Entre José Vicente y Vivanco hay un barranco

Cuando uno aborda este delicado asunto de los Derechos Humanos, evoca la figura y acción de José Vicente Rangel. La vida de este destacado periodista venezolano estuvo dedicada a defender a las víctimas de la tortura, asesinato, ruleteo y hasta desapariciones, abominables prácticas que caracterizaron a muchos gobiernos "democráticos" venezolanos del pasado. Y lo hizo sin financiamiento de ninguna entidad oficial, oficiosa o mecenas, sino hasta jugándose la vida y en abandono de su tranquilidad y muelle vida que pudo llevar.

Cuando Rómulo Betancourt ordenaba públicamente, sin rubor alguno, a los cuerpos policiales que practicasen genocidio, diciendo "disparen primero y averigüen después", la de José Vicente Rangel fue una de las pocas voces que se atrevieron a denunciar aquella barbarie y salvaje mandato que provocó muchas muertes e injustificado enfrentamiento armado entre venezolanos.

Ante esa orden macabra de matar sin recato, que colocó a los cuerpos represivos por encima de la Constitución de reciente promulgación y las leyes divinas, casi nadie protestó. Las iglesias, la sociedad civil, casi todos los medios de comunicación, etc., hicieron mutis. Los cardenales, obispos y demás jerarcas de la iglesia católica, con sus raras excepciones, optaron por ignorar aquella tragedia, creyendo que de esa manera salvarían sus almas, aparte de garantizarse favores oficiales. Pero Dios, por su grandeza, no tiene un pelo de tonto.

En el continente predominaba la oscuridad y la alcahuetería.

Se consolaron pensando que los atropellados, asesinados, torturados, desaparecidos, etc., no eran merecedores de defensa porque enfrentados estaban a la "democracia" que parió el puntofijismo y al ramplón capitalismo que les ofrecían como solución a las trascendentes carencias de los venezolanos. El Caracazo, no tardó en demostrarles a aquellos silenciosos, cuan equivocados estaban al creer que los gobernantes a quienes apoyaban por acción u omisión, no tenìan nada que ofrecer ni los modos de resolver los problemas de las mayorías.

Bajo la presidencia de Raúl Leoni, a quien han intentado presentar como un bonachón, lleno de buena fe y generoso, se produjeron abominables actos de represión y en general de violación de los Derechos Humanos. La tenebrosa figura del desaparecido que se puso de moda luego a lo largo de todo el continente y bajo las más espantosas dictaduras, la inauguró el gobierno de aquel viejo dirigente adeco. Y en ese entonces, la OEA y los antecesores ideológicos, partidistas y culturales de Vivanco y compañía, eran cómplices de los violadores de los derechos humanos, de manera tan descarada como ahora.

Ese comportamiento que fue casi una constante, particularmente ante los asesinatos casi en masa de Cantaura, bajo el gobierno de Luis Herrera y El Amparo, cuando en este país soportábamos la "regencia" de Jaime Lusinchi, no amilanó a José Vicente Rangel. El tuvo valentía y honestidad necesarias para no callar y permitir que muchos de aquellos flagrantes abusos contra la dignidad y los Derechos Humanos pasasen desapercibidos. Y denunció también, en la oportunidad que del sector opuesto al gobierno se incurrió en algo indebido.

Por eso, cuando uno habla de este asunto de los Derechos Humanos, no puede evadir la figura de quien fuese importante funcionario del gobierno de Chávez y hoy, de nuevo en la trinchera del periodismo, continúa en la lucha por la justicia y el respeto a la gente. Y esa pulcra y equilibrada conducta le ha atraído el odio y rechazo de muchas instituciones, personas y sobre todo de los sectores dominantes. Y otros le rechazaron y odiaron porque el agudo periodista puso en evidencia lo cobarde y genuflexo de sus conductas.

Por esa rica experiencia, José Vicente Rangel tuvo que admitir, en una oportunidad, que en Venezuela desgraciadamente estaba viva la cultura represiva y violenta en los cuadros oficiales. Y ella se expresó, pese al esfuerzo del gobierno recién instalado y de solícitos funcionarios por erradicarla. Hubo sabiduría y sensatez cuando Rangel señaló que no dudaba que en Vargas, en los días aciagos de aquel diciembre de deslave, cuando Vanessa Davies, desde la prensa presentó su denuncia, se hubiesen violado los derechos de las gentes. Es verdad que hubo una intención inicial, como nacida de esa cultura a la que se refirió el entonces miembro del gabinete de Chávez, de negar de plano, como lo hacían los gobiernos anteriores, esas denuncias. Y en efecto, un alto funcionario y muy cercano al presidente para más señas, quiso negar la veracidad de aquella denuncia de una periodista joven y poco conocida. No obstante, se impuso la verdad y el presidente y Rangel demostraron el material del cual están hechos.

José Vicente, en un gesto sin precedentes en la historia de Venezuela, aquella vez, siendo canciller, solicitó a la OEA que abriera una averiguación en el sitio para reponer la verdad.

Hoy, el propio presidente ordena investigar a fondo para castigar a quienes de un lado u otro, incurran en actos violatorios de la legalidad de cualquier naturaleza.

Si Chávez fue el primer presidente en este continente que por su propia voluntad, se sometió a referendo, también es cierto que es el único que se ha sometido por su iniciativa, ante la OEA, a una investigación, en materia de Derechos Humanos, como se hizo aquella vez de los días del deslave.

Esos hermosos y honestos gestos establecieron diferencia fundamental con el pasado y fueron muestras que podíamos e íbamos a cambiar.

Por eso, esos aspavientos tarifados que ensartan la noble causa de la defensa de los Derechos Humanos, con la estrategia de detener el proceso de cambio que marcha en Venezuela y de la unidad de nuestra América, que no es más que el bello sueño bolivariano, sólo son caricaturas y posturas hipócritas.

Pretender presentar ante el mundo al gobierno venezolano, con esa imagen de encargo elaborada por Human Rigths Watch, mientras se ignoran barbaridades que se cometen en otros sitios y naciones, es una villanía y descaro que los pueblos y toda la gente sensata sabrá poner en su debido sitio.

Para demostrar esa conducta cínica basta un botón. ¿Qué han hecho Vivanco y Human Rigths Wacht, para que Bush entregue a Posada Carriles a la justicia venezolana que le requiere por genocidio?
damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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