"Con una mentira suele irse muy lejos , pero sin esperanzas de volver"
Proverbio Judío
Vivimos los tiempos en que la verdad camina lentamente y descalza, anda temerosa, recorre estos espacios guardando siempre no pisar los charcos del lodo y el engaño. Se le nota adolorida y triste, herida de maldad y de vileza, vestida de periódicos viejos y miradas cansadas. Mientras tanto, la mentira viaja en los espacios reservados a la primera clase. Se le nota rozagante, maquillada de promesas y pantallas luminosas que deslumbran y enceguecen con destellos de maldad disfrazados de una bondad inexistente.
Vivimos en la era del humo, son momentos en que la palabra se vende al mejor postor y los líderes se doblegan ante mentiras camufladas, escritas con tinta de sangre en noches tristes y desoladas. Hoy, mentir resulta fácil, como quien miente al niño engañándolo con palabras blancas. El ambiente se llena de promesas falsas y reparten regalos ponzoñosos, envueltos en papel de seda de un brillante enceguecedor y deslumbrante.
Par aquellos que buscan la verdad deben entender que hay que aprender a oler las cenizas dejadas por incendios provocados por hogueras dónde la verdad y la solidaridad ha sido incinerada. Para algunos les resulta más fácil plegarse a la mentira y el engaño, que mantenerse en el lado correcto en esta desigual batalla por la verdad y la vida. Les resulta fácil traicionar y retratarse entre quienes se adueñaron de tus ideas y tus banderas, distorsionando todo a su favor.
Progresivamente, todos han venido quedando vacíos de voz, primero venden una palabra y luego una intención, hasta perderse en la infinitud de la maldad, disfrazados de regalos que viajan en gangolas arrogantes y ligeras.
El reloj de los pueblos engañados no tiene manecillas y gira en torno a su propia decadencia, pero la verdad es poderosa y jamás perece. Traicionar la verdad es como vender el alma en interminables cuotas impagables.
Aún en este mundo hostil, no hay nada que resulte más poderoso que una verdad escrita con el calor de quienes se niegan rendirse. La verdad no requiere de trono ni de aplausos, solo debe ser acompañada de una buena dosis de dignidad y valor. Solo basta con seguir adelante, levantar la flama de la dignidad y seguir caminando, aunque ande descalza pero viva, recorriendo caminos entre las cenizas de un mundo que se desmorona a un velocidad inusitada. toribioazuaje@gmail.com
Un abrazo, desde este maltratado pedazo de la tierra.