El poder moral es la clave

Para: “los más chavistas que Chávez”

Uno de los grandes males, o al menos desafueros de estos tiempos de revolución es la actitud de algunos compañeros en creerse más chavistas que Chávez. Y es que quizás, sin darse cuenta, causan con ese furor una actitud desacertada, y que en ocasiones lleva a desafueros incontrolables e incluso injustas acciones. Y digo esto, aunque mi intención no es auscultar el comportamiento de un chavista, ya que es obvio que tenemos una gama de actitudes en torno a tal calificación.

Pero revisemos algunas novedades de esta década de chavismo: están los chavistas que llaman “light”, los “radicales” y más, diría yo, los tibios y mesurados, los apasionados, los solos con Chávez, los paracaidistas (que se pegan en la cola por alguna prebenda), es decir, los oportunistas, así como también abundan los quinta columna, y por supuesto también están los ponderados y verdaderos chavistas, quienes entienden que el respeto y seguimiento al líder es vital para esta revolución, pero con la ponderación que destaca a los ganadores. Hay además los que saltan la talanquera e incluso los que dicen “no soy chavista pero sí revolucionario”. En fin, son tantas las categorías, que la colmena es tan diversa que casi el panal es salado.

Y a pesar de este prisma, en el chavismo “las líneas de Chávez” son claritas y consecuentes, tanto en palabra como en la acción y muchas veces, me incluyo, da la impresión que no lo entendemos. Y digo esto, porque pareciera que la comprensión de su mensaje queda en lo político, y en lo humano, en la práctica, muchas veces se dispersa el mensaje, se distorsiona la línea a seguir.

Y es que ser un revolucionario verdadero no es tan simple como vociferar consignas o ser popular con una mayoría. Esa simple palabra connota mucha acción, que viene, además de la conciencia evolucionada, también del alma y hasta de las entrañas. Por eso, para ser más chavista que Chávez hay que, además de estudiar, debatir, reflexionar, experimentar, practicar ese pensamiento socialista.

¿Y qué es el pensamiento socialista?. Más allá de la dialéctica y parafernalia, a mi modo de ver, en forma simple, sin tanta estoicidad, creo que un socialista es aquel que practica la solidaridad, la justicia, sin interés alguno, sin importar a quien y en donde, es aquel que ayuda al otro sin esperar nada a cambio, sin egoísmo sin remilgos, dispuesto a compartir su conocimiento y aprender del otro. El verdadero revolucionario, no lleva ventaja a nadie, no manifiesta ínfulas de superioridad, aunque su sapiencia lo exprese. Revolucionario es aquel que trabaja honestamente sin restar al otro la posibilidad de crecer, de evolucionar, competir en buena lid y sobre todo escuchar. Seguramente por eso Jesús de Nazaret es reconocido en el mundo como un gran revolucionario.

Y aunque de héroes y heroínas está repleta esta patria bonita, quienes luchamos día a día por el sustento familiar, sin remilgos y con amor infinito, y millones nos hemos incluido en la reivindicación social de esta revolución, aun tenemos debilidades y una de ellas es la falla de conciencia para compartir, de conectarnos con el compañero sin prejuzgar antes de conocerle. Cuando nos duela el dolor ajeno entonces estaremos cambiando.

Es compresible. Hemos sido hijos de un capitalismo dependiente, demoledor, que por siglos nos ha sometido a esa conciencia egoísta y ha afianzado ese deseo materialista desbordado. Pero es hora de entender que en una revolución la solidaridad y el compañerismo son pilares. Sólo algunos avizoramos tan nefasto legado del materialismo, la falta de humanismo, quizás cuando se asoma el otoño de la vejez.

Pero el ejercicio es simple, no debemos quedarnos solo en la contemplación y acción política, sino trascender. Y es que en el pensamiento de Chávez, en su discurso permanente, en su acción sin descanso, se avizora la esencia del socialismo, del nuestro, cuya base se sustenta en el ideario bolivariano, el cual el Presidente ha remozado con su propio pensamiento y también inspirado en la obra de otros grandes maestros, pensadores, héroes de la patria y del mundo, de ayer y hoy. Y en ese planteamiento, el máximo líder siempre resalta el poder, pero en combinación con el deber ser de una buena acción humana.

Por qué será tan difícil comprenderlo, sí Chávez es un guía permanente para convocar las bondades del socialismo y de paso con un poder de comunicación inefable.

