de dinero en capital, se opera en la órbita de la circulación y no se opera en ella. Se opera por medio de la circulación, pues está condicionado por la compra de la fuerza de trabajo en el mercado de mercancías. No se opera en la circulación, pues este proceso no hace más que iniciar el proceso de valorización , cuyo centro reside en la órbita de la producción. Y así, todo marcha “pour le mieux dans le meilleur des mondes possibles”. (41 )

Al transformar el dinero en mercancías, que luego han de servir de materias para formar un nuevo producto o de factores de un proceso de trabajo; al incorporar a la materialidad muerta de estos factores la fuerza de trabajo viva, el capitalista transforma el valor, el trabajo, pretérito, materializado, muerto, en capital , en valor que se valoriza a sí mismo, en una especie de monstruo animado que rompe a “trabajar” como si encerrarse un alma en su cuerpo. Si comparamos el proceso de creación de valor y el proceso de valorización de un valor existente, vemos que el proceso de valorización no es más que el mismo proceso de creación de valor prolongado a partir de un determinado punto. Si éste sólo llega hasta el punto en que el valor de la fuerza de trabajo pagada por el capital deja el puesto a un nuevo equivalente , estamos ante un proceso de simple creación de valor. Pero, si el proceso rebasa ese punto , se tratará de un proceso de valorización. Sí establecemos el paralelo entre el proceso de valorización y el proceso de trabajo, observaremos que éste consiste en el trabajo útil que produce valores de uso. Aquí, la dinámica se enfoca en su aspecto cualitativo, atendiendo a su modalidad especial, a su fin y a su contenido. En el proceso de creación de valor, este proceso de trabajo , que es el mismo , sólo se nos revela en su aspecto cuantitativo . Aquí, sólo interesa el tiempo que el trabajo requiere para ejecutarse, o sea, el tiempo durante el cual se invierte útilmente la fuerza de trabajo. Para estos efectos, las mercancías que alimentan el proceso de trabajo no se consideran ya como factores funcionalmente concretos, materiales, de la fuerza de trabajo apta para un fin. Sólo cuentan como cantidades concretas de trabajo materializado. Y ya se encierre en los medios de producción o se incorpore mediante la fuerza de trabajo, aquí el trabajo sólo cuenta por su medida en el tiempo. Representa tantas horas, tantos días, etc. Pero, cuenta tan sólo en la medida en que el tiempo empleado en la producción del valor de uso sea socialmente necesario . Son varios los factores que esto envuelve. En primer lugar, es necesario que la fuerza de trabajo funcione en condiciones normales. Si el instrumento de trabajo que impera socialmente en el ramo de hilado es la máquina de hilar, no debe ponerse al obrero a trabajar en una rueca. Asimismo ha de suministrársele algodón de calidad normal y no algodón de mala calidad, que se rompa a cada instante. En cualquiera de ambos casos, necesitaría más tiempo del socialmente necesario para producir una libra de hilo, y este tiempo superfluo no crearía dinero ni crearía valor. Sin embargo, el carácter normal de los factores materiales que intervienen en el trabajo no depende del obrero, sino del capitalista. Otra condición que ha de ser tenida en cuenta es el carácter normal de la propia fuerza de trabajo . Es necesario que ésta, en el ramo en que se aplica, reúna el grado medio de aptitud, destreza 'y rapidez. Nuestro capitalista compra en el mercado fuerza de trabajo de calidad normal. Esta fuerza de trabajo debe aplicarse con el grado medio habitual de esfuerzo, poniendo el grado de intensidad socialmente acostumbrado en su inversión. El capitalista se cuida de velar celosamente por que el trabajador no disipe su tiempo. Ha comprado la fuerza de trabajo por un tiempo determinado. Quiere, naturalmente, que se le entregue lo que es suyo y no tolera que se le robe . Y finalmente –y para conseguirlo, el capitalista se cuida de promulgar un Código Penal ex profeso–, en el consumo de materias primas e instrumentos de trabajo no deberá nunca excederse de la tasa racional, pues los materiales o instrumentos de trabajo desperdiciados representan determinadas cantidades de trabajo materializado invertido superfluamente y que, por tanto, no cuentan ni entran en el producto del proceso de creación de valor. 18 Como vemos, la diferencia entre el trabajo considerado como fuente de valor de uso y el mismo trabajo en cuanto crea valor, con la que en su lugar nos encontramos al analizar la mercancía, se nos presenta ahora al estudiar los diversos aspectos del proceso de producción. Como unidad de proceso de trabajo y proceso de creación de valor, el proceso de producción es un proceso de producción de mercancías; como unidad de proceso de trabajo y de proceso de valorización, el proceso de producción es un proceso de producción capitalista, la forma capitalista de la producción de mercancías.  Ya decíamos más arriba que, para los efectos del proceso de valorización, es de todo punto indiferente el que el trabajo apropiado por el capitalista sea trabajo simple, trabajo social medio, o trabajo complejo, trabajo de peso específico más alto que el normal. El trabajo considerado como trabajo más complejo, más elevado que el trabajo social medio, es la manifestación de una fuerza de trabajo que representa gastos de preparación superiores a los normales, cuya producción representa más tiempo de trabajo y, por tanto, un valor superior al de la fuerza de trabajo simple. Esta fuerza de trabajo de valor superior al normal se traduce, como es lógico, en un trabajo superior, materializándose, por tanto, durante los mismos período de tiempo, en valores relativamente más altos.  Pero, Cualquiera que sea la diferencia de gradación que medie entre el trabajo del tejedor y el trabajo del joyero, la porción de trabajo con la que el joyero se limita a reponer el valor de su propia fuerza de trabajo no se distingue en nada, cualitativamente, de la porción adicional de trabajo con la que crea plusvalía. Lo mismo en este caso que en los anteriores, la plusvalía sólo brota mediante un exceso cuantitativo de trabajo, prolongando la duración del mismo proceso de trabajo, que en un caso es proceso de producción de hilo y en otro caso de producción de joyas. 19 Por otra parte, en todo proceso de creación de valor, el trabajo complejo debe reducirse siempre al trabajo social medio, v. gr. un día de trabajo completo a x días de trabajo simple. 20 Por tanto, partiendo del supuesto de que el obrero empleado por el capital ejecuta un simple trabajo social medio, nos ahorramos una operación inútil y simplificamos el análisis del problema.   

FICHAJE

“…Ahora bien, el proceso de trabajo, considerado como proceso de consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista, presenta dos fenómenos característicos. El obrero trabaja bajo el control del capitalista, a quien su trabajo pertenece. El capitalista se cuida de vigilar que este trabajo se ejecute como es debido y que los medios de producción se empleen convenientemente, es decir, sin desperdicio de materias primas y cuidando de que los instrumentos de trabajo se traten bien, sin desgastarse más que en aquella parte en que lo exija su empleo racional…”

Ficha 1

“…Pero hay algo más, y es que el producto es propiedad del capitalista y no del productor directo, es decir, del obrero. El capitalista paga, por ejemplo, el valor de un día de fuerza de trabajo. Es, por tanto, dueño de utilizar como le convenga, durante un día, el uso de esa fuerza de trabajo, ni más ni menos que el de otra mercancía cualquiera, v. gr. el de un caballo que alquilase durante un día. El uso de la mercancía pertenece a su comprador, y el poseedor de la fuerza de trabajo sólo puede entregar a éste el valor de uso que le ha vendido entregándole su trabajo. Desde el instante en que pisa el taller del capitalista, el valor de uso de su fuerza de trabajo, y por tanto su uso, o sea, el trabajo, le pertenece a éste…”

Ficha 2

“…Al comprar la fuerza de trabajo, el capitalista incorpora el trabajo del obrero, como fermento vivo, a los elementos muertos de creación del producto, propiedad suya también. Desde su Punto de vista, el proceso de trabajo no es más que el consumo de la mercancía fuerza de trabajo comprada por él, si bien sólo la puede consumir facilitándole medios de producción. El proceso de trabajo es un proceso entre objetos comprados por el capitalista, entre objetos pertenecientes a él Y el producto de este proceso le pertenece, por tanto, a él, al capitalista…”

Ficha 3

“…En la producción de mercancías los valores de uso se producen pura y simplemente porque son y en cuanto son la encarnación material, el, soporte del valor de cambio. Y nuestro capitalista persigue dos objetivos. En primer lugar, producir un valor de uso que tenga un valor de cambio, producir un artículo destinado a la venta, una mercancía. En segundo lugar, producir una mercancía cuyo valor cubra y rebase la suma de valores de las mercancías invertidas en su producción, es decir, de los medios de producción y de la fuerza de trabajo, por los que adelantó su buen dinero en el mercado de mercancías. No le basta con producir un valor de uso; no, él quiere producir una mercancía; no sólo un valor de uso, sino un valor; y tampoco se contenta con un valor puro y simple, sino que aspira a una plusvalía, a un valor mayor…”

Ficha 4

“…Y así como la mercancía es unidad de valor de uso y valor , su proceso de producción tiene necesariamente que englobar dos cosas: un proceso de producción y un proceso de creación de valor . Sabemos que el valor de toda mercancía se determina por la cantidad de trabajo materializado en su valor de uso, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción…”

Ficha 5

“…Tal vez el capitalista, versado en materia de economía vulgar, diga que ha desembolsado su dinero con la intención de obtener del negocio mas dinero del que invirtió. Pero, el infierno está empedrado de buenas intenciones, y del mismo modo podía abrigar la de obtener dinero sin producir.

 El capitalista amenaza. No volverán a engañarle…No va a comerse su dinero. El capitalista sermonea. Nos habla de su abstinencia…Y no va a dejarse arrastrar nuevamente a la tentación del atesorador, pues ya veíamos, en el ejemplo de éste, lo que daba de sí el ascetismo…Y por grandes que sean los méritos de su privación, no hay nada con qué premiársela, toda vez que el valor del producto que brota del proceso equivalente, como veíamos, a la suma de los valores de las mercancías que lo alimentan. Nuestro capitalista, tiene, pues, que contentarse con que la virtud encuentre en si misma su recompensa…”

Ficha 6

“…El obrero, al incorporar al algodón un valor de 3 chelines, le devuelve un equivalente exacto: son dos valores iguales que se cambian. De pronto, nuestro amigo abandona su soberbia de capitalista para adoptar el continente modesto de un simple trabajador. ¿Es que no trabaja también él, vigilando y dirigiendo el trabajo del tejedor? ¿Y es que este trabajo suyo no crea también valor? Su overlooker y su manager se alzan de hombros. Entretanto, ya nuestro capitalista ha recobrado, con una sonrisa de satisfacción, su fisonomía acostumbrada. Se ha estado burlando de nosotros, con toda esa letanía. A él, todas estas cosas le tienen sin cuidado. Para inventar todos esos subterfugios y argucias y otras parecidas, están ahí los profesores de economía política, que para eso cobran. El, el capitalista, es un hombre práctico, que, si no siempre piensa lo que dice fuera de su negocio, al frente de éste sabe muy bien siempre lo que hace.”

