"Como indios nos conquistaron, como indios nos liberaremos"

En vías de la socialización de la tierra (Parte I)

Esta es una primera entrega introductoria que hago para abordar en las próximas entregas un trabajo tanto de investigación como de acciones legales que estamos abordando como organización AIPO, sobre el mundialmente álgido tema sobre LA TIERRA; con el único objetivo de instituir la VERDADERA ESTRUCTURA DE LA SOCIALIZACION DE LA TIERRA en el proceso revolucionario en Venezuela y América Latina.

 
Sin eufemismo alguno, tenemos que denunciar abiertamente que la estructura de los modelos de represión y control selectivos contra los movimientos indigenistas en resistencia que existe desde Oaxaca hasta la Patagonia, es indudable que es un hecho. Estamos regidos en el hemisferio por un institucionalidad capitalista y perversa, que lo único que les importa es provocar el factor extraeconómico para superar los políticos e ideológicos.
 
 Mantengo y sostengo la misma tesis, como muchos grupos de los movimientos populares en lucha, que hemos venido denunciando durante años… denominémoslo “complot”, concebido por la CIA, FMI Y BANCO MUNDIAL, representantes corporativos de transnacionales globalizantes, para dominar nuestros recursos hemisféricos (biodiversidad, agua dulce, petróleo, riquezas minerales y en especial los minerales escasos utilizados en la fabricación de superconductores-aceleradores como son: Coltán, cobalto, wolframio, y uranio (entre otros),  utilizados en la industria nuclear, química, aeroespacial y de armas de guerra de alta tecnología de punta) con agendas y objetivos muy precisos para tomar el control total y así lograr sus aspiraciones hegemónicas.
 
En síntesis, cuando la insubordinación amenaza la soberbia del capital y pone en riesgo el expansionismo, irrumpen las metodologías conspirativas, la volatilidad, inestabilidad y violencia para contener las luchas indígenas y campesinas (sector muy vinculados al indigenismo), con metodologías destructivas que han tomado muchas formas y puestas en marcha desde hace dos  siglos, cuyas implicaciones genocidas, saqueadoras, despojadoras, etc., se resumen en una respuesta fascista e imposible de ignorar:
  • Exterminar étnicamente a nuestros indígenas en resistencia, lograr “una  limpieza étnica totalizadora”, de los pueblos originarios y mayoritarios de América Latina.
  • Para adueñarse de las riquezas contenidas en esas tierras propiedad colectiva del pueblo y nuestros originarios, poseedores de ancestrales identidades, de enormes legados colectivos, demostrables en cualquier instancia.
 
Pero obviamente ignorada e invisibilizada por el aparataje burgués, neoliberal, globalizador, que no ha cesado en su eterno intento de cumplir con sus oscuros propósitos de aplicar y alcanzar  el exterminio étnico como objetivo final.
Incluido caer en el dualismo abstracto y vacío de contenido político de lo transformador entre mundo indígena vs. cultura indígena, cuya mayor ventaja consiste en evadir las contradicciones concretas de la sociedad y dividir las luchas que se pueden emprender en conjunto. Este ha sido uno de los  procedimiento metodológico que ha tendido a desviar la realidad social en sí misma, si no lo tomamos como punto de partida analítico, la estructura económica; esto no implicaría el reduccionismo economicista, ni la negación de otros factores de la realidad, sino la consideración de que tales fenómenos socioculturales sólo pueden entenderse en su magnitud sí se comienza por el análisis de las condiciones económicas concretas en las que descansan.
 
Ya el pensador peruano José Carlos Mariátegui los expresaba de forma precisa: “Todas las tesis sobre el problema indígena que ignoran o eluden a éste como problema económico-social, son otros tantos estériles ejercicios teoréticos –y a veces sólo verbales-, condenados a un absoluto descrédito”. Prácticamente, todas no han servido sino para ocultar o desfigurar la realidad del problema. La crítica socialista lo descubre y esclarece, porque buscando las causas en la economía del país y no en su mecanismo administrativo, jurídico o eclesiástico, ni en su dualidad o pluralidad de raza, ni en sus condiciones culturales y morales. La cuestión indígena arranca de nuestra economía”.
 
