¡Yo soy un terrorista, a mucha honra !

Muchas palabras de nuestro rico idioma han sido manipuladas para cambiarle el verdadero significado y enumerar algunas sería un poco tedioso y no es el tema en sí. Una de esos términos es la palabra TERRORISMO. El propio diccionario Larousse lo define como “actos de violencia cometidos por grupos revolucionarios”. Veamos cómo agregan la palabra “revolucionarios” para desde el inicio tergiversar el real significado del vocablo. El padre de la degeneración en el uso del calificativo Terrorista fue George W Bush después del dudoso atentado a las torres gemelas en USA. De allí en adelante el turbante árabe es símbolo de afecto al terrorismo y todo lo que implique el desarrollo de una revolución emancipadora. El señor Joaquín Pérez Becerra no es conocido por ejercer actividades terroristas como las que hacen en este momento los gringos y sus lacayos europeos en Iraq, Afganistán, Libia y un largo etcétera en años recientes.

Si somos de izquierda somos “terroristas”. Si apoyamos a la revolución cubana somos terroristas. Si expropiamos el latifundio somos terroristas. Si nos alimentamos de las enseñanzas del Che Guevara somos terroristas. Si nos identificamos con la revolución iraní somos terroristas. Si condenamos al estado sionista asesino de Israel somos entonces terroristas. Si condenamos los asesinatos masivos del ejército norteamericano somos terroristas. Si luchamos por la justicia social y la igualdad ante la ley también somos terroristas. Entonces me felicito por ser un "terrorista". La Interpol es un organismo que responde a los intereses del imperio y sus lacayos que no coloca en la lista negra (o roja) a los banqueros ladrones que huyeron de nuestro país, incluyendo al especulador “buenote” de Zuloaga. Al terrorista Posada Carriles no lo consideran terrorista porque así lo determina el imperio asesino. El presidente colombiano Santos y su asqueroso predecesor Uribe, la llave que cometió miles de crímenes en Colombia, no son tildados de terroristas porque lo hicieron bajo “la bendición” de sus jefes gringos. Los falsos positivos y las numerosas fosas comunes son mudos testigos del infierno de terror que vive la Colombia “hermana” de nuestro presidente. ¿Cuál Gran Colombia, señor presidente? ¿Usted sinceramente cree que la asesina oligarquía colombiana soltará su presa y permitirá una revolución en ese país? ¿Por qué permite que esa asquerosa oligarquía nos manipule y hagamos lo que ella desee para ganarse unos cuantos millones de dólares y deportar gente a EE.UU. para mantener su estatus de servilismo? ¿Para qué cambiar a la escoria de Makled por un ciudadano que huyó del terrorismo oligarca de Colombia? ¿Por qué en la cuarta república existía una oficina de las Farc en Caracas para gestiones diplomáticas de paz y ahora no? ¿Usted cree, estimado presidente, que la gran mayoría de los que le apoyamos  estamos de acuerdo con llamar de “hermanos” a los colombianos? Más del 70% de los colombianos que viven aquí lo odian y nos odian por la envidia de nuestras riquezas naturales y vida pacífica, pues no tenemos paramilitares, siembras de cocaína y marihuana, soldados gringos que pueden violar a cuanta mujer colombiana quieran y que no les pasará nada. No tenemos bases militares imperiales y somos soberanos (¿lo somos?) en asuntos de política exterior. “Nadie nos va a descarrilar” dijo el asesino Santos. Y lo está logrando. Si por pensar como pensamos seremos calificados de terroristas entonces soy un terrorista a mucha honra. Y seguimos perdiendo votos mi comandante.

efraingran@gmail.com



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Efrain Jose Granadillo


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