Ficha 7

“ …El carácter útil de la fuerza de trabajo, en cuanto apto para fabricar hilado o botas, es condition sine qua non, (40 ) toda vez que el trabajo, para poder crear valor, ha de invertirse siempre en forma útil. Pero el factor decisivo es el valor de uso específico de esta mercancía, que le permite ser fuente de valor, y de más valor que el que ella misma tiene. He aquí el servicio específico que de ella espera el capitalista. Y, al hacerlo, éste no se desvía ni un ápice de las leyes eternas del cambio de mercancías. En efecto, el vendedor de la fuerza de trabajo, al igual que el de cualquier otra mercancía, realiza su valor de cambio y enajena su valor de uso. No puede obtener el primero sin desprenderse del segundo. El valor de uso de la fuerza de trabajo, o sea, el trabajo mismo, deja de pertenecer a su vendedor…”

Ficha 8

“…Por fin, la jugada maestra ha dado sus frutos. El dinero se ha convertido en capital. Y todas las condiciones del problema se han resuelto sin infringir en lo más mínimo las leyes del cambio de mercancías. Se ha cambiado un equivalente por otro. ..Y todo este proceso, la transformación de dinero en capital, se opera por medio de la circulación, pues está condicionado por la compra de la fuerza de trabajo en el mercado de mercancías. No se opera en la circulación, pues este proceso no hace más que iniciar el proceso de valorización, cuyo centro reside en la órbita de la producción…”

Ficha 9

“…Al transformar el dinero en mercancías, que luego han de servir de materias para formar un nuevo producto o de factores de un proceso de trabajo; al incorporar a la materialidad muerta de estos factores la fuerza de trabajo viva, el capitalista transforma el valor, el trabajo, pretérito, materializado, muerto, en capital, en valor que se valoriza a sí mismo, en una especie de monstruo animado que rompe a “trabajar” como si encerrarse un alma en su cuerpo. Si comparamos el proceso de creación de valor y el proceso de valorización de un valor existente, vemos que el proceso de valorización no es más que el mismo proceso de creación de valor prolongado a partir de un determinado punto. Si éste sólo llega hasta el punto en que el valor de la fuerza de trabajo pagada por el capital deja el puesto a un nuevo equivalente, estamos ante un proceso de simple creación de valor. Pero, si el proceso rebasa ese punto, se tratará de un proceso de valorización…”

Ficha 10

“…Como vemos, la diferencia entre el trabajo considerado como fuente de valor de uso y el mismo trabajo en cuanto crea valor, con la que en su lugar nos encontramos al analizar la mercancía, se nos presenta ahora al estudiar los diversos aspectos del proceso de producción. Como unidad de proceso de trabajo y proceso de creación de valor, el proceso de producción es un proceso de producción de mercancías; como unidad de proceso de trabajo y de proceso de valorización, el proceso de producción es un proceso de producción capitalista, la forma capitalista de la producción de mercancías…”

Ficha 11

RESUMEN INTERPRETATIVO

En estos párrafos de El Capital, Marx profundiza la caracterización de la enajenación del trabajo y  describe como el valor de uso es el soporte del valor de cambio, como el proceso de trabajo es la base del proceso de valorización:

  • El obrero trabaja bajo el control del capitalista, a quien su trabajo pertenece y  el producto es propiedad del capitalista y no del productor directo, es decir, del obrero. El capitalista paga, por ejemplo, el valor de un día de fuerza de trabajo. Es dueño de utilizar como le convenga, durante un día, el uso de esa fuerza de trabajo, El uso de la mercancía pertenece a su comprador, y el poseedor de la fuerza de trabajo sólo puede entregar a éste el valor de uso que le ha vendido entregándole su trabajo. Desde el instante en que pisa el taller del capitalista, el valor de uso de su fuerza de trabajo, y por tanto su uso, o sea, el trabajo, le pertenece a este.
  • En la producción de mercancías los valores de uso se producen pura y simplemente porque son y en cuanto son la encarnación material, el, soporte del valor de cambio. El capitalista persigue dos objetivos. En primer lugar, producir un valor de uso que tenga un valor de cambio, producir un artículo destinado a la venta, una mercancía. En segundo lugar, producir una mercancía cuyo valor cubra y rebase la suma de valores de las mercancías invertidas en su producción. No le basta con producir un valor de uso; no, él quiere producir una mercancía; no sólo un valor de uso, sino un valor; y tampoco se contenta con un valor puro y simple, sino que aspira a una plusvalía , a un valor mayor.
  • El proceso de trabajo en el capitalismo es un proceso de creación de valor .El factor decisivo es el valor de uso específico de la mercancía fuerza de trabajo, que le permite ser fuente de valor, y de más valor que el que ella misma tiene. He aquí el servicio específico que de ella espera el capitalista.. En efecto, el vendedor de la fuerza de trabajo, al igual que el de cualquier otra mercancía, realiza su valor de cambio y enajena su valor de uso . No puede obtener el primero sin desprenderse del segundo. El valor de uso de la fuerza de trabajo, o sea, el trabajo mismo, deja de pertenecer a su vendedor.
  • La transformación de dinero en capital, se opera por medio de la circulación, pues está condicionado por la compra de la fuerza de trabajo en el mercado de mercancías. No se opera en la circulación, pues este proceso no hace más que iniciar el proceso de valorización, cuyo centro reside en la órbita de la producción.
  • Al transformar el dinero en mercancías, que luego han de servir de materias para formar un nuevo producto o de factores de un proceso de trabajo; al incorporar a la materialidad muerta de estos factores la fuerza de trabajo viva, el capitalista transforma el valor, el trabajo, pretérito, materializado, muerto, en capital, en valor que se valoriza a sí mismo, en una especie de monstruo animado que rompe a “trabajar” como si encerrarse un alma en su cuerpo.
  • El proceso de valorización no es más que el mismo proceso de creación de valor prolongado a partir de un determinado punto. Si éste sólo llega hasta el punto en que el valor de la fuerza de trabajo pagada por el capital deja el puesto a un nuevo equivalente, estamos ante un proceso de simple creación de valor. Pero, si el proceso rebasa ese punto , se tratará de un proceso de valorización

III.- LA SUBSUNCION FORMAL Y REAL EN EL CAPITULO VI (INEDITO) EL CAPITAL

Carlos Marx. LIBRO I .CAPITULO VI - INEDITO.Resultados del proceso inmediato de producción  Siglo XXI, Editores, México, 2009

[1]2 LA PRODUCCION CAPITALISTA COMO PRODUCCION DE PLUSVALIA

“Pasemos ahora al proceso de valorización.

En lo tocante al valor de cambio se observa de nuevo la diferencia entre la mercancía y el capital implicado en el proceso de valorización.

El valor de cambio del capital que entra al proceso de producción es menor de lo que era el valor de cambio del capital lanzado al mercado, o adelantado (puesto que aquí sólo es el valor de las mercancías que entran como medios de producción en el proceso), esto es, el valor de la parte constante del capital que ingresa como valor al proceso de producción. En lugar del valor de la parte variable del capital tenemos ahora la valorización en cuanto proceso, el trabajo implicado en el acto (actu) de la valorización, el trabajo que se realiza constantemente como valor, pero que pasando también sobre los valores puestos procede a una creación de valores.

En lo que respecta, por de pronto, a la conservación del viejo valor —de la parte de valor de la parte constante— la misma depende de que el valor de los medios de producción que entran al proceso no sea mayor de lo necesario, es decir que en las mercancías de las que aquéllos se componen (por ejemplo las construcciones, la maquinaria, etc.) sólo se haya materializado el tiempo de trabajo socialmente necesario para la finalidad productiva. Incumbe al capitalista, en la compra de estos medios de producción, asegurarse de que tengan como valores de uso (ya como materias primas, ya como máquinas, etc.) la calidad media (average) requerida para la fabricación del producto, o sea que funcionen con la calidad average y no opongan obstáculos extraordinarios al trabajo, al factor vivo (por ejemplo, buena calidad de la materia prima); se incluye también en esto que la maquinaria empleada, etc., no transmita a las mercancías más que el desgaste medio (average déchet), etc. Todo ello atañe al capitalista. Pero la conservación del valor del capital constante depende además de que en lo posible se le consuma productivamente, de que no se le desperdicie, porque de no ser así el producto contendría una parte de trabajo objetivado mayor de la socialmente necesaria. Ello depende, en parte, de los obreros mismos, y aquí es donde comienza la vigilancia del capitalista. (Este lleva a cabo sus designios por medio del trabajo a destajo (tosA: w o rk \descuentos en los salarios). Además, es menester que el trabajo se efectúe ordenadamente, con arreglo a un fin; que la transformación de los medios de producción en productos se realice de manera adecuada; qué el valor de uso que se tiene en vista como finalidad suija realmente como resultado y que lo haga en forma lograda. Aquí reaparece la vigilancia y disciplina del capitalista13 . Por último, es necesario que no se perturbe, no se interrumpa el proceso de producción y que llegue efectivamente hasta el producto en el plazo (lapso) requerido por la naturaleza del proceso de trabajo y las condiciones objetivas del mismo. Esto depende en parte de la continuidad del trabajo, que hace su aparición con la producción capitalista, pero en parte de contingencias exteriores, incontrolables. Cada proceso de producción implica un riesgo para los valores que ingresan en él, un riesgo que, sin embargo, 1) éstos corren aun fuera del proceso de producción y 2) es inherente a todo proceso de producción, no sólo al del capital. (El capital se protege contra el mismo asociándose. El productor directo que trabaja con sus medios de producción propios está expuesto al mismo riesgo. No se trata de algo peculiar al proceso capitalista de producción.

Si en la producción capitalista ese riesgo lo corre el capitalista, ello se debe únicamente a que éste usurpó la propiedad de los medios de producción.)

En lo que respecta a los factores vivos del proceso de valorización, se debe: 1) conservar el valor del capital variable La producción capitalista como producción de plusvalía  reintegrándolo, reproduciéndolo, esto es, adicionando a los medios de producción una cantidad de trabajo igual al valor del capital variable o del salario; 2) generar un incremento de su valor, una plusvalía, objetivando en el producto un cuanto de trabajo excedente por encima del contenido en el salario, un cuanto adicional de trabajo.”

La diferencia entre el valor de uso del capital adelantado, o  de las mercancías en las que existe el mismo, y la forma del valor de uso del capital en el proceso de trabajo, corresponde a la diferencia entre el valor de cambio del capital adelantado y la aparición del valor de cambio del capital en el proceso de valorización, ya que allí el medio de producción, el capital constante, ingresa al proceso bajo la misma forma de valor de uso que tenía anteriormente la mercancía que lo constituye, mientras que en lugar de los valores de uso, acabados que componen el capital variable, hace su aparición el factor vivo de la fuerza de trabajo, del trabajo real, que se valoriza en nuevos valores de uso, y porque aquí el valor de los medios de producción, del capital constante, entra como tal en el proceso de valorización, mientras que el valor del capital variable no ingresa en el mismo, sino que lo sustituye la actividad creadora de valor, la actividad —existente como proceso de valorización del factor vivo.

A fin de que el tiempo de trabajo del obrero ponga valor proporcionadamente a ai duración, el mismo debe ser tiempo de trabajo socialmente necesario . Esto es, el obrero debe ejecutar en un tiempo determinado el cuanto socialmente normal de trabajo útil, y por ello el capitalista obliga al obrero a que su trabajo alcance cuando menos el grado medio de intensidad conforme a la norma social. Procurará aumentarlo lo más que se pueda por encima de ese mínimo y extraer del obrero, en un tiempo dado, el mayor trabajo posible, puesto que toda intensificación del trabajo superior al grado medio le depara plusvalía. Tratará además de prolongar lo más posible el proceso de trabajo, más allá de los límites en que es necesario trabajar para reponer el valor del capital variable, el salario.

