La Cobardía No Figuraba en la Historia de Venezuela

La Cobardia No Figuraba en la Historia de Venezuela
 
 
Código Orgánico de Justicia Militar: De la Cobardía y otros Delitos contra el Decoro Militar.
Artículo 560. El oficial que por cobardía eluda el cumplimiento de sus deberes durante una acción de guerra ya empeñada o en presencia del enemigo, será penado con presidio de diez a doce años y expulsión de las Fuerzas Armadas.
Artículo 561º El oficial que sin haber empleado todos los medios defensivos que tenga a su alcance o faltando al deber y al honor militar, se rinda, celebre capitulaciones o se adhiera a ellas, o pacte beneficios especiales para sí, será penado con presidio de ocho a doce años y expulsión de las Fuerzas Armadas.
Artículo 562º Será penado con presidio de seis a diez años y expulsión de las Fuerzas Armadas: 3°. El oficial que no preste el auxilio necesario a fuerzas comprometidas en un combate.
Ver: https://docs.venezuela.justia.com/federales/codigos/codigo-organico-de-justicia-militar.pdf  
 
En la historia de Venezuela, nuestras fuerzas armadas no habían sufrido una derrota militar de la envergadura de lo acontecido el pasado 3 de enero. Al respecto ya lo comentamos en artículos y declaraciones anteriores (Venezuela: Dictadura y Protectorado Neocolonial 08/01/2026 www.aporrea.org/ddhh/a348468.html). Nos interesa aquí recordar la memoria de nuestra gloriosa guerra de independencia, que duró largos 14 años (desde el 19 de abril de 1810 hasta la Batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824).
 
En esta guerra de independencia, el ejército patriota sufrió numerosas derrotas, que llevaron en su momento a que se perdiera la Primera República, en 1812, y la Segunda República en 1814. Particularmente, la derrota de las fuerzas patriotas en 1814, ante el avasallante ejército de José Tomás Boves, significó la casi total liquidación del ejército que había logrado conformar Simón Bolívar y demás jefes patriotas a partir de la Campaña Admirable en 1813. 
 
Las derrotas del ejército patriota se sucedieron una tras otra, en la Batalla de La Puerta (15 de junio de 1814), en la batalla de Aragua de Barcelona (17 de agosto de 1814), en la batalla de Urica (5 de diciembre de 1814, batalla en la cual murió Boves), y en la batalla de Maturín (11 de diciembre de 1814).
 
Esta sucesión de derrotas llevó a la caída de la Segunda República. Estas derrotas generaron divisiones en las fuerzas patriotas. Los generales José Félix Ribas y Manuel Piar, destituyen en Cumaná, en septiembre de 1814, a Simón Bolívar y a Santiago Mariño del mando de las fuerzas patriotas, y los obligan a partir al exilio (Bolívar y Mariño partieron a Cartagena, y de allí, Bolívar partiría a Jamaica en 1815). Ribas, Piar y Bermúdez también son derrotados en Urica y Maturín, y posteriormente los españoles capturan al general Rivas, lo asesinan, su cabeza la fríen en aceite y la colocan en la entrada de Caracas. 
 
En este contexto de derrota total, los generales patriotas sobrevivientes se van a concentrar en 1815 en Haití, donde tenían la protección del gobierno de Alexandre Petión. Los patriotas llegan a Haití al tener que abandonar Cartagena, en el trascurso de ese año, que cayó en manos del mariscal español Pablo Morillo, el 6 de diciembre de 1815, luego de 105 días de cerco y bloqueo por tierra y mar contra la ciudad, cerco en el cual pereció un tercio de la población de Cartagena (defendida por José Francisco Bermúdez, Mariano Montilla y Manuel Castillo). La llegada de los generales patriotas a Haití contó con el apoyo de los corsarios franceses Louis Aury y Bernardo Ferrero, quienes con su flotilla de barcos rompieron el cerco español contra Cartagena y lograron la huida de los patriotas hacia el Caribe.
 