Por ello creo que el trabajo cultural ideológico, educativo, formativo, sí debe ir de la mano, con claridad y sin dádivas, en armonía con una filosofía humanista, de desarrollo de una conciencia más loable, para mejorar la especie humana en todos los ordenes, como es equilibrar, sopesar su interacción con el planeta (el ambiente, fauna, flora). De allí que el lema “salvemos el planeta” es y será parte de la cotidianidad presente y futura.

Necesitamos valores humanistas, valores socialistas. Es por cierto, parte de la gran deuda de la iglesia con los pueblos, incluso la vieja izquierda, los políticos amañados y por supuesto los seguidores del pensamiento capitalista extremo, los gobernantes sin escrúpulos, que no han mediado ese modelo de vida, que por siglos han inyectado en la mente de millones de seres humanos y ahora hace tambalear el planeta. A pesar de ello, algunos de nuestros pueblos de la América y el mundo, siguen engañados, añorando la falacia “del sueño americano”.

Pero para no perder el hilo que me animó a esta reflexión, aun cuando sí avanzamos en esta revolución que ya hace historia en el mundo, también es cierto que muchos compañeros siguen distorsionando el poder político logrado con tanta lucha, una forma de abuso de poder, sumado a la burocracia que no amaina. Es por ello que el Poder Moral es el piso de una revolución y se hace con la participación de todos. Lo contrario, no ahondar en este factor ideológico, filosófico del socialismo, hace más lento el proceso del equilibrio deseado en términos de igualdad social.

Los revolucionarios debemos depurarnos de lastres mentales como; el egoísmo, la desconfianza sin razón, la intriga y el comentario malsano. El verdadero revolucionario no debe seguir anhelante de dinero, poder, fama y gloria. Alguien dijo, más o menos, “los hombres pasan y las obras quedan”. Y es que así se carcome una revolución, con el cuchillo en la espalda.

De allí que la historia de traiciones en el mundo de las revoluciones es larga, desde Trotski, Lenin, Mao y el mismo Simón Bolívar, los revisionistas siempre han estado atentos. Y la historia mal contada nunca se detiene.

Por ello, hay que tener cuidado en creernos más chavistas que Chávez, quien es el máximo líder de este proceso de cambio social y justicia, eso lo sabemos, que conduce un gobierno que con su bemoles, ha logrado mantener por más de una década de lucha un consolidado liderazgo latinoamericano, irrepetible, quien aun mantiene niveles de respaldo y popularidad considerables.

Y es que Chávez da muestras infatigables de trabajo por lograr un sistema socialista de gobierno. Y en ese compás tenemos que avanzar con él, pero profundizando el humanismo desde la acción, como lo clamaba Bolívar, quien decía: “En el orden de las vicisitudes humanas no es siempre la mayoría de la masa física la que decide, sino que es la superioridad de la fuerza moral la que inclina hacia sí la balanza política”. Es decir, el poder moral conduce la revolución.

Empecemos hacer la tarea que no convoca la cúpula de la iglesia católica, que a diferencia de otras como la evangélica mueve un gran voluntariado de seguidores, para hacer del verbo y la palabra la acción de ayuda social. De allí que el trabajo del voluntariado es la clave para ejercitar el socialismo. Una simple tarea, como limpiar un espacio público sería más simple si tuviéramos ese sentimiento solidario y de voluntariado y no perderíamos un tiempo precioso en hacer daño al compañero de lucha.

Para ser revolucionario hay que cambiar desde adentro, cuando emerja la conciencia que clama “el poder moral”, el mismo que menciona Chávez y que inspiró a Simón Bolívar para ese dictamen en el discurso de Angostura, cuando refiere la necesidad del Poder Moral, es su legado y para nosotros una premisa fundamental lograr ese ciudadano integral, con valores morales sólidos.

No en vano el Libertador de América, Simón Bolívar, murió pobre, sólo y fuera de su patria natal, dando la mejor muestra de humildad, de humanismo.

Por ello sí creo que debemos ahondar en los principios del Poder Moral e instrumentarlo como una tarea legislativa inaplazable. Por cierto, apropiado en estos tiempos que se celebra la era bicentenaria, los 200 años de la independencia de Venezuela y otros países hermanos y además que estamos en precampaña parlamentaria.

Seamos como Bolívar, como el Ché, quien también fue digno ejemplo del Poder Moral y dejemos que el Presidente Hugo Chávez Frías siga siendo el máximo líder de la revolución. Llevemos a la acción Las Líneas de Chávez.

(*) Periodista

leonjudi@gmail.com



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Judith Leon (*)

Periodista e internacionalista.

 Leonjudith@gmail.com

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