Una vez dada determinada intensidad del proceso de trabajo, el capitalista procurará prolongar lo más posible su duración; dada determinada duración del mismo, se esforzará por aumentar lo más posible su intensidad. El capitalista fuerza al obrero a dar a su  trabajo el grado normal y si es posible un grado superior de intensidad y lo fuerza a prolongar lo más posible el proceso de trabajo más allá del tiempo necesario para la reposición del salario.

 A causa de este carácter peculiar del proceso capitalista de valorización, la forma real del capital en el proceso productivo —su forma como valor de uso— experimenta también una nueva modificación. En primer luga', los medios de producción deben  estar disponibles en una masa suficiente no sólo para absorber el trabajo necesario, sino también el plustrabajo. En segundo término, se modifican la intensidad y duración15 del proceso real de trabajo.

Los medios de producción que emplea el obrero en el proceso real de trabajo son, ciertamente, propiedad del capitalista y en cuanto capital se enfrentan —tal como lo hemos desarrollado anteriormente— al trabajo, que es la manifestación vital misma del obrero. Pero por otra parte es él quien los emplea en su trabajo. En el proceso laboral efectivo el obrero consume los medios de trabajo como vehículo de su trabajo, y el objeto de trabajo como la materia en la cual su trabajo se ofrece a la vista. Precisamente por esto transforma los medios de producción en la forma, adecuada a un fin, del producto. Desde el punto de vista del proceso de valorización, empero, las cosas se presentan diferentemente. No es el obrero quien emplea los medios de producción, son los medios de producción los que emplean al obrero. No es el trabajo vivo el que se realiza en el trabajo material como en su órgano objetivo; es el trabajo material el que se conserva y acrecienta por la succión del trabajo vivo, gracias a lo cual se convierte en un valor que se valoriza, en capital, y funciona como tal. Los medios de producción aparecen ya únicamente como succionadores del mayor cuanto posible de trabajo vivo. Este se presenta tan sólo como el medio de valorización de valores existentes y, por consiguiente, de su capitalización. Y prescindiendo de lo señalado con anterioridad, justamente por ello los medios de producción aparecen de nuevo y éminemment enfrentádos al trabajo vivo como existencia del capital, y ahora precisamente como dominación del trabajo pasado y muerto sobre el trabajo vivo.

Justamente como creador de valor el trabajo vivo se incorpora de manera constante en el proceso de valorización del trabajo objetivado. Como esfuerzo, como gasto de fuerza vital, el trabajo es la actividad personal del obrero. Pero en cuanto creador de valor, implicado en el proceso de su objetivación, el trabajo mismo del obrero es, apenas ingresa al proceso de producción, un modo de existencia del valor del capital, incorporado a éste. Esta fuerza conservadora de valor y creadora de nuevo valor es, en consecuencia, la fuerza del capital y ese proceso se presenta como el proceso de autovalorización del capital o, por mejor decir, del empobrecimiento del obrero, quien el valor creado por él lo produce al mismo tiempo como un valor que le es ajeno.

Sobre la base de la producción capitalista, esta facultad del trabajo objetivado de transformarse en capital, es decir, de transformar los medios de producción en medios de dirección y explotación del trabajo vivo, aparece como algo inherente en sí y para sí a los medios de producción (a los que sobre esa base está ligada potencialmente (óvvápei) como algo inseparable de ellos, y por consiguiente como una cualidad que les correspondía en cuanto cosas, en cuanto valores de uso, en cuanto medios de producción.

Estos se presentan entonces, en sí y para sí, como capital, y el capital, pues -que expresa una relación determinada de producción, una relación social determinada, en cuyo interior los poseedores de las condiciones de producción se enfrentan a la capacidad viva de trabajo— aparece como una cosa, del mismo modo que el valor aparecía como cualidad de una cosa y la determinación económica de la cosa comò mercancía, como su cualidad de cosa; del mismo modo que la forma social que el trabajo recibía en el dinero, se presentaba como cualidades de una cosa. 2) En realidad, la dominación de los capitalistas sobre los obreros es solamente el dominio sobre éstos de las condiciones de trabajo (entre las cuales se cuentan también, a más de las condiciones objetivas del proceso de producción —o sea los medios de producción-, las condiciones objetivas del mantenimiento y de la eficacia de la fuerza de trabajo, es decir los medios de subsistencia), condiciones de trabajo que se han vuelto autónomas, y precisamente frente al obrero.

La producción capitalista como producción de plusvalía  no se realiza, empero, sino en el proceso real de producción, que, como hemos visto, esencialmente es proceso de producción de plusvalía - lo que incluye la conservación del antiguo valor—, proceso de autovalorización del capital adelantado.

Las funciones que ejerce el capitalista no son otra cosa que las funciones del capital mismo —del valor que se valoriza succionando trabajo vivo— ejercidas con conciencia y voluntad. El capitalista sólo funciona en cuanto Capital personificado, es el capital en cuanto persona; del mismo modo el obrero funciona únicamente como trabajo personificado, que a él le pertenece como suplicio, como esfuerzo, fiero que pertenece al capitalista como sustancia creadora de riqueza. Ese trabajo, en cuanto tal, se presenta de hecho como un elemento incorporado al capital en el proceso de producción, como su factor vivo, variable. La dominación del capitalista sobre el obrero es por consiguiente la de una cosa sobre el hombre, la del trabajo muerto sobre el trabajo, la del producto sobre el productor, ya que en realidad las mercancías, que se convierten en medios de dominación sobre los obreros (pero sólo como medios de la dominación del Capital mismo), no son sino meros resultados del proceso de producción, los productos del mismo. En la producción matellal, en el verdadero proceso de la vida social —pues esto es el proceso de la producción— se da exactamente la misma relación que en el terreno ideológico se presenta en la religión: la conversión del sujeto en el objeto y viceversa. Considerada históricamente, esta conversión aparece como el momento de transición necesario para imponer por la violencia, y a expensas de la mayoría, la creación de la riqueza en cuanto tal, es decir, forma antitética, así como en un principio el hombre debe atribuir una forma religiosa a sus facultades intelectuales, como poderes independientes que se le enfrentan. Se trata del proceso de enajenación de su propio trabajo. Aquí el obrero está desde un principio en un plano superior al del capitalista, porcuanto este último ha echado raíces en ese proceso de enajenación y encuentra en él su satisfacción absoluta, mientras que por el contrario el obrero, en su condición de víctima del proceso, se halla de entrada en una situación de rebeldía y lo siente como un proceso de avasallamiento. En la medida en que el proceso de producción es al mismo tiempo un proceso real de trabajo y que el capitalista, como supervisor y dirigente de aquél, tiene una función a desempeñar en la producción real, su [467] actividad adopta de hecho un contenido específico, múltiple. Pero el proceso mismo de trabajo se presenta sólo como medio del proceso de valorización, tal como el valor de uso del producto aparece sólo como portador de su valor de cambio.

La autovalorización del capital —la creación de plusvalía— es pues el objetivo determinante, predominante y avasallante del capitalista, el impulso y contenido absoluto de sus acciones; en realidad, no es otra cosa que el afán y la finalidad racionalizados del acaparador. Contenido absolutamente mezquino y abstracto, que desde cierto ángulo hace aparecer al capitalista como sometido exactamente a la misma servidumbre respecto de la relación del capital, aunque también de otra manera, que el polo opuesto, que el obrero .

El proceso de producción es la unidad inmediata entre el proceso de trabajo y el proceso de valorización, tal como su resultado inmediato, la mercancía, es la unidad inmediata entre el valor de uso y el valor de cambio. Pero el proceso de trabajo no es más que un medio del proceso de valorización, proceso que, a su vez, en cuanto tal es esencialmente producción de plusvalía, esto es, proceso de objetivación de trabajo impago. De esta suerte se halla determinado específicamente el carácter global del proceso de producción.

Si consideramos el proceso de producción desde dos puntos de vista diferentes, 1) como proceso de trabajo, 2) como proceso de valorización, ello implica que aquél es tan sólo un proceso de trabajo único, indivisible. No se trabaja dos veces, una para crear un producto utilizable, un valor de uso, para transformar los medios de producción en productos; la otra, para crear valor y plusvalía, para valorizar el valoreo.

“…El proceso de trabajo se convierte en el instrumento del proceso de valorización, ,del proceso de la autovalorización del capital: de la creación de plusvalía. El proceso de trabajo se subsume en el capital (es su propio proceso) y el capitalista se ubica en él como dirigente, conductor; para éste es al mismo tiempo, de manera directa, un proceso de explotación de trabajo ajeno. Es esto a lo que denomino subsuncion formal del trabajo en el capital Es la forma general de todo proceso capitalista de producción, pero es a la vez una forma particular respecto al modo de producción específicamente capitalista, desarrollado, ya que la última incluye la primera, pero la primera no incluye necesariamente la segunda.

SUBSUNCION FORMAL DEL TRABAJO EN EL CAPITAL

“…La facultad que el trabajo tiene de conservar el valor se presenta como facultad de autoconservación del capital; la facultad del trabajo de generar valor, como facultad de autovalorización del capital, y en conjunto, y por definición, el trabajo objetivado aparece como si utilizara al trabajo vivo. Pese a todo ello, con ese cambio (change) no se ha efectuado a priori una mudanza esencial en la forma y manera real del proceso de trabajo, del proceso real de producción. Por el contrario, está en la naturaleza del caso que la subsunción del proceso laboral en el capital se opere sobre la base de un proceso laboral preexistente, anterior a esta subsuncion suya en el capital y configurado sobre la base de diversos procesos de producción anteriores y de otras condiciones de producción; el capital se subsume determinado proceso laboral existente, como por ejemplo el trabajo artesanal o el tipo de agricultura correspondiente a la pequeña economía campesina autónoma. Si en estos procesos de trabajo tradicionales que han quedado bajo la dirección del capital se operan modificaciones, las mismas sólo pueden ser consecuencias paulatinas de la previa subsunción de determinados procesos laborales, tradicionales, en el capital.

 “…Es por oposición a esta última (a una modalidad laboral desarrollada ya antes de que surgiera la relación capitalista), que a la subsunción del proceso laboral en el capital, hasta aquí considerada, la denominamos subsunción formal del trabajo en el capital La relación capitalista como relación coercitiva que apunta a arrancar más plustrabajo mediante la prolongación del tiempo de trabajo —una relación coercitiva que no se funda en relaciones personales de dominación y de dependencia, sino que brota simplemente de diversas funciones económicas— es común a ambas modalidades, pero el modo de producción específicamente capitalista conoce empero otras maneras de expoliar la plusvalía. Por el contrario, sobre la base de un modo de trabajo preexistente, o sea de un desarrollo dado de la fuerza productiva del trabajo y de la modalidad laboral correspondiente a esa fuerza productiva, sólo se' puede producir plusvalía recurriendo a la prolongación del tiempo de trabajo, es decir bajo la forma de la plusvalía absoluta. A esta modalidad, como forma única de producir la plusvalía, corresponde pues la subsunción formal del trabajo en el capital49 .