Es en Haití donde los patriotas intentan reorganizarse, realizando una asamblea de venezolanos y neogranadinos, quienes después de agrias discusiones, logran coincidir en designar a Simón Bolívar como jefe principal de la campaña militar que estaba por iniciarse buscando recuperar la independencia del territorio venezolano. Desde allí se planifican las dos expediciones de Los Cayos, ocurridas en 1816, contando con el apoyo material con armas y pertrechos suministrados por Petión, previo compromiso asumido por Bolívar ante el gobernante haitiano, de declarar la abolición de la esclavitud en cada uno de los territorios que vaya liberando en tierra firme (donde por primera vez se incluye la reivindicación de liberar a los esclavos e igualar a los pardos en los programas emancipadores americanos).
 
En esa primera Expedición de Los Cayos, que partió el 31 de marzo de 1816, iban, además de Bolívar, los patriotas Santiago Mariño, José Antonio Anzoátegui, Luis Brión, José Francisco Bermúdez, Carlos Soublette, Manuel Piar, Juan-Bautista Bideau, Mateo Guerra Olivier, Francisco de Paula Alcántara, Juan Manuel Valdés, Mariano Montilla, Charles Eloi Demarquet, Pedro Chipía, Pedro Briceño Méndez, Diego Ibarra, Carlos Castelli,  Jose Ucros , Judas Tadeo Piñango,  Gregor MacGregor , Juan Bautista Arismendi, Henri Louis Villaume Ducoudray Holstein, Justo Briceño Otálora, Francisco Antonio Zea, Pedro León Torres, William Chamberlain, Ambrosio Plaza, Pedro María Freites, Bartolomé Salom, Renato Beluche y Bernardo Ferrero (éstos últimos, corsarios franceses que incorporan sus barcos a la expedición) (el capitán Bernardo Ferrero, quien comandó la goleta Conejo, se quedó a vivir en La Guaira luego de finalizada la guerra, es mi retatarabuelo). 
 
Como puede observarse, en esa larga lista de patriotas estaban muchos oficiales que se habían enfrentado al liderazgo de Bolívar por años, e incluso lo habían destituido del mando en 1814. Pero todos ellos, anteponiendo el sagrado deber de liberar a la patria venezolana, convergieron en un único esfuerzo militar para replantear la lucha por la independencia.
 
Ninguno de estos jefes patriotas habló en ese tiempo de rendirse ante los españoles, ni de buscar algún tipo de negociación o pacto con la corona. Eran un minúsculo grupo de audaces, que se lanzaban a una expedición contra un imperio que acababa de desembarcar un enorme contingente militar en Venezuela y Nueva Granada, de diez mil soldados profesionales, bajo el mando de Pablo Morillo, que habían venido de la península ibérica a bordo de 70 barcos, a comienzos de 1815.
 
Los patriotas se enfrentaban a un imperio en condiciones de disparidad militar considerable.
Primero, los patriotas no contaban con un ejército profesional, y apenas tenían un armamento mínimo. Tampoco tenían una adecuada preparación militar profesional, más allá de la experiencia directa de combate durante la guerra de independencia en los años inmediatamente anteriores. Podía pensarse que esa Expedición de Los Cayos era un proyecto suicida, sin posibilidad alguna de triunfar.
 
En comparación con las dimensiones, armamento, respaldo financiero, y tecnología militar del ejército español, los patriotas venezolanos podían considerarse una pequeña guerrilla mal armada, pequeñísima en número, prácticamente sin financiamiento para una guerra tan larga, que contaban exclusivamente con la gran disposición de combate de un puñado de valientes, encabezados por Bolívar.
 
A pesar de ello, los oficiales patriotas, liderados por Simón Bolívar, 300 hombres en total, abordaron las ocho embarcaciones que los conducirían a las playas venezolanas (las goletas Bolívar, Mariño, Piar, Constitución, Brión, Félix, Conejo y La Fortune). Gracias a las dos Expediciones de los Cayos, se permitió que Santiago Mariño, Manuel Piar y José Francisco Bermúdez emprendieran la liberación del oriente del país, y que Carlos Soublette, McGregor y otros jefes patriotas se internaran definitivamente en territorio venezolano.
 