La cuestión étnica tiene un carácter sociopolítico donde la solución a sus problemas responde a la sociedad en su conjunto, es así como el problema indígena es parte fundamental de la cuestión nacional; por lo tanto, es una problemática étnico-nacional. Donde el problema no radica en lo indígena sino en la nación y es ésta última la que constituye el gran problema histórico a enfrentar, resolver y transformar. La mayoría de los estados nacionales en América Latina se organizaron sobre la base del eurocentrismo que traza una línea social caracterizada por la discriminación y la desigualdad sociocultural, la opresión de una nacionalidad dominante sobre los grupos étnicos considerados inferiores en algún sentido e incluso –en situaciones extremas- por la segregación y/o el exterminio.
Esto les da a nuestras naciones nacionales el carácter de incompletas o inauténticas y excluyentes, dada la escasa participación de los diversos sectores de la sociedad en su conformación.
 
De manera que construir un nuevo tipo de nación política tiene un significado muy preciso; establecer la democracia completa y plena en el marco del estado nacional socialista. Es por lo tanto un proceso difícil y complejo, y sobre todo un proceso de carácter político, en la medida en que la construcción de la nación por el pueblo, implica así mismo la construcción como pueblo del conjunto de clases, grupos, fracciones explotadas y oprimidas por el bloque dominante. El pueblo se constituye como pueblo-nación, y lo hace al cabo de la lucha por la promoción de un proyecto diferente de organización y conducción de la sociedad.
 
La nación –dice Carlos M. Vilas- es un atributo constitutivo del pueblo, pero el pueblo es una realidad multiforme y dinámica de una pluralidad de clases, fracciones, grupos, capas, cuya posición en las relaciones de producción pueden ser muy variadas. De hecho, el concepto de pueblo es un concepto eminentemente político, en cuanto dice relación con una posición adoptada en una lucha: la lucha contra el estado opresor.
 
En esta búsqueda de la nueva nación los grupos étnicos han jugado un papel fundamental como sujetos sociales inspirados por sus derechos históricos propios y perfectamente legítimos; pero por esto no podemos confundir a estos grupos socioculturales como simples reliquias del pasado, sino que su configuración responde a las exigencias de nuestro propio presente y esto los hace interrelacionarse estrechamente con la sociedad nacional; más aún, la necesidad de resolver la cuestión étnico-nacional es profundizar las transformaciones sociales y alcanzar la unidad nacional de todos los sectores populares por encima de las diferencias de carácter sociocultural.
 
 Es tiempo de cambiar la tradicional política indigenista basada en la práctica asistencialista, paternalista y proteccionista que en los hechos se ha traducido en el reforzamiento de la explotación hacia los grupos étnicos. Es necesario devolverles la tierra, el habla y la participación activa a los indígenas en la solución de sus propios problemas. No creo,  que la política gubernamental ha tenido nada que ofrecer a los indígenas, y por el contrario, como la experiencia lo ha mostrado, esta política es precisamente causante de la situación por la que atraviesan las comunidades indígenas; desafortunadamente, hasta ahora todos los partidos políticos consideran esta problemática como un “mundo aparte” o simplemente como algo secundario dentro de su proyecto político. Reconocer el carácter del Estado y la nación como multiétnico, plurilingüe y pluricultural con objeto de dar curso al reconocimiento de las reivindicaciones históricas de los indígenas y propiciar un amplio despliegue de sus capacidades en los campos económico, político, social y cultural, es un objetivo insoslayable del nuevo estado nacional y constitucional. En esa dirección, la insurgencia de los pueblos indígenas en este momento es por la conquista de un régimen de autonomía regional que es el reconocimiento de los plenos derechos de los grupos étnicos sobre el usufructo y el uso de sus tierras, montes, bosques, aguas y, en general, de todos sus recursos naturales. La puesta en práctica de la autonomía es tan sólo la solución que una sociedad puede adoptar en un momento de su desarrollo concreto para resolver el conflicto étnico-nacional.
 
Sin embargo, resuenan por los llanos, campos, pueblos y ciudades una sinfonía de saqueos, victorias desechas, se escuchan los ecos de un pasado siniestro que no se debe repetir, fuimos quienes fuimos y seremos diferentes para no morir nunca por nuestra patria sin sabe lo que es patria, que no nos abandone nunca el desprecio por los actos de piratería, saqueos y dolor. La vida entre la salvaje muerte, olvidos, peligros, no nos va a dejar despojados de ausencias de mañanas, ni propósitos incompletos…nuestro destino, mantenernos en la lucha de desbordamiento, en esa lucha que va más allá de cualquier definición, lejos de consentir las excesivas caracterizaciones de todo tipo, el uso y abuso de definiciones, de la identificación, de la institucionalización de nuestras lucha, del taxativo riesgo del uso y abuso de las delimitaciones  políticas totalizadoras.
continuara


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Fresia Ipinza


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