La prolongación de la jornada laboral más allá del punto en que el obrero habría producido tan sólo, un equivalente por el valor de su fuerza de trabajo, y la apropiación de este plustrabajo por el capital; esto es la producción de la plusvalía absoluta. La misma constituye la base general del sistema capitalista y el punto de partida de la producción de la plusvalía relativa. En esta producción la jomada laboral está dividida de antemano en dos partes: el trabajo necesario y el plustrabajo. Para prolongar el plustrabajo, se reduce el trabajo necesario gracias a métodos por cuyo intermedio se produce en menos tiempo el equivalente del salario. La producción de la plusvalía absoluta gira tan sólo en torno a la duración de la jomada laboral; la producción de la plusvalía relativa revoluciona de arriba abajo los procesos técnicos del trabajo y los agrupamientos sociales. La segunda supone por lo tanto un modo de producción específicamente capitalista que, con sus métodos, medios y condiciones no surge y se forma naturalmente si no es sobre la base de la subsunción formal del trabajo en el capital. En lugar de la subsunción formal hace su entrada la subsunción real del trabajo en el capital…”

“…Lo que distingue desde un principio al proceso de trabajo subsumido aunque sólo sea formalmente en el capital —y por lo que va distinguiéndose cada vez más, incluso sobre la base de la vieja modalidad laboral tradicional—, es la escala en que se efectúa; vale decir, por un lado la amplitud de los medios de producción adelantados, y por el otro la cantidad de los obreroa dirigidos por el mismo patrón (employer). Lo que —a título de ejemplo— sobre la base del modo de producción corporativo aparece como máximo (con respecto, supongamos, al número de oficiales), puede apenas constituir un mínimo para la relación capitalista. Esa relación, en efecto, puede resultar puramente nominal allí donde el capitalista no ocupa por lo menos tantos obreros como para que la plusvalía producida por ellos le alcance como renta para su consumo privado y como fondo de acumulación, de tal suerte que quede él libre del trabajo directo y sólo trabaje como capitalista, como supervisor y director del proceso: por así decirlo, que ejerza la función, dotada de voluntad y conciencia, del capital empeñado en su proceso de valorización. Esta ampliación de la escala constituye también la base real sobre la cual se alza el modo de producción específicamente capitalista en condiciones históricas por lo demás favorables, como por ejemplo las del siglo XVI, aunque desde luego puede aparecer de manera esporádica y sin enseñorearse de la sociedad, en puntos aislados, dentro de formas sociales más antiguas.

El carácter distintivo de la subsunción formal del trabajo en el capital se destaca, con la mayor claridad, mediante el cotejo con situaciones en las cuales el capital ya existe desempeñando determinadas funciones subordinadas, pero no aún en su función dominante, determinante de la forma social general, en su condición de comprador directo de trabajo y apropiador directo del proceso de producción. El capital usurario, pongamos por caso, en la medida en que (verbigracia en la India) adelanta en forma de dinero a los productores directos materias primas, instrumentos de trabajo o unas y otros, incluso. Los enormes intereses que obtiene; los intereses que, sea cual sea su monto, expolia al productor directo, no constituyen más que otro nombre de la plusvalía. Transforma su dinero en capital, de hecho, arrancándole al productor directo trabajo impago, plustrabajo.

Pero no se inmiscuye en el proceso mismo de la producción, el cual, hoy como ayer, se desenvuelve al margen de él, a la manera tradicional. Medra en parte gracias a la atrofia de este modo de producción, pero en parte es un agente de su atrofia, lo fuerza a seguir vegetando en las condiciones más desfavorables. Aquí aún no se ha realizado la subsunción formal del trabajo en el capital. Otro ejemplo es el del capital comercial, por cuando hace pedidos a una serie de productores directos, reúne luego sus prodqctos y los vende; al actuar de esta suerte puede también adelantarles la materia prima, etc., e incluso dinero. La relación capitalista moderna se ha desarrollado, hasta cierto punto, a partir de esa forma, que aquí y allá sigue constituyendo aún la fase de transición hacia la relación capitalista propiamente dicha. Tampoco en este caso estamos ante una subsunción formal del trabajo en el capital. El productor directo se mantiene siempre como vendedor de mercancías y a la vez como úsuario de su propio trabajo. Con todo, la transición se’presenta más claramente- aquí que en la relación del capital usurario. Ambas formas —sobre las que volveremos ocasionalmente más adelante—52 , se reproducen dentro del modo capitalista de producción como formas secundarias y de transición.

SUBSUNCION REAL DEL TRABAJO EN EL CAPITAL, O MODO DE PRODUCCION ESPECIFICAMENTE CAPITALISTA

En el Cap. III  habíamos expuesto pormenorizadamente cómo con la producción de la plusvalía relativa (para el capitalista individual, en la medida en que toma la iniciativa acicateado por la circunstancia de que el valor = al tiempo de trabajo socialmente necesario que se ha objetivado en el producto; estimulado por el hecho de que consiguientemente el valor individual de su producto está por debajo de su valor social y de que, por ende, se le puede vender por encima de su valor individual) se modifica toda la forma real del modo de producción y surge (incluso desde el punto de vista tecnológico) un modo de producción específicamente capitalista, sobre cuya base y al mismo tiempo que él se desarrollan las relaciones de producción —correspondientes al proceso productivo capitalista— entre los diversos agentes de la producción y en particular entre el capitalista y los asalariados.

Las fuerzas productivas sociales del trabajo, o las fuerzas productivas del trabajo directamente social, socializado (colectivizado) merced a la cooperación,, a la división del trabajo dentro del taller, a la aplicación de la maquinaria y en general a la transformación del proceso productivo en aplicación consciente de las ciencias naturales, mecánica, química, etc., y de la tecnología, etc., con determinados objetivos, así como los trabajos en gran escala correspondientes a todo esto (sólo ese trabajo socializado está en condiciones de emplear en el proceso directo de producción los productos generales del desarrollo humano, como la matemática, etc., así como, por otra parte, el desarrollo de esas ciencias presupone determinado nivel del proceso material de producción); este desarrollo de la fuerza productiva del trabajo objetivado, por oposición a la actividad laboral más o menos aislada de los individuos dispersos, etc., y con él la aplicación de la ciencia -ése producto general del desarrollo social— al proceso inmediato de producción: todo ello se presenta como fuerza productiva del capital, no como fuerza productiva del trabajo, o sólo como fuerza productiva del trabajo en cuanto éste es idéntico al capital, y en todo caso no como fúcrza productiva ni del obrero individual ni de los obreros combinados en el proceso de producción. La mistificación implícita en la relación capitalista en general, se desarrolla ahora mucho más de lo que se había y se hubiera podido desarrollar en el caso de la subsunción puramente formal del trabajo en el capital. Por lo demás, es aquí donde el significado histórico de la producción capitalista surge por primera vez de manera palmaria (de manera específica), precisamente merced a la transformación del proceso inmediato de producción y al desarrollo de las fuerzas productivas sociales del trabajo.

Hemos demostrado (Ch. III) que no sólo “ conceptual” sino “ efectivamente” , lo “ social” , etc., de su trabajo se enfrenta al obrero no sólo como algo ajeno, sino hostil y antagónico, y como algo objetivado y personificado en el capital.

Del mismo modo que se puede considerar la producción de la plusvalía absoluta como expresión material de la subsunción formal del trabajo en el capital, la producción de la plusvalía relativa puédese estimar como la de la subsunción real del trabajo en el capital.

Sea como fuere, las dos formas de la plusvalía, la absoluta y la relativa —si se les quiere considerar a cada una para sí, como existencias separadas (y la plusvalía absoluta precede siempre a la relativa)— corresponden a dos formas separadas de la subsunción del trabajo en el capital, o dos formas de la producción capitalista separadas, de las cuales la primera es siempre precursora de la segunda, aunque la más desarrollada, la segunda, puede constituir a su vez la base para la introducción de la primera en nuevas ramas de la producción.

FICHAJE

“En lo que respecta a los factores vivos del proceso de valorización, se debe: 1) conservar el valor del capital variable La producción capitalista como producción de plusvalía  reintegrándolo, reproduciéndolo, esto es, adicionando a los medios de producción una cantidad de trabajo igual al valor del capital variable o del salario; 2) generar un incremento de su valor, una plusvalía, objetivando en el producto un cuanto de trabajo excedente por encima del contenido en el salario, un cuanto adicional de trabajo.”

Ficha 1

“A fin de que el tiempo de trabajo del obrero ponga valor proporcionadamente a su duración, el mismo debe ser tiempo de trabajo socialmente necesario. Esto es, el obrero debe ejecutar en un tiempo determinado el cuanto socialmente normal de trabajo útil, y por ello el capitalista obliga al obrero a que su trabajo alcance cuando menos el grado medio de intensidad conforme a la norma social. Procurará aumentarlo lo más que se pueda por encima de ese mínimo y extraer del obrero, en un tiempo dado, el mayor trabajo posible, puesto que toda intensificación del trabajo superior al grado medio le depara plusvalía. Tratará además de prolongar lo más posible el proceso de trabajo, más allá de los límites en que es necesario trabajar para reponer el valor del capital variable, el salario.

Una vez dada determinada intensidad del proceso de trabajo, el capitalista procurará prolongar lo más posible su duración; dada determinada duración del mismo, se esforzará por aumentar lo más posible su intensidad. El capitalista fuerza al obrero a dar a su  trabajo el grado normal y si es posible un grado superior de intensidad y lo fuerza a prolongar lo más posible el proceso de trabajo más allá del tiempo necesario para la reposición del salario”.

Ficha 2

“…Esta fuerza conservadora de valor y creadora de nuevo valor es, en consecuencia, la fuerza del capital y ese proceso se presenta como el proceso de autovalorización del capital o, por mejor decir, del empobrecimiento del obrero, quien el valor creado por él lo produce al mismo tiempo como un valor que le es ajeno.

Sobre la base de la producción capitalista, esta facultad del trabajo objetivado de transformarse en capital, es decir, de transformar los medios de producción en medios de dirección y explotación del trabajo vivo, aparece como algo inherente en sí y para sí a los medios de producción (a los que sobre esa base está ligada potencialmente (óvvápei) como algo inseparable de ellos, y por consiguiente como una cualidad que les correspondía en cuanto cosas, en cuanto valores de uso, en cuanto medios de producción.

Estos se presentan entonces, en sí y para sí, como capital, y el capital, pues -que expresa una relación determinada de producción, una relación social determinada, en cuyo interior los poseedores de las condiciones de producción se enfrentan a la capacidad viva de trabajo— aparece como una cosa, del mismo modo que el valor aparecía como cualidad de una cosa y la determinación económica de la cosa comò mercancía, como su cualidad de cosa; del mismo modo que la forma social que el trabajo recibía en el dinero, se presentaba como cualidades de una cosa.

Ficha 3

“La producción capitalista como producción de plusvalía  no se realiza, empero, sino en el proceso real de producción, que, como hemos visto, esencialmente es proceso de producción de plusvalía - lo que incluye la conservación del antiguo valor—, proceso de autovalorización del capital adelantado.