La Expedición de Los Cayos preparó, sin ninguna duda, el triunfo definitivo de la República. La derrota de 1814 no acobardó a los patriotas venezolanos y neogranadinos. Por el contrario, el exilio en el Caribe sirvió para reorganizar fuerzas y plantear nuevas campañas militares, que luego de varios años más de guerra cruenta, permitieron alcanzar el triunfo definitivo sobre el Imperio Español, quien luego de ser derrotado sucesivamente en las batallas de Boyacá (1819),
Carabobo (1821), Pichincha y Bomboná (1822), Junín y Ayacucho (1824), fue expulsado del continente suramericano, una victoria militar pocas veces vista en la historia mundial.
 
En esta retrospectiva de nuestra gloriosa historia patria, es que se deben analizar los hechos del tres de enero de 2026. La disparidad en fuerzas militares del imperio estadounidense en comparación con las fuerzas armadas venezolanas, no podrá nunca utilizarse como excusa válida para no haber presentado combate ante el asalto al principal cuartel militar de Venezuela, el Fuerte Tiuna, como parece haber justificado el ministro de defensa en funciones ( https://www.instagram.com/p/DUY8QCVgRxS/ ), al decir que ante “la supremacía aérea que había, más de 150 aeronaves en nuestro espacio aéreo, era inviable sacar un avión. Era mandar a la muerte y al suicidio a unos pilotos”.
 
Estas declaraciones del ministro de la defensa califican completamente en los supuestos definidos al principio de este documento, tomados del Código Orgánico de Justicia Militar:
 El oficial que por cobardía eluda el cumplimiento de sus deberes durante una acción de guerra en presencia del enemigo.
 El oficial que sin haber empleado todos los medios defensivos que tenga a su alcance… se rinda, celebre capitulaciones o se adhiera a ellas.
 El oficial que no preste el auxilio necesario a fuerzas comprometidas en un combate.
 
Como ya lo especificamos basándonos en la memoria histórica de nuestra gloriosa guerra de independencia, ninguna acción militar en defensa de la patria puede considerarse una “acción suicida” o “inviable”. Menos aun cuando se abandonó a su suerte a toda una fuerza militar que era custodia de Nicolás Maduro, que estaba combatiendo en el momento en que toma esa decisión de no atacar a las fuerzas imperiales ni defender Fuerte Tiuna, abandono que resultó en el secuestro de Maduro y su esposa, y en la muerte de buena parte de todo el personal venezolano y extranjero que los custodiaba.
 
Esta conducta que intenta justificar el ministro de la defensa, no tiene ninguna coherencia con sus propios discursos en todos los años en que ha ocupado ese cargo, y en los meses inmediatamente anteriores al ataque imperial del tres de enero, como lo dijo apenas el 17 de diciembre de 2025: “la Fuerza Armada defenderá los legítimos derechos sobre sus espacios aéreos y marítimos; y de forma irreductible, defenderá su libertad, soberanía, independencia y paz” ( https://www.swissinfo.ch/spa/la-fuerza-armada-de-venezuela-preservar%c3%a1-%22a-toda-costa%22-la-integridad-territorial-del-pa%c3%ads/90656257 ).
 
La derrota militar sufrida el tres de enero en Fuerte Tiuna, ha sido seguida, de manera sorpresiva e injustificable, salvo que se parta de que hubo una “rendición incondicional”, con la reapertura de las relaciones diplomáticas con la potencia imperial que nos acaba de bombardear, con la visita del director de la agencia central de inteligencia norteamericana (CIA), con la llegada de una especie de cónsul imperial (Laura Dogu) que visita Miraflores y se entrevista directamente con Delcy y Jorge Rodríguez, y con la reapertura de la embajada de Estados Unidos en Caracas. Y lo más grave, que nuestra industria petrolera ha sido confiscada por el gobierno de los Estados Unidos, que los ingresos que Venezuela recibe por la venta de nuestro petróleo se depositan ahora en una cuenta bancaria en Qatar, y ese dinero, que debería ser exclusivamente venezolano, es administrado ahora por el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio.
 
Luego del bombardeo, todo indica que Venezuela ha dejado de ser una República independiente y soberana, y ha pasado a ser, con la buena pro de la alta jefatura del PSUV y de nuestras fuerzas armadas, una especie de protectorado neocolonial. Nos han regresado a la época en que éramos colonia española. El falso antiimperialismo del PSUV y del alto mando militar ha aceptado este régimen tutelado, que los deja a ellos al frente de un gobierno títere, que no controla la principal industria del país (que aporta el 95 % de los ingresos en divisas de la nación), pero que sí prolonga la dictadura contra la ciudadanía, y mantiene el modelo económico neoliberal que desapareció el salario, acabó con la seguridad social, y permite y facilita la continuidad del robo descarado del erario público en las áreas económicas que aún controlan (como la minería del oro, diamantes y coltán).
 
