¿Qué busca Estados Unidos con su agresión a Venezuela? ¿Un botín? El movimiento agresivo de Estados Unidos responde en parte a la ambición de apoderarse de nuestro petróleo pero sin considerar que el mundo transita hacia una matriz energética donde el petróleo es una tecnología en obsolescencia. Aun así la administración Trump ha ejecutado en Venezuela una maniobra propia del siglo XIX y a embarcado a toda la nación en esta aventura.
Querer imponernos condiciones de ocupación y explotación en una industria que requiere décadas de inversión y trabajo técnico, donde espera que sus petroleras le acompañen en este momento de alto cambio tecnológico, es una estrategia de alto riesgo que podría dejar a EE. UU con una infraestructura costosa y políticamente insostenible. Estos elementos los demostraremos en el desarrollo del presente artículo.
Desde una perspectiva estrictamente financiera y de rentabilidad prevista para el 2026, la política de priorizar hidrocarburos sobre renovables es considerada por expertos y mercados como ineficientes y un retroceso económico para Estados Unidos.
Las renovables son la fuente de energía más barata y no la riqueza petrolera de Venezuela por más cuantiosa que sea. Así para este 2026, la energía solar y eólica ha reducido sus costos en más del 40% respecto a los fósiles, ofreciendo retornos de inversión que superan en un 300% a los del petróleo.
Priorizar hidrocarburos implica apostar por energías cuyos costos de extracción suben y la demanda para la inteligencia artificial, exige energía barata que solo el modelo de costo marginal cero, donde producir una unidad adicional no implica aumento de costos de las renovables, puede garantizar.
En costos de generación, en las renovables la energía solar es un 41% más barata y la eólica terrestre un 53% más barata que las alternativas fósiles de menor costo. Esta brecha de rentabilidad se debe a que los hidrocarburos enfrentan costos de extracción, crecientes y las tecnologías limpias con costos marginales casi nulos. Para los inversores, esto se traduce en flujos de caja estables y un menor riesgo, convirtiendo a las renovables en el motor principal de la economía energética moderna. Casi uno está tentado a decir en base a estos cálculos, que el petróleo no es la causa principal de la invasión a Venezuela.
En ese liderazgo en costos de las renovables se debe sumar el costo politico. Intervenir en Venezuela por su petróleo tiene un costo politico enorme para Estados Unidos y es una agresión directa a la propia autoestima imperial.
El Retorno de Inversión (ROI), es un indicador que mide el éxito de los proyectos, evaluando la rentabilidad en función del costo. El ROI o éxito de las renovables en USA es entre 3 y 4 veces superiores a sus costos iniciales,que refleja su rentabilidad.
Las energías renovables tienen desempeño superior a los hidrocarburos, con beneficios acumulados de hasta 1.8 billones de dólares, consolidando la energía limpia como motor económico y estratégico de largo plazo. Pero insisten en el pasado.
Inclusive se proyecta que los precios del crudo Brent promedien $55 USD por barril en 2026, lo que comprime las ganancias de los productores, especialmente los del fracking, que operan con costos altos. Esta proyección representa una amenaza existencial para el sector energético estadounidense pues recios pulveriza los márgenes del petróleo de esquisto, cuyos costos de extracción por fracking son significativamente superiores a los del crudo convencional.
Mientras otros países, como China, lideran en energía limpia barata, priorizar fuentes más caras en EE. UU apuntaladas por la invasión a Venezuela podría, "empobrecer a las familias" y debilitar el país para competir globalmente. La hegemonía de los Estados Unidos enfrenta un quiebre crítico frente al liderazgo de otros países, que dominan la transición hacia energías limpias de bajo costo.
Al priorizar fuentes de extracción ineficientes en proceso de ser obsoletas y mantener una hostilidad comercial innecesaria hacia Venezuela, solo por seguir la política que trazó Obama, que encarece el suministro energético, Washington impone un castigo financiero a sus hogares. Esta decisión estratégica no solo empobrece a las familias EE.UU mediante facturas eléctricas elevadas, sino que le debilita para competir globalmente.
Estados Unidos tampoco logra capitalizar la eficiencia derivada del mayor crecimiento previsto en 2026 en infraestructura eléctrica y de almacenamiento. Este impulso responde a la creciente demanda de centros de datos para inteligencia artificial, que requieren energía barata, confiable y con baja intensidad de carbono, algo que los hidrocarburos no pueden ofrecer con la misma rentabilidad operativa.
Con estos elementos que hemos señalado, solo queremos mostrar como los hidrocarburos, aunque generan beneficios inmediatos y seguridad energética tradicional, su rentabilidad del capital se ha desplazado irreversiblemente hacia las renovables debido al menor riesgo de volatilidad y costos operativos marginales casi nulos.
Y Mientras Estados Unidos se ancló en la costosa hostilidad contra Venezuela y la defensa del fracking, el capital global migró hacia tecnologías donde el recurso, sol o viento es gratis. Esta ceguera estratégica no solo evaporó riqueza, sino que entregó la ventaja competitiva del siglo XXI a Rusia y China y parece no darse cuenta de ello.
El resultado de la intervención en Venezuela y el secuestro de Maduro será una nación atrapada en energías obsoletas que paga el precio de una energía cara mientras sus rivales consolidan la eficiencia del futuro.