Las funciones que ejerce el capitalista no son otra cosa que las funciones del capital mismo —del valor que se valoriza succionando trabajo vivo— ejercidas con conciencia y voluntad. El capitalista sólo funciona en cuanto Capital personificado, es el capital en cuanto persona; del mismo modo el obrero funciona únicamente como trabajo personificado, que a él le pertenece como suplicio, como esfuerzo, fiero que pertenece al capitalista como sustancia creadora de riqueza…”

Ficha 4

“La dominación del capitalista sobre el obrero es por consiguiente la de una cosa sobre el hombre, la del trabajo muerto sobre el trabajo, la del producto sobre el productor, ya que en realidad las mercancías, que se convierten en medios de dominación sobre los obreros (pero sólo como medios de la dominación del Capital mismo), no son sino meros resultados del proceso de producción, los productos del mismo. En la producción materialal, en el verdadero proceso de la vida social —pues esto es el proceso de la producción— se da exactamente la misma relación que en el terreno ideológico se presenta en la religión: la conversión del sujeto en el objeto y viceversa…”

Ficha 5

“…Considerada históricamente, esta conversión aparece como el momento de transición necesario para imponer por la violencia, y a expensas de la mayoría, la creación de la riqueza en cuanto tal, es decir, forma antitética, así como en un principio el hombre debe atribuir una forma religiosa a sus facultades intelectuales, como poderes independientes que se le enfrentan. Se trata del proceso de enajenación de su propio trabajo. Aquí el obrero está desde un principio en un plano superior al del capitalista, por cuanto este último ha echado raíces en ese proceso de enajenación y encuentra en él su satisfacción absoluta, mientras que por el contrario el obrero, en su condición de víctima del proceso, se halla de entrada en una situación de rebeldía y lo siente como un proceso de avasallamiento…”

Ficha 6

“ La autovalorización del capital —la creación de plusvalía— es pues el objetivo determinante, predominante y avasallante del capitalista, el impulso y contenido absoluto de sus acciones; en realidad, no es otra cosa que el afán y la finalidad racionalizados del acaparador. Contenido absolutamente mezquino y abstracto, que desde cierto ángulo hace aparecer al capitalista como sometido exactamente a la misma servidumbre respecto de la relación del capital, aunque también de otra manera, que el polo opuesto, que el obrero .

El proceso de producción es la unidad inmediata entre el proceso de trabajo y el proceso de valorización, tal como su resultado inmediato, la mercancía, es la unidad inmediata entre el valor de uso y el valor de cambio. Pero el proceso de trabajo no es más que un medio del proceso de valorización, proceso que, a su vez, en cuanto tal es esencialmente producción de plusvalía, esto es, proceso de objetivación de trabajo impago. De esta suerte se halla determinado específicamente el carácter global del proceso de producción.”

Ficha 7

“Si consideramos el proceso de producción desde dos puntos de vista diferentes, 1) como proceso de trabajo, 2) como proceso de valorización, ello implica que aquél es tan sólo un proceso de trabajo único, indivisible. No se trabaja dos veces, una para crear un producto utilizable, un valor de uso, para transformar los medios de producción en productos; la otra, para crear valor y plusvalía, para valorizar el valoreo.

“…El proceso de trabajo se convierte en el instrumento del proceso de valorización, ,del proceso de la autovalorización del capital: de la creación de plusvalía. El proceso de trabajo se subsume en el capital (es su propio proceso) y el capitalista se ubica en él como dirigente, conductor; para éste es al mismo tiempo, de manera directa, un proceso de explotación de trabajo ajeno. Es esto a lo que denomino subsunción formal del trabajo en el capital…”

Ficha 8

“…La facultad que el trabajo tiene de conservar el valor se presenta como facultad de autoconservación del capital; la facultad del trabajo de generar valor, como facultad de autovalorización del capital, y en conjunto, y por definición, el trabajo objetivado aparece como si utilizara al trabajo vivo. Pese a todo ello, con ese cambio (change) no se ha efectuado a priori una mudanza esencial en la forma y manera real del proceso de trabajo, del proceso real de producción. Por el contrario, está en la naturaleza del caso que la subsuncion del proceso laboral en el capital se opere sobre la base de un proceso laboral preexistente, anterior a esta subsunción suya en el capital y configurado sobre la base de diversos procesos de producción anteriores y de otras condiciones de producción; el capital se subsume determinado proceso laboral existente, como por ejemplo el trabajo artesanal o el tipo de agricultura correspondiente a la pequeña economía campesina autónoma. Si en estos procesos de trabajo tradicionales que han quedado bajo la dirección del capital se operan modificaciones, las mismas sólo pueden ser consecuencias paulatinas de la previa subsuncion de determinados procesos laborales, tradicionales, en el capital.”

Ficha 8

“…Por el contrario, sobre la base de un modo de trabajo preexistente, o sea de un desarrollo dado de la fuerza productiva del trabajo y de la modalidad laboral correspondiente a esa fuerza productiva, sólo se' puede producir plusvalía recurriendo a la prolongación del tiempo de trabajo, es decir bajo la forma de la plusvalía absoluta. A esta modalidad, como forma única de producir la plusvalía, corresponde pues la subsunción formal del trabajo en el capital

La prolongación de la jornada laboral más allá del punto en que el obrero habría producido tan sólo, un equivalente por el valor de su fuerza de trabajo, y la apropiación de este plustrabajo por el capital; esto es la producción de la plusvalía absoluta. La misma constituye la base general del sistema capitalista y el punto de partida de la producción de la plusvalía relativa. En esta producción la jomada laboral está dividida de antemano en dos partes: el trabajo necesario y el plustrabajo.

Para prolongar el plustrabajo, se reduce el trabajo necesario gracias a métodos por cuyo intermedio se produce en menos tiempo el equivalente del salario. La producción de la plusvalía absoluta gira tan sólo en torno a la duración de la jomada laboral; la producción de la plusvalía relativa revoluciona de arriba abajo los procesos técnicos del trabajo y los agrupamientos sociales. La segunda supone por lo tanto un modo de producción específicamente capitalista que, con sus métodos, medios y condiciones no surge y se forma naturalmente si no es sobre la base de la subsunción formal del trabajo en el capital. En lugar de la subsunción formal hace su entrada la subsunción real del trabajo en el capital.

Ficha 9

“…todo ello se presenta como fuerza productiva del capital, no como fuerza productiva del trabajo, o sólo como fuerza productiva del trabajo en cuanto éste es idéntico al capital, y en todo caso no como fuerza productiva ni del obrero individual ni de los obreros combinados en el proceso de producción. La mistificación implícita en la relación capitalista en general, se desarrolla ahora mucho más de lo que se había y se hubiera podido desarrollar en el caso de la subsunción puramente formal del trabajo en el capital. Por lo demás, es aquí donde el significado histórico de la producción capitalista surge por primera vez de manera palmaria (de manera específica), precisamente merced a la transformación del proceso inmediato de producción y al desarrollo de las fuerzas productivas sociales del trabajo.

Ficha 10

Hemos demostrado (Ch. III) que no sólo “conceptual” sino “efectivamente”, lo “social”, etc., de su trabajo se enfrenta al obrero no sólo como algo ajeno, sino hostil y antagónico, y como algo objetivado y personificado en el capital.

Del mismo modo que se puede considerar la producción de la plusvalía absoluta como expresión material de la subsunción formal del trabajo en el capital, la producción de la plusvalía relativa puédase estimar como la de la subsunción real del trabajo en el capital.

Sea como fuere, las dos formas de la plusvalía, la absoluta y la relativa —si se les quiere considerar a cada una para sí, como existencias separadas (y la plusvalía absoluta precede siempre a la relativa)— corresponden a dos formas separadas de la subsunción del trabajo en el capital, o dos formas de la producción capitalista separadas, de las cuales la primera es siempre precursora de la segunda, aunque la más desarrollada, la segunda, puede constituir a su vez la base para la introducción de la primera en nuevas ramas de la producción.”

Ficha 11

RESUMEN INTERPRETATIVO

En el Capítulo VI Inédito del Capital, Marx reitera aspectos tratados en los Manuscritos Económicos-filosóficos de 1844, en la relativo a la enajenación del trabajo y la cosificación de las relaciones sociales, ubicando la subsunción como una profundización de dicho proceso:

  • Su trabajo se enfrenta al obrero no sólo como algo ajeno, sino hostil y antagónico, y como algo objetivado y personificado en el capital. Los poseedores de las condiciones de producción se enfrentan a la capacidad viva de trabajo— aparece como una cosa, del mismo modo que el valor aparecía como cualidad de una cosa y la determinación económica de la cosa como mercancía, como su cualidad de cosa.
  • Se trata del proceso de enajenación de su propio trabajo. Aquí el obrero está desde un principio en un plano de supeditación al  capitalista, por cuanto este último ha echado raíces en ese proceso de enajenación y encuentra en él su satisfacción absoluta, mientras que por el contrario el obrero, en su condición de víctima del proceso, se halla de entrada en una situación de rebeldía y lo siente como un proceso de avasallamiento
  • La facultad que el trabajo tiene de conservar el valor se presenta como facultad de autoconservación del capital; la facultad del trabajo de generar valor, como facultad de autovalorización del capital, y en conjunto, y por definición, el trabajo objetivado aparece como si utilizara al trabajo vivo.
  • El proceso de valorización del capital, busca generar un incremento de su valor, una plusvalía, objetivando en el producto un cuanto de trabajo excedente por encima del contenido en el salario, un cuanto adicional de trabajo.
  • El capitalista obliga al obrero a que su trabajo alcance cuando menos el grado medio de intensidad conforme a la norma social. Procurará aumentarlo lo más que se pueda por encima de ese mínimo y extraer del obrero, en un tiempo dado, el mayor trabajo posible, puesto que toda intensificación del trabajo superior al grado medio le depara plusvalía.
  • El proceso de trabajo se convierte en el instrumento del proceso de valorización,del proceso de la autovalorización del capital: de la creación de plusvalía. El proceso de trabajo se subsume en el capital,es su propio proceso.
  • La autovalorización del capital —la creación de plusvalía— es pues el objetivo determinante, predominante y avasallante del capitalista, el impulso y contenido absoluto de sus acciones; en realidad, no es otra cosa que el afán y la finalidad racionalizados del acaparador. Contenido absolutamente mezquino y abstracto.
  • Sólo se' puede producir plusvalía recurriendo a la prolongación del tiempo de trabajo, es decir bajo la forma de la plusvalía absoluta. A esta modalidad, como forma única de producir la plusvalía, corresponde pues la subsunción formal del trabajo en el capital.
  • La subsunción real supone  un modo de producción específicamente capitalista que, con sus métodos, medios y condiciones no surge y se forma naturalmente si no es sobre la base de la subsunción formal del trabajo en el capital. En lugar de la subsunción formal hace su entrada la subsunción real del trabajo en el capital.
  • Se puede considerar la producción de la plusvalía absoluta como expresión material de la subsunción formal del trabajo en el capital, la producción de la plusvalía relativa puédase estimar como la de la subsunción real del trabajo en el capital.
  • La segunda supone por lo tanto un modo de producción específicamente capitalista que, con sus métodos, medios y condiciones no surge y se forma naturalmente si no es sobre la base de la subsunción formal del trabajo en el capital. En lugar de la subsunción formal hace su entrada la subsunción real del trabajo en el capital.
  • La mistificación implícita en la relación capitalista en general, se desarrolla ahora mucho más de lo que se había y se hubiera podido desarrollar en el caso de la subsunción puramente formal del trabajo en el capital.

IV.- LA PERTINENCIA DE ESTA PROBLEMÁTICA EN LA ACTUAL COYUNTURA HISTORICA Y SU CONCRECION EN LA EXPERIENCIA DE CVG-ALCASA

Para finalizar este tercer avance del proceso investigativo, vamos a plantear algunos criterios que responden las observaciones críticas de algunos compañeros que ven este esfuerzo investigativo como separado de las tareas ideológicas del día día o sin filo político en la actual coyuntura, subestimando  su pertinencia  por tener  supuestamente sesgos teoricistas o librescos.

