La conversación se centra en cuatro grandes temas: la legitimidad constitucional, la fractura interna del chavismo, la posible entrega controlada a EE. UU., y el futuro político de Venezuela.
María Alejandra Díaz comienza explicando su situación jurídica. Menciona que la relatoría de la ONU reconoce una "persecución sistemática" en su contra por parte del TSJ y el Gobierno.
El diálogo se desplaza hacia el proceso de fragmentación y desgaste del movimiento chavista. Díaz reconoce que el chavismo originario prácticamente ha desaparecido y que sus bases han sido vaciadas de contenido, transformándose en una referencia de dictadura, persecución y crimen en la opinión pública.
Díaz afirma que Maduro gobernaba “de facto”, sin actas electorales verificables, lo que generaba un problema de legitimidad de origen.
·Critica que el Tribunal Supremo creara la figura de “encargaduría” para Delsy Rodríguez, que no existe en la Constitución.
·Describe al chavismo actual como un movimiento demolido desde adentro, reducido a una minoría con poder de facto sostenida por miedo, armas y control institucional.
Identifica tres facciones principales:
Los Rodríguez: control de daños y oportunismo.
Diosdado Cabello: control y orden.
Vladimir Padrino López: sobrevivencia.
Plantea que el secuestro de Maduro pudo ser una “entrega controlada” pactada con EE. UU., que habría preferido mantener intacto el aparato represivo para evitar un escenario tipo Irak.
·Señala que el país quiere elecciones libres, con un CNE y TSJ renovados.
·Advierte que la Ley de Amnistía, aunque es un avance, deja fuera a perseguidos pacíficos y permite que los mismos jueces revisen sus propios casos.
·Concluye que Venezuela necesita reconciliación con verdad, justicia y auditoría del dinero robado.
