25 de febrero de 2026.- El 22 de febrero de 1832, murió, sin dejar de existir, el gran poeta Antonio Machado. Fue un poeta muy grande. En uno de los bolsillos del abrigo que llevaba el día en que murió, dejó unos versos que muy a pesar del tiempo, continúan siendo inmensos.
Estando enfermo, «derrotado», exiliado y en una edad un poco avanzada, en uno de los bolsillos se le encontró este hermosura verso:
«Estos días azules y este sol de la infancia». Versos con una potente serenidad, que contrastaba con su condición física. Quiso irse sacando fuerza y serenidad. Es muy conocido su poema que le da al caminante, el valor o la posibilidad de abrir caminos. Dice el verso: «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar»
Es un emotivo verso, que parece que a nosotros no nos cabe de ninguna manera. Muchos de nosotros estamos muy bien, viendo que alguien «nos abre» el camino. ¡Cosas! El camino lo queremos ya hecho. Estos que gozan esta posibilidad, si pudieran comprar el camino, saltarían de alegría.
Todos los «modelos» que no han impuesto en todo el siglo XX y lo que va del XXI, nos proponen exprimir la tierra con sus recursos.