Por eso he creído oportuno, reseñar documentalmente  algunos materiales donde está   registrada la conexión entre estas reflexiones teóricas sobre la crítica de la economía y experiencias concretas como la que vivimos en la CVG y las empresas del aluminio en  los años 2005-2007, donde  no se trató de un proceso académico universitario ( el cual tampoco subestimamos) sino un esfuerzo para  empujar cambios en las relaciones de producción en fábricas concretas, enfrentando obstáculos de distintas naturaleza: sindicatos corporativos y economicistas, tecnocracia institucionalizada, carteles de todo tipo, prácticas clientelares y politiqueras, campañas de distorsiones informativas a través de periodistas y medios tarifados. Igualmente, enfrentamos una herencia de empleos precarios y tercerizados, los cuales se sumaban   al conglomerado de sujetos involucrados en un despiadado proceso de explotación, verbigracia, celdas I y celdas II de CVG-Alcasa.

Siendo presidente de CVG-Alcasa y director principal de Venalum y Bauxilum, empresas con miles de trabajadores(as) en su seno, libramos una batalla campal contra la tecnocracia y el despotismo de fábrica que concreta en dichos espacios la subsunción del trabajo al capital.

Particularmente en CVG-Alcasa, tuvimos la oportunidad de llegar al corazón del asunto, poniendo en discusión las concepciones burguesas   sobre productividad que responden a la lógica del capital y que se materializan en los puestos de trabajo como “prácticas operativas” diseñadas por la Reynold hace más de unas cuantas décadas,  bajo un enfoque taylorista.

Orientado por las premisas marxistas que impugnan la valorización del capital y cuestionan la enajenación del trabajo como hemos visto en este avance, nos planteamos “humanizar el trabajo” reduciendo la jornada, modificando la normas de rendimiento, asumiendo la dirección consciente de la producción, planificando democráticamente y colectivizando la gestión a través del Consejo de Fábrica y el Control Obrero, elección directa de la gerencia y de las mesas de trabajo en las diversas plantas, reconocimiento de las pasivos laborales y deudas.

Existen testimonios y soportes documentales donde quedó registrada tal experiencia: 11 ensayos publicados, reseñas periodísticas, actas de la Junta Directiva de la empresa donde presentamos la mayor parte de los temas en discusión.

En una perspectiva descalificadora, los operadores políticos e ideológicos  utilizados por  la dominación, acusan la experiencia de CVG-Alcasa de “fracasada”. No es esta la ocasión de hacer un balance integral de tal experiencia y sólo la traemos a colación para resaltar que lo que nos planteamos y llevamos adelante entonces, teóricamente, se inspiró en  las lecturas y elaboraciones del marxismo crítico, sin cuyo referencia hubiésemos seguido el tradicional esquema reproductor de la dominación, es decir, en nombre del socialismo o de la revolución bolivariana serviríamos de agentes propulsores de la subsunción del trabajo al capital.

La reseña que continuación presentamos evidencian los estamos afirmando y la evaluación comparativa puede permitir estimar el alcance de esa batalla ideológica, siendo para nosotros una experiencia concluyente: no hay ni habrá socialismo con explotación del trabajo.

No llegaríamos a la raíz ideológica que explica el fracaso del “socialismo real” (URSS, China, Vietnam, Cuba) si no comprendemos como en dichas experiencias  no se pasó del CAPITALISMO DE ESTADO, legitimando la vigencia de la teoría del Valor-trabajo en la transición, supeditándose al  fetichismo de la mercancía, perpetuando la enajenación del trabajo, tal como lo vamos a estudiar a lo largo de los talleres-seminarios de este programa investigativo y en tal sentido, está plenamente justificado la investigación y debate  en torno a cual socialismo estamos reivindicando en la actual coyuntura histórica.

A  continuación sometemos a la lectura crítica varios artículos que recogen la reflexión sobre dicha problemática.

Carlos Lanz Rodriguez “Proceso inmediato de producción y autonomia obrera. “ A propósito de la crítica marxista de la economía política. (http://www.aporrea.org/ideologia/a30757.html. Publicado 15/02/2007 )

“Presentación

En los actuales momentos el proceso cogestionario de CVG-ALCASA se ha convertido en una referencia inexcusable en torno al debate sobre la transición socialista, concebida como cambio en las relaciones de producción capitalista.

Los últimos acontecimientos ocurrido en las empresas básicas del sector aluminio referido a las evaluaciones por mérito, ( donde de nuevo CVG-ALCASA marca el rumbo guiada por principios de justicia social ), pone en evidencia los diversos enfoques e intereses clasistas que están presentes no sólo en nuestras empresas, sino en la CVG,en el MIBAM y el conjunto del gobierno nacional.

Contribuir a esclarecer las posiciones en juego, es una tarea de primer orden en la batalla de ideas que apuntan hacia la construcción del socialismo.

Por ello hemos elaborado este nuevo ensayo donde compilamos diversos materiales atinentes al proceso inmediato de producción capitalista y la autonomía obrera. En este proceso, se concreta la explotación como combinación de la valorización ( extorsión de la plusvalía ) y el proceso de trabajo.

Estas precisiones ideológicas han estado presentes en todo el proceso de elaboración y reconstrucción teórica de la experiencia cogestionaria de CVG-ALCASA acudiendo a la memoria histórica como un eslabón esencial de nuestras posiciones, no sólo por razones de honestidad intelectual y transparencia, sino por la coherencia de nuestro compromiso con la causa de los oprimidos y explotados. El lector podrá comprobar que estas no son poses de última hora, sino que al reciclar “viejos papeles” queremos que se comprenda que son ideas y prácticas donde se nos ha ido la vida por defender los intereses estratégico de los trabajadores, ya sea como guerrillero, prisionero político o como coordinador de proyectos educativos y productivos en el gobierno bolivariano. Son testimonios y documentos que han soportado la prueba de la historia, porque después de décadas su contenido sigue vigente en la actual coyuntura.

Es así como se hace comprensible nuestra postura desde la primera asamblea realizada en el portón de la empresa ha mediado de febrero del 2005,donde ante una nutrida asistencia de trabajadores, esbozamos los planteamientos que serían un norte en nuestra ejecutoria en los dos años que tenemos acompañando este proceso en CVG-ALCASA:

1.- No se me designó en el cargo que ostento para intensificar la explotación de los trabajadores, colocando la responsabilidad de la crisis de la empresa sobre sus espaldas, bajo el falso argumento de que no le puede aumentar los salarios, ni honrar compromisos contractuales, deudas y pasivos laborales, porque se va “quebrar” la planta.. Al contrario, hemos sostenido que es la fuerza viva del trabajo el que genera riqueza, agrega valor, no la máquina. ni la tecnocracia No es por casualidad, que toda la lógica del capital consiste en expoliar el trabajo.

2.- Tales puntos de vistas se inscriben en la crítica de la  teoría del Valor-trabajo de factura marxista, donde se señala con claridad que ningún patrono o empresario—sea privado o público -- paga de manera igualitaria y equitativa el valor real de la fuerza de trabajo, sino que en toda jornada de trabajo en el régimen de producción capitalista, se genera una cuota de trabajo excedente no pagado, el cual se conoce en la literatura marxista como plusvalía, plustrabajo, siendo la génesis de la acumulación de capital

3.-En tal sentido, asumimos que cancelar pasivos y deudas, incrementar el monto de las evaluaciones o el salario, no es sólo un acto de justicia social, no escamotear las reivindicaciones de los trabajadores no es sólo un acto solidario, promover la humanización del trabajo impulsando la reducción de la jornada laboral no es pura filantropía, sino que son planteamientos asumidos desde ese entonces, como una manera de atacar la explotación y paliar la desvalorización del salario de los trabajadores alcasianos.

4.- Esta posición de principio, ha tenido como consecuencia una permanente contradicción entre la lógica instaurada en nuestras empresas básicas en el marco del capitalismo de Estado y el nuevo paradigma que se asienta en la emancipación del trabajo. Un conflicto rampante que aparece de coyuntura en coyuntura, cuyo impacto depende de las relaciones de fuerza y de los escenarios concretos. Así por ejemplo, podemos reseñar una confrontación con las posturas tecnocráticas que han predominado en algunas instancias de CVG, donde se penaliza al trabajo como causal de quiebra de la empresa. Por ejemplo, en la discusión del presupuesto del año 2005, con la presencia del ministro del MIBAM y Presidente de la CVG, Víctor Álvarez, acompañado de todos los presidentes de las empresas tuteladas, el salón de sesiones de Macagua fue escenario de una clara divergencia con la tecnocracia que responde a la lógica del capital, cuando sus voceros sostuvieron que el origen de la crisis de CVG-ALCASA consiste en el número de trabajadores que tiene la empresa y los gastos asociados. Argumentando estándares internacionales o modelos como el de Noruega, se propuso de una manera velada la reducción de personal al estilo de la reconversión de SIDOR, lo cual en el caso concreto de la empresa implicaría dejar cesante a más de 1.900 trabajadores, porque según este enfoque ALCASA debe emplear sólo 1.100 de los 3.000 trabajadores que tenemos.

Partiendo de las premisas básicas de la Ley del Valor-trabajo enfrentamos tal postura propia del capitalismo salvaje. Si se reduce la cantidad de trabajadores empleados merma la masa de plusvalía ya que como hemos señalado anteriormente, sólo la fuerza de trabajo agrega nuevo valor. El trabajo cristalizado en maquinarias y equipos sólo transmiten su valor como trabajo muerto, trabajo pretérito La expulsión del trabajo vivo de la producción bloquea la valorización y conduce a la caída tendencial de las ganancias, al modificarse la composición orgánica del capital. tal como lo veremos más adelante en este ensayo,al examinar las causas de la crisis capitalistas. Esta es una de la contradicciones inmanente del régimen de producción capitalista, donde el progreso técnico que ahorra mano de obra y reduce el empleo, conduce a bajar la cuota de ganancia, no quedándole otra salida al capital que incrementar la explotación buscando obtener más plusvalía o trabajo no pagado y desvalorizar el salario.

En un ambiente gobernado por la racionalidad capitalista, nuestros argumentos sonaron como fuera de lugar, los tecnócratas se escandalizaron y casi les da un infarto, y hasta llegarían a pensar “ este es un loco de carretera”, sólo que el ministro Víctor Álvarez, como economista marxista, conocía los fundamentos de los cuales estábamos partiendo y en tal sentido, apoyó nuestras posiciones, frenando cualquier medida de reducción de personal.

En el fondo el referido episodio lo que evidencia es una de las contradicciones más importantes de la transición socialista en la CVG:

  • Las empresas básicas están gobernada por la lógica del capital, desde su definición jurídica como sociedad o compañía anónima que se rige por el código de comercio, hasta el proceso de trabajo subsumido (subsunción real según el Capitulo VI Inédito del El CAPITAL ) en la valorización o dicho de otra manera, la producción se guía por los valores de cambio, por la ganancia y el lucro que tiene como base la extorsión del trabajo.
  • El nuevo modelo productivo, rumbo al socialismo, no se ha desarrollado y es embrionaria la conciencia y la práctica que se orienta por los valores de uso, por la satisfacción de las necesidades y la liberación de los trabajadores.
  • La poca claridad sobre esta problemática, es un déficit ideológico que amenaza la profundización del proceso de cambio y en el caso específico de CVG, PDVSA y otras empresas del Estado, es una tarea urgente a realizar

En tal sentido, tienen pertinencia las siguientes interrogantes:

¿ Puede construirse el socialismo perpetuando la explotación del trabajo y la desvalorización del salario ?

