Delcy como el junco y Trump como el roble: La dialéctica de la resistencia

El camarada Diosdado Cabello solía advertir que, en caso de una incursión imperial, los marines podrían encontrar la entrada, pero el verdadero dilema sería hallar la salida. Esa premisa, válida para un escenario de confrontación simétrica cuerpo a cuerpo, se vio desafiada por una realidad distinta: un ataque de drones y misiles que culminó en el asalto a nuestra soberanía y la captura del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores. Ante este escenario de "trofeos de guerra", la historia nos exige una lectura profunda sobre la supervivencia política.

Hoy, la conducción del Estado recae en la Sra. Delcy Rodríguez. Su gestión como presidenta encargada ha sido un ejercicio de equilibrio e inteligencia, navegando aguas turbulentas con un objetivo claro: preservar la paz y evitar un derramamiento de sangre innecesario.

Esta coyuntura evoca inevitablemente la fábula del roble y el junco. El roble, arrogante y rígido, despreciaba al junco por su aparente fragilidad ante el viento. Sin embargo, cuando la tormenta arreció, la rigidez del roble fue su perdición, siendo arrancado de cuajo, mientras que el junco, al saber doblarse, dejó pasar la furia del vendaval para recuperar, incólume, su verticalidad.

La figura de Donald Trump encarna a ese roble: un liderazgo altivo, engreído y vociferante. En contraste, Delcy Rodríguez ha adoptado la estrategia del junco. Ante la tempestad que sopla desde el norte, ha sabido maniobrar sin quebrarse, resistiendo los vientos de presión para levantar de nuevo el estandarte de la Revolución Bolivariana en el momento preciso.

Es comprensible que, en el fervor del debate, algunos sectores tilden de "traición" la búsqueda de acuerdos o concesiones con el invasor que nos acecha. Sin embargo, la historia de las revoluciones de izquierda nos enseña que el purismo táctico suele ser la antesala de la derrota.

Debemos recordar a Lenin, quien no dudó en implementar la Nueva Política Económica (NEP) y pactar ante la amenaza imperial para salvar la Revolución Bolchevique. O a Mao Zedong, quien en un ejercicio de pragmatismo histórico, unió fuerzas con sus enemigos naturales del Kuomintang de Chiang Kai-shek para derrotar al invasor japonés. Ambos entendieron que, para salvar el proceso, a veces es imperativo ceder espacio en lo formal para mantener el control de lo esencial.

No seamos ingenuos ante el tablero geopolítico. Las concesiones actuales no son una rendición, sino una herramienta de supervivencia para mantener viva la Revolución. Mientras nosotros avanzamos con paso firme y estratégico, el liderazgo de Trump comienza a resquebrajarse en su propia tierra.

La Revolución Bolivariana continúa. Al igual que el junco, sabemos que doblarse no es rendirse; es la inteligencia necesaria para vencer a la tormenta y seguir de pie en el lado correcto de la historia.



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Carlos Briceño

Militante del Movimiento Civil Insurgente 27-N del Barrio Central-Valencia y Presidente de la Federación Venezolana de Fútbol de Salón

 jccfutsal30@gmail.com

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