Paz y Reconciliación

La reciente aprobación en primera discusión del proyecto de Ley de Amnistía por parte de la Asamblea Nacional marca un hito que trasciende la esfera meramente jurídica para adentrarse en la psique colectiva de la nación. Como ha señalado la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, este instrumento no es solo un conjunto de artículos legales; es, en esencia, un catalizador para la convivencia democrática y el reencuentro de los venezolanos.

Desde la perspectiva de la psicología social y el derecho humanista, una amnistía no debe entenderse como un "borrón y cuenta nueva" carente de significado, sino como un mecanismo de justicia transicional diseñado para romper los ciclos de polarización y conflicto crónico.

En sociedades que han atravesado periodos de alta conflictividad, el tejido social suele presentar cicatrices profundas caracterizadas por la desconfianza institucional y la fragmentación comunitaria. La amnistía actúa aquí como un interventor psicosocial.

Reducción de la Ansiedad Social: Al disminuir la percepción de persecución o amenaza, se reducen los niveles de estrés crónico en la población vinculada al conflicto.

Validación del Pluralismo: El hecho de que este proyecto haya recibido luz verde por unanimidad es una señal de "madurez política" que envía un mensaje potente al inconsciente colectivo: es posible el consenso a pesar de la diferencia.

Reencuadre de la Identidad Nacional: Se pasa de una identidad basada en la oposición ("nosotros contra ellos") a una basada en la concordia, recuperando la tradición histórica de entendimiento que mencionó la presidenta Rodríguez.

Desde el Derecho, la amnistía es una facultad soberana del Estado para extinguir la responsabilidad penal, pero su verdadera valía reside en su propósito teleológico, de generar un impacto inmediato en los derechos humanos.

Con la aprobación de una ley de amnistía, que tendrá efectos inmediatos desde 1999, logra resignificar el talante democrático del Estado Venezolano, cuando  dibuja una triada estratégica: 1.- estabiliza el estatus legal de ciudadanos, permitiendo su reintegración plena a la vida civil, 2.- permite que el aparato de justicia se enfoque en la protección de derechos fundamentales actuales y 3.- fortalece la confianza de la ciudadanía en el Parlamento como ente mediador de conflictos.

Es importante destacar que la ley de amnistía, siempre presenta miradas interpretativas encontradas, ya que es una norma legal muy sensible, que no satisface a todos por igual (no es una ley perfecta) es como “el olvido que no se repita”. 

No se busca la impunidad, sino el bien superior de la paz social y es el camino hacia la sanación del tejido emocional.

 



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Oscar Bravo

Un venezolano antiimperialista. Politólogo.

 bravisimo929@gmail.com      @bravisimo929

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