¿ En la transición los cambios de reducen a la esfera de la circulación y distribución, repartiendo la renta o el excedente, sin tocar el proceso inmediato de producción ?

La respuestas a tales interrogantes en el seno de los revolucionarios implica búsquedas y desafíos que rompen con el economicismo y la tecnocracia.

Al interior del movimiento revolucionario mundial el debate ha estado matizado por el rescate de ciertas lecturas e interpretaciones que superan la vieja diferencia entre el Marx científico y el Marx utópico, el contraste entre el joven Marx y el Marx Maduro.

Carlos Lanz Rodriguez “¿Cuál socialismo ?” (http://www.aporrea.org/ideologia/a28753.html 26/12/2006.)

En el actual momento que vive proceso bolivariano se viene generando un clima de debate y reflexión en torno al socialismo, proceso éste donde se comienza a presentar las diversas concepciones, teorías, experiencias, sueños y esperanzas, en torno al cambio revolucionario .

Se trata de un debate inconcluso en el seno de los revolucionarios no sólo en Venezuela sino en todo el mundo, el cual ha cobrado fuerza en diversos momentos y ha producido montones de artículos, textos, sin dejar de dejar de señalar la ola de sanciones, expulsiones, excomuniones y otros expedientes propios de la burocracia partidista que silenció cualquier discrepancia con el dogma oficial del momento. Esto es harto conocido y puede rastrearse documentalmente en las historias de las Internacionales Comunistas o trotskistas, y en los diversos agrupamiento consulares en los que se dividió la izquierda mundialmente ( pro-soviéticos siguiendo los Manuales de la Academia de Ciencia de la URSS, pro-chinos con el pensamiento Mao Tse Tung, pro-albaneses seguidores de Henver Hoxha, pro-coreanos adoradores del Kim il Sung, pro-libios fanáticos del “libro verde” de Cadhafi ).

Esta rápida evocación de una parte del proceso de copia y calco de aquella época, nos señala la inmensa responsabilidad intelectual que demanda el debate actual: la cuestión del socialismo no se puede simplificar ni banalizar, así como tampoco debemos reproducir el dogmatismo-empirismo.

En relación a esta última pareja epistemológica, también podemos señalar por experiencia que la simple repetición de recetas y categorías aplicadas mecánicamente y su combinación con el tareismo no puede conducir sino al fracaso, unas premisas no contextualizadas históricamente amarradas con una práctica ciega, conduce al oportunismo ideológico.

Aquí puedo testimoniar ( después de varias décadas de militancia comprometida) como grupos e individualidades super radicalizados en la repetición de esquemas y recetas, esterilizados en el pensamiento y en la acción, terminan saltando la tranquera o adaptándose al momento por realismo político.

Superar el dogmatismo no es una cuestión sencilla, sobre todo si el proceso formativo es manualesco. En mi caso, la formación como militante comunista se centró en las lecturas de textos de autores inspirados en el marxismo soviético, en consecuencia como revolucionario estuve durante mucho tiempo bajo la influencia de un tipo de interpretación sesgada de Marx.

Cuando tuve la ocasión de estudiar sistemáticamente la obra de Marx, básicamente en los 8 años de prisión en el Cuartel San Carlos en la década del 70, pude comprobar que la Economía Política de Nikitin, por ejemplo, era una determinada manera de entender los aportes del marxismo por parte de los rusos, donde estaban ausentes varios trabajos de Marx considerados como no “científicos”, “obras juveniles”, entre ellos los Manuscritos Económicos- Filosóficos de 1844, los Grudrisse, el Capítulo VI Inédito de El Capital, entre otros.. Precisamente, se trataba de aquellos escritos donde Marx desarrolla la crítica de la economía política desde una perspectiva humanista, condenando la explotación del trabajo desde el proceso inmediato de producción. Esta última lectura de Marx no permite justificar en su nombre la adopción de un “modelo de acumulación socialista”, ni la aplicación de la Ley del Valor-Trabajo en la construcción de la nueva sociedad, muchos menos pudiese justificar un concepto de productividad de base taylorista, tal como lo desarrollaron los soviéticos .

En esa dirección, particular importancia posee las investigaciones planteadas sobre el CAPITULO VI INEDITO DE EL CAPITAL, donde el Marx definido como “maduro” reitera la crítica a la enajenación del trabajo, condena la sumisión del trabajo al capital a partir del proceso inmediato de producción, reivindica el humanismo y la subjetividad del trabajo como emancipación, tal como lo había sostenido en sus escritos llamados de “juventud”, como son los Manuscritos Económicos-Filosóficos de 1844 y otros trabajos.

Algún lector no consustanciado con tales referencias bibliográficas ni con sus implicaciones en la construcción socialista, puede pensar que se trata de una problemática teoricista, propia de académicos.

Sostengo que este es un nudo crítico de cualquier cambio revolucionario, es decir, definir estos aspectos de lecturas es básico en la superación del capitalismo. Los soviéticos no sólo fracasaron por las prácticas burocráticas del partido, sino porque reprodujeron la lógica de la acumulación capitalista en una óptica economicista y tecnocrática: no eliminaron la extorsión del trabajo, aplicaron los desarrollos científico técnico sin crítica, adoptaron el taylorismo bautizado para la época como“stajonismo”.

Esta reflexión no es gratuita porque en Venezuela hay grupos e individualidades identificadas con el marxismo soviético que quieren un “socialismo científico” fundado en el desarrollo de las fuerzas productivas, en la aplicación de la ciencia y la tecnología sin discusión, en la perpetuación de la división social del trabajo.

El aspecto dilemático del socialismo como negación del capitalismo, es la superación de la Ley del Valor, como teoría y práctica de la explotación del trabajo, hoy por hoy la clave es eliminar la enajenación del obrero que vive las consecuencias de la fragmentación de la tarea.

De allí, la urgencia de responder las siguientes 5 preguntas:

1.- ¿Puede construirse el socialismo manteniendo la contradicción entre el proceso de trabajo y la valorización o aceptando la primacía del valor de cambio por encima del valor de uso?

2.- ¿Puede construirse el socialismo sin poner en discusión la obtención de plusvalía, el pillaje legalizado del plustrabajo, trabajo excedente o trabajo no pagado al obrero ?.

3.- ¿Puede construirse el socialismo aceptando los paradigmas industriales propios del capitalismo, como son el taylorismo, el fordismo o el neofordismo?

4.- ¿ Puede construirse el socialismo partiendo de la concepción de la productividad del trabajo que se fundamenta en la parcelación del saber y de la tarea, es decir, en la profundización de la separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual del obrero ?

5.- ¿ De qué socialismo estamos hablando ? ¿Capitalismo de Estado ?

Esta son interrogantes que demandan respuestas por parte de los revolucionarios que creemos en el socialismo. No responderlas es reproducir la vieja conseja gatopardiana: CAMBIAR PARA QUE NADA CAMBIE.

Carlos Lanz Rodriguez. “ ¿Puede construirse el socialismo perpetuando la enajenación del trabajo? “ (http://www.aporrea.org/ideologia/a33696.html. Publicado 23/04/ 2007)

Cuando uno se pregunta sobre el origen de la riqueza en el régimen de producción capitalista, nos encontramos con diversas respuestas que corresponden a variados paradigmas e intereses en juego.

En tal sentido, podemos ejemplificar estas respuestas en el siguiente orden:

• Los apologistas y agentes ideológicos del capital, legitimando la apropiación privada del trabajo social, le dan a la ganancia este origen:

1.- Se trata del esfuerzo de los emprendedores, los cuales ahorrando y trabajando duro logran acumular riqueza.

2.- También se argumenta que la ganancia es un premio a la habilidad comercial, al cálculo y la astucia gerencial del capitalista.

3.- Por otro lado, para la tecnocracia la ganancia surge de una combinación técnica de factores productivos, utilizados eficaz y eficientemente: maquinaria, equipos y recursos humanos.

4.- Y finalmente, está la perspectiva de la crítica de la economía política marxista, donde se señala que el origen de la ganancia tiene su origen en la plusvalía o trabajo no pagado, es decir, la acumulación del capital se fundamenta en la explotación del trabajo.

Colocar la génesis de la ganancia en la explotación del trabajo, requiere romper con el sentido común, lo que en el terreno epistemológico hace obligante trascender la apariencia y no dejarse atrapar con el cuento de que se trata de una especie de remuneración al riesgo y al esfuerzo creador del capitalista, tal como se sugiere en el primer enfoque reseñado.

Las implicaciones de esta ruptura cognitiva, en otros trabajos ( “Proceso inmediato de producción y autonomía obrera” ) lo hemos caracterizado de la siguiente manera:

“Para Marx todo del proceso que examinamos anteriormente está cruzado por un velo apariencial, siendo en tal sentido una realidad que no es evidente a simple vista, no es transparente a la percepción sensorial. Así encontramos el enmascaramiento de un conjunto de relaciones: entre la extorsión del trabajo y el salario, entre la plusvalía y la ganancia, entre la ganancia y el interés. Tales encubrimientos nublan el tejido social e histórico de las relaciones de producción capitalista.”

Este proceso de "mistificación" del capital tiene que ver con la supeditación del análisis a la esfera de la circulación, de la distribución y el intercambio

En esa dirección, hemos reivindicado el trabajo no como un factor indistinto de producción, sino ubicando a la fuerza de trabajo o trabajo vivo como la fuente real de la creación de nuevo valor y de igual manera planteando su liberación, lo que hace inexcusable superar el proceso enajenante que se da en el proceso inmediato de producción capitalista, por la contradicción en el proceso de trabajo y su extorsión:

1.- El proceso de trabajo es la base de la valorización, caracterizado por Marx como subsunción real del trabajo por el capital.

2.- En este proceso de valorización, las maquinarias y equipos ( capital constante ) no crean nuevo valor, sino que transfieren el valor cristalizado, denominado también “trabajo muerto”, trabajo acumulado, trabajo pretérito, trabajo objetivado.

3.- Lo que crea valor es sólo el “trabajo vivo” o fuerza de trabajo, ya que la máquina agrega el trabajo que ya posee.

4.- El proceso de trabajo en función de la valorización es un trabajo enajenado o alienado, donde el trabajador se enfrenta a la máquina, los productos y sus propios compañeros como algo “extraño”

El doble vínculo entre subsunción real del trabajo en el capital y la enajenación, fue reseñado por Marx en diversas obras ( desde los Manuscritos Económico-filosóficos de 1844 hasta El Capital ) razón por la cual hemos compilado fragmentos de diversos textos donde se refleja esta problemática.

Al enfatizar el tópico de la sumisión del trabajo a la búsqueda de la ganancia., queremos poner en evidencia el entramado de relaciones en el proceso de trabajo, sobre todo el de factura taylorista .

Estos énfasis están justificados, porque cualquier intento de humanizar el trabajo y superar el proceso de valorización capitalista centrada en la extorsión del trabajo va a chocar inevitablemente con la llamada “ organización científica del trabajo” heredada del taylorismo, el fordismo, el neo-fordismo, el toyotismo, por lo que hay que establecer las premisas de lo que va a ser el proceso de “reingeniería” que impulsa la propuesta socialista para no reproducir la lógica enajenante que hemos heredado en el proceso de trabajo. He aquí algunas de dichas premisas:

_ El trabajador al supeditarse a los equipos y maquinarias, asume un conjunto de tareas parceladas y empobrecedoras, las cuales debe repetir indefinidamente, como parte de sus funciones y adscripción de cargo, regida por prácticas operativas, legitimadas en normativas y en la propia contratación colectiva y en el tabulador.

