A la Supraintendencia de Precios Justos

El detonante de las alzas de precios inducidos debe buscarse en el Alto Capital Financiero, el de allá arribota

¿Por qué las mercancías agrícolas están resultando tan costosas al consumidor final?

Hasta la llamada Cuarta República de Venezuela, los precios de las mercancías agrícolas se hallaban por el suelo con cargo a la miserable vida que caracterizó a campesinos y campesinas, a obreros y obreras de los campos y haciendas ganaderas, al lado de hacendados siempre boyantes, siempre ricachones, gente de de todos los gobiernos siempre hablando mal y siempre comiendo bien[1].

Hemos estado observando que la política mejorativa de esas condiciones mediante el reconocimiento de precios y salarios justos para los trabajadores de este vital sector productivo, si bien cambia la vida de los campos y de sus trabajadores, esa misma política hambreadora continúa por ahora, sólo que con cargo al consumidor final de la ciudad y hasta del mismo campo productor.

Pasemos a explicarnos: antes de la presente república, el aguardiente y la comida agrícola eran baratones, pero para los industriales y comerciantes de esos productos agrícolas y agroindustriales era indiferente a qué precio vendían, cuáles eran sus costes porque el capitalista, en primer lugar, era rentista-vía más de la renta petrolera que de la plusvalía- y en segundo lugar porque él se mueve según la tasa de ganancia. Esto significa que a mayores precios de compra para los insumos de medios de producción y de salarios, mayor capital en funciones[2], vale decir: para una misma tasa de ganancia. Eso significa que el mercado se le habría multiplicado virtual y dinerariamente en la misma proporción, y hasta más, que hayan subidos sus costes.

Y aunque sólo sean ganancias absolutas, estas representan más capital, y este resultado es positivo de partida para el criterio burgocapitalista.

Lo del capitalista es la tasa de ganancia, por eso hay pequeños, medianos y grandes capitalistas, desde bodeguitas hasta malls, todos con cuotas de mercados rentables a punta de precios elevados; todos con tasas igualitarias que hacen a unos más ricos que otros, que entre la clase burguesa marcan una de las más oprobiosas y contradictorias discriminaciones sociales

 Estos es: A pesar de que el bodeguero o buhonero sea un bodeguero pobre, termina sintiéndose tan grande y aburguesado como el mediano comerciante que lo provee. En paralelo, dentro de estos intermediarios se recicla semejante discriminación y divisionismos del capital[3]. Lo paradójico es que ese pobre comerciante se aburguesa tanto como el más encumbrado capitalista de las altas esferas financieras quien, en mi criterio, está disparando contra todas las economías del mundo en su morbosa necesidad  de darle   empleo rentable a su capital dinerario sin contratar a un obrero más, sin vender una unidad más de ninguna mercancía. Por esta razón, entre otras, aquí, en la República Bolivariana de Venezuela el volumen de valores de uso no crece a la par con el volumen de dinero en circulación aunque este venga del recurso petrolero que es tan orgánico como el proveniente de faenas agrícolas.

Cerramos, por ahora: Estamos ante un mercado ficticio que debe ser detenido si queremos para esta espiral inflacionaria que por ahora parece no tener freno, sino que también parece coger más impulso con cada retroceso aplicado por el Estado.


[1] Resulta razonable inferir que la baratura de esas mercancías, propias de la cesta básica del obrero de la ciudad, para los asalariados del capitalista citadino, valga decir, la cesta salarial reconocida a duras penas por los industriales capitalistas, respondía a la baratura del salario con miras al mayor enriquecimiento posible de estos últimos. La definición del monto del salario en función del valor fue establecido por el propio Karl Marx como el valor de las mercancías constitutivas del sustento familiar del explotado, o sea, con precio = la valor de la fuerza de trabajo. Como los alimentos materiales son los fundamentales en la cesta, resulta obvia la baratura de los alimentos de tercera que han sido por tradición e imposición burguesa los bienes de consumo alimentario permitidos e inducidos por la propia clase burguesa.

[2] Aquí puede haber una causa última referida al capital financiero internacional ocioso que no halla salida para todo su capital dinerario. Opta por marcar precios elevados en empresas de último orden que necesariamente se reflejarán en toda la cadena de precios en  el mundo entero burgués, cual efecto dominó de inmancable aciertos en sus macabros objetivos lucrativos, y medida tomada como alternativa al serrucho trancado que está presentando la economía burguesa internacional, aquí y en el resto del mundo proaburguesado.

[3] Véase. Manuel C. Martínez M., PRAXIS de EL CAPITAL.



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Manuel C. Martínez


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