Sepa cómo los pitiyanquis pidieron y celebraron la invasión a Panamá

Los mismos que se la pasan diciendo que el imperialismo no existe, y se burlan de los patriotas, esos mismos pidieron y celebraron la invasión a Panamá. Mientras los habitantes Negros del barrio El Chorrillo lloraban a sus familiares calcinados por las bombas y misiles, muchos vecinos de los sectores acomodados salieron a las calles para aplaudir a los soldados gringos y recibirlos como sus salvadores y libertadores.

Me pregunto, ¿será ese el cuadro con el que sueñan para Venezuela María Corina Machado, Lilian Tintori, y otros que se reúnen a menudo con la oligarquía panameña? ¿Por qué esta gente le pide ayuda a una oligarquía que todavía hoy considera que el genocidio fue necesario? ¿Por qué la periodista Nitu Pérez Osuna en una iglesia de ciudad Panamá le dice a los venezolanos autoexiliados que el fin está cerca, y será cruento? ¿Por qué los cartelitos y las etiquetas en Twitter que dicen SOS Venezuela?

El 12 de julio de 1987, 29 meses antes de la invasión, el periodista Antonio Caño, actual director del diario El País de España, el mismo que hoy considera que en Venezuela no hay democracia, escribió una nota para este diario que tituló así: «"Que vengan los gringos", grita en la calle la burguesía panameña opuesta a Noriega». En esta nota el periodista describe los hechos de las protestas del fin de semana contra Noriega, y además nos dice que le llama la atención cómo la prensa de oposición engaña a sus lectores. Sobre esto último nos cuenta Antonio Caño: «Aunque la prensa de oposición incluye titulares como “Ametrallan al pueblo” y los dirigentes opositores hablan de “brutal represión”, lo cierto es que los soldados estuvieron bien dirigidos en la línea de evitar muertes. El principal blanco de los excesos policiales fueron los automóviles, auténticos símbolos de esta peculiar revuelta».

Días atrás, el 21 de junio, escribió otra nota titulada «La rebelión de los Mercedes: Las clases acomodadas de Panamá intentan arrebatar el poder a los militares». Sorprendido por el tipo de gente que manifestaba, el periodista de derecha Antonio Caño narró un espectáculo que le chocaba: «En un continente asolado por la miseria, en una región sacudida por el hambre y la revolución, resulta chocante ver a encollaradas señoras de la alta sociedad agitando su pañuelo blanco contra Noriega desde las ventanillas de sus Mercedes o Volvo. Se sale de cualquier esquema el espectáculo que ofrecen un grupo de rubios y proteínicos jóvenes quemando coches y levantando barricadas en medio de una lujosa zona residencial. Y provocan una sonrisa de escepticismo las pecosas con cintas en la frente y zapatos deportivos norteamericanos que levantan el puño ante mulatos de uniforme exigiendo "democracia y libertad"».

Estas mismas personas adineradas que nos describe el periodista, que no sufrieron la invasión, que a lo sumo escucharon el bombardeo de lejos, y vieron las luces de bengalas por sus ventanas y balcones, salieron a la calle a celebrar con caravanas de carros último modelo. Ondearon banderas de Estados Unidos, y lucían franelas estampadas con la leyenda Just Cause (causa justa), que simboliza la operación militar en Panamá. Otras personas bajaron al frente de sus residencias para aplaudir a los soldados gringos cuando pasaban patrullando las calles después de haber asesinado a tantos compatriotas pobres.

Se vieron mujeres que cantaban y bailaban frente a los gringos con alegría y agradecimiento. Les decían Welcome USA. Miembros de la Cruzada Civilista Nacional que no sufrieron la invasión mostraron carteles que decían Thank You USA. Hubo papás y mamás que montaban hasta sus hijos sobre los tanques genocidas para fotografiarse. Aún los pitiyanquis conservan esas fotos en los álbumes familiares.

Los periodistas de CNN, ABC y CBS solamente entrevistaban a los panameños que estaban celebrando. Frente a las cámaras de televisión se expresaban personas mayoritariamente de piel clara y con ropa de marca, y hablaban un inglés casi perfecto. Cuentan que la celebración en la calle 50 fue realmente vergonzosa. Los ricachones saltando y bebiendo champán. Por supuesto, estos canales nunca transmitieron las imágenes de los muertos del barrio El Chorrillo.

Después de 25 años, las heridas no han cerrado. Todavía hoy se sufre un trauma nacional, y muy poco se habla del genocidio que se cometió contra nuestros hermanos de la Patria Grande. Las personas que sufrieron la invasión más nunca llegaron a ser las mismas.

 

 

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Fernando Saldivia Najul

Lector de la realidad social y defensor de la sociedad sin clases y sin fronteras.

 fernandosaldivia@gmail.com

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