_ La subsunción del trabajo en el capital, está respaldada por una determinada manera de entender y aplicar la ciencia y la tecnología, donde los paradigmas dominantes en el terreno del conocimiento o los saberes técnicos excluyen como no científico las habilidades y pericias del trabajador.

_ De esta manera se puede hablar de una subsunción del saber, ya que la experiencia del obrero y su “saber hacer” se hace rutinario y poco creativo, profundizando la diferencia entre la actividad manual e intelectual.

_ En el taylorismo, al disociar el saber de los trabajadores, aparece como obligado que este sea asumido por la gerencia, separando la dirección de la ejecución.

_ Este es un rasgo fundante de la enajenación del trabajo, porque el obrero ejecuta un trabajo parcelario y embrutecedor, con una enorme carga física y psíquica, en ambientes de alto riesgo y severidad, mientras una parte de la gerencia y de la administración monopoliza la tareas de dirección en un ambiente diferenciado.

_ El espacio donde se formula y se administra el proceso de trabajo es algo ajeno y distante del obrero, justificado por supuesto en normas técnicas que nadie discute..

Carlos Lanz Rodriguez La reivindicación de la crítica de la economía política

( Publicado en  http://www.aporrea.org/educacion/a118105.html .21/02/2011 )

En la Universidad Bolivariana de Venezuela se viene realizando un “CURSO AVANZADO DE CRITICA DE LA ECONOMIA POLITICA” a cargo de investigadores de la UNAM-México, quienes han realizado una rigurosa reconstrucción de la obra marxista, particularmente EL CAPITAL, como crítica del régimen de producción burgués.

Participando en algunas de las conferencias dictadas y leyendo la producción teórica de estos investigadores mejicanos, nos sentimos confirmado no sólo en la vigencia del marxismo como teoría crítica, sino en la pertinencia  de la lucha ideológica y sus derivaciones políticas, sus concreción en la pelea diaria por superar la explotación del trabajo.

Particular relevancia tiene para este combate ideológico el eje temático que gira en torno a la SUBSUNCIÓN DEL TRABAJO AL CAPITAL, el cual ha sido trabajado por varios de los investigadores de la UNAM. En esto tenemos una coincidencia fundamental, que pasa por el reconocimiento del valor de la lectura del CAPITULO VI ( Inédito) DE EL CAPITAL .

En la formación de los marxistas venezolanos, esta ha sido una lectura ausente, por la impronta que nos dejó el marxismo soviético, con sus sesgos economicistas y tecnocráticos. En tal sentido, rescato algunas reflexiones que hice a propósito de un trabajo que presente en la “CUMBRE DE COCHABAMBA SOBRE CAMBIO CLIMATICO”, el cual lleva por título “Propuesta anti-capitalista y agroecología”. Abril 2010, donde se consiguen los ecos de las investigaciones del Cuartel San Carlos sobre la obra marxista, con nuestras arengas en el Portón del CVG-ALCASA.

I.-LA VALORIZACION DEL CAPITAL COMO FIN ULTIMO DE LA PRODUCCION

Para Carlos Marx el régimen de producción capitalista posee como objetivo básico la VALORIZACION, la cual se define como el proceso donde el capital subsume formalmente y en lo real al trabajo. Esta supremacía de la valorización sobre el  trabajo vivo en el proceso inmediato de producción, como finalidad estratégica de cualquier empresario capitalista, es conceptuado de diversas formas: succión de plusvalía ( trabajo no pagado ) obtención de plustrabajo,  expoliación del trabajo excedente apropiado privadamente.

Este horizonte del capital no los recuerda Marx:

"(...)La finalidad de la producción capitalista es, como sabemos, la valorización del capital, es decir, la apropiación de plusvalía, y su conversión en ganancia.”

Para la crítica de la economía política marxista, la  ganancia, no surge  del esfuerzo, del ahorro, el riesgo o ingenio empresarial como sostienen los lugares comunes divulgado por los agentes ideológicos del capital, sino de la apropiación del trabajo excedente (lo que también se conoce como teoría del valor-trabajo o teoría de la explotación del trabajo).

Todo el móvil de la producción capitalista está centrado en la producción y apropiación del trabajo excedente. Históricamente hemos conocido el alcance y límite de la sed insaciable del capital para obtener el plustrabajo, donde se han dado coyunturas donde lo han alcanzado extendiendo la jornada  laboral, en otros casos, incrementando el ritmo y la cadencia de la producción, abaratando los costos de reproducción de la fuerza de trabajo, desvalorizando el trabajo.

De allí la importancia de partir de enfoque genético-estructural, para analizar y comprender la lógica del capital, como nos los indica Cristhian Polloix:

“…desde la valorización a la acumulación y reproducción ampliada del capital. desde la circulación hacia la producción (en la unidad de la producción y circulación evidentemente) desde el beneficio hacia los modos de extracción de la plusvalía (absoluta y relativa) .

Es este proceso global el que permite comprender subsunción del trabajo, en el eje relacional VALORIZACION-ACUMULACION-REPRODUCCION AMPLIADA DEL CAPITAL.

En tal sentido, la subsunción del trabajo comporta la subordinación, sumisión, domesticación formal y real de los trabajadores.

En este contexto tiene particular importancia  los planteamientos desarrollados en los Grundrisse y en  el CAPITULO VI INEDITO, de EL CAPITAL, donde el Marx definido como “maduro”, condena la sumisión del trabajo al capital a partir del proceso inmediato de producción, reivindica el humanismo y la subjetividad del trabajo como emancipación.

II.-LAS  LECCIONES SOBRE EL CAPITULO SEXTO (INÉDITO) DE EL CAPITAL DE  CARLOS MARX

Daniel Olvera Sotres en su trabajo donde reseña los aportes de Claudio Napoleoni a la comprensión del Capitulo VI Inédito de El Capital de Marx, destaca lo esencial de sus lecciones en los siguientes términos:

Este capítulo había permanecido en la sombra hasta principios de  la presente  década. Se trata —nos dice Napoleoni— "de un texto  escrito por Marx alrededor de 1865 y no incluido por él en el material publicado en 1867 como Libro primero del Capital".

La importancia de este capítulo radica en que contiene una "especie  de resumen" del contenido teórico esencial de todo el primer libro.

1.- Para darnos una idea más clara de la aportación de Marx, Napoleoni examina los planteamientos más avanzados de la economía política clásica a través de sus dos más ilustres representantes: Adam Smith y David Ricardo, cuyas aportaciones, verdaderamente importantes, no logran sin embargo, desentrañar el problema de la ganancia.

Para hacerlo —tal como lo hizo Marx— era necesario determinar al carácter histórico del trabajo; saber cómo se da éste bajo el capitalismo, y la premisa fundamental es que existan de un lado, los dueños de los medios de producción y del otro quienes sólo poseen su fuerza de trabajo. Solamente bajo estas condiciones puede existir el capitalismo, sistema bajo el cual el trabajo del hombre es tan sólo un medio para la continua valorización del capital; solamente bajo estas condiciones podemos hablar de un trabajo abstracto, indiferenciado, que puede medirse cuantitativamente y que puede también, por lo tanto, ser convertido en una mercancía más.

2.- Una vez que hemos ubicado la existencia del trabajo abstracto, podemos hablar también de un producto abstracto: el valor.

Y aquí surge de nuevo una pregunta fundamental de cuya respuesta correcta depende la cabal comprensión del origen de la ganancia: ¿ Cuál es el valor de la mercancía fuerza de trabajo?

La respuesta es que como cualquier otra mercancía, su valor se determina por el tiempo de trabajo en ella objetivado. Es decir "el necesario" para producir los medios de subsistencia del obrero.

3.- Sentadas estas premisas, podemos descubrir que el secreto de la ganancia del capitalista radica en que el consumo de esta mercancía tan "especial" llamada fuerza de trabajo, implica al mismo tiempo creación de valor; es un consumo productivo. Por lo tanto, el capitalista puede extraer más valor del que está objetivado en ella y obtener así una ganancia.

4.-  Napoleoni examina la producción capitalista en dos de sus aspectos más importantes: como proceso de trabajo por un lado, y como proceso de valorización por el otro.

Lo que se pone de manifiesto a través de este análisis es que "sólo" el primer aspecto es realmente esencial. Esto es, que el proceso de trabajo, si bien es —para decirlo con las palabras de Marx— "la condición necesaria y eterna de la vida humana", no tiene porqué ser simultáneamente un proceso de valorización. Por el contrario, este fenómeno que se da específicamente en la sociedad capitalista (el trabajo como proceso de valorización) es un aspecto perfectamente prescindible.

Sin embargo, los economistas burgueses no ven esta diferencia, y puesto que en el capitalismo se desarrollan ambos aspectos simultáneamente, consideran —nos dice Napoleoní— "que no puede haber otro proceso de trabajo más que el que se desarrolla bajo el signo del capital".

Por otra parte, no basta observar que la valorización es un aspecto no necesario del proceso productivo, sino que además es necesario percatarse de que el proceso de trabajo, como proceso natural, queda desvirtuado el invertirse la relación entre el obrero como sujeto consciente y el objeto sobre el que recae su trabajo.

En efecto, ya no es el obrero quien emplea los medios de producción, sino éstos los que utilizan la fuerza de trabajo del obrero para su propia valorización.

III.-NUEVOS  RASGOS  DE LA SUBSUNCION GLOBAL DEL TRABAJO.

La subsunción formal y real del trabajo en el proceso de valorización le permite al  capital no solo succionar plustrabajo o trabajo excedente en la fábrica, sino que en el actual momento histórico ha generalizado y profundizado  otras subsunciones en el conjunto de la sociedad:

  • Subsunción del saber en la medida que expropia y tutela el conocimiento de los trabajadores.
  • Subsunción de comportamientos disciplinarios que se interiorizan a través de normas impuesta por el sentido común y la tradición, concretada por ejemplos en las “prácticas operativas “ que aparecen como técnicas productivas que nadie pone en discusión.
  • Subsunción afectiva, imponiendo estados emocionales: alegría, rabia.
  • Subsunción salarial, donde la contratación, el tabulador y la escala de remuneración asumida por el sindicato, legitima  la apropiación privada del trabajo excedente.
  • Subsunción del hábitat y el medio ambiente, donde la depredación de los recursos naturales forma parte de la valorización del capital.
  • Subsunción de las necesidades, imposición de gustos y patrones de consumo .

De esta manera, el capital como relación social global, dirige y domina al trabajo, le impone su lógica.

Por esto, la propuesta anti-capitalista pasa por asumir también una respuesta global a las anteriores subsunciones.

Y es en esa perspectiva donde se observa la pertinencia de estas preguntas:

¿ Puede construirse el socialismo manteniendo la primacía de la VALORIZACION  sobre el PROCESO DE TRABAJO, como subsunción formal y real del trabajo al capital, o dicho desde otra manera, aceptando la primacía del valor de cambio por encima del valor de uso, dominio del trabajo abstracto sobre el trabajo concreto ?



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Carlos Lanz Rodríguez


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