Finalmente, traemos a colación la digna experiencia del movimiento revolucionario venezolano, en el cual participé durante varias décadas, y de manera específica la conducta del grupo revolucionario en el cual militaba en ese entonces, quienes después de sufrir la derrota militar ocurrida en Cantaura el 4 de octubre de 1982, nunca se planteó la rendición ante el enemigo. En Cantaura, 40 revolucionarios alzados en armas, muy mal armados, fueron atacados por aviones Bronco y Camberra, helicópteros UH-1H, y por varios centenares de tropas de infantería y de la policía política Disip. De ese combate, murieron luchando 23 revolucionarios (rematados todos los capturados con tiros de gracia en la cabeza, como lo comprobó la fiscalía en tiempos de Chávez), y lograron salir vivos, en precaria retirada, 17 compañeros. A esa derrota se unían en ese momento la muerte de otros cinco revolucionarios en combates escenificados el mismo año 82, y la detención de casi toda la dirección nacional y de unos 200 militantes, que eran presos políticos.
 
Pero, pese a la enorme disparidad militar, pese a la cantidad de muertos y de detenidos, nadie pensó en pacificarse o rendirse, nadie habló de abandonar la lucha, incluso ese frente guerrillero (Frente Américo Silva) fue reconstruido y existió hasta 1994, cuando finalmente se incorporó a la lucha legal democrática. En lo particular, me tocó vivir seis años en la clandestinidad, entre 1982 y 1988, estuve acusado en un juicio por rebelión militar (aunque nunca llegaron a detenerme), y luego de eso participé durante 20 años con el Proyecto Nuestra América, acompañando al dirigente revolucionario Carlos Lanz Rodríguez, asesinado en 2020 por sectores del gobierno de Maduro (según la información que manejo, proveniente de su familia más cercana).
 
En conclusión, la cobardía no ha predominado jamás en la historia de Venezuela. Por el contrario, nos constituimos en República gracias a la enorme valentía y arrojo de nuestros jefes patriotas, encabezados por Simón Bolívar y José Antonio Páez. Ahora que hemos caído en el foso de un gobierno tutelado por el gran imperio mundial, afirmamos que solo podremos quitarnos esta tutela imperial con la fuerza organizada de los ciudadanos, exigiendo en la calle el regreso de la democracia, la vigencia de la Constitución, la realización de elecciones libres, y la anulación de las leyes y otros acuerdos que han colocado cadenas en el cuerpo de la patria que liberó Simón Bolívar.
 
En memoria del General en Jefe José de la Cruz Carrillo, mi retatarabuelo, héroe de Boyacá, Carabobo, Mucuritas y El Yagual, cuyos restos reposan en el Panteón Nacional, de quien Bolívar llamó “el oficial más valiente que se puede desear”, y Páez lo llamó “Bravo Comandante”.
 
Maracaibo, Tierra del Sol Amada. 9 de febrero de 2026.


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Roberto López Sánchez

Roberto López Sánchez (Caracas, 1958). Profesor Titular de la Universidad del Zulia (LUZ) con ingreso en 1994. Licenciado en Educación (LUZ, 1994). Magister en Historia (LUZ, 2005) y Doctor en Ciencias Políticas (LUZ, 2013). Actualmente dicta 6 materias en la Licenciatura de Antropología en LUZ: Historia de América; Historia de Venezuela; Intercambios Económicos; Poder y Movimientos Sociales; Culturas Afroamericanas; y Modo de Vida e Identidad Nacional. Ha dictado seminarios a nivel doctoral y nivel maestría en universidades venezolanas; y seminarios de Historia de Venezuela en universidades de Chile y España. Actualmente coordina la Unidad Académica de Antropología. Ha dirigido proyectos de investigación a través del CONDES-LUZ, y CLACSO. Línea de investigación: estudio de los movimientos sociales. Ha publicado más de 50 trabajos científicos. @cruzcarrillo09

 @cruzcarrillo09

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