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Es una guerra solapada, con presiones y persistentes amenazas todos los días: a) deben permitirnos abrir la embajada gringa en Venezuela, b) vino el jeque mayor de Energía de EE UU con proyectos enormes para la explotación de la Faja del Orinoco; c) nos ha visitado el jefe de la CIA; d) ya el Jefe del Comando Sur nos ha hecho una visita y ya está preparando otra; e) se ha ordenado a través de la OFAC a quien vender nuestros recursos y f) tenemos que romper nuestros acuerdos y tratados con Irán, China y Rusia. Y no nos podemos salir de este cartabón so pena de que nos lancen otro bombardeo. Entre tanto, nosotros, por nada de este mundo debemos entregar el gobierno ni mucho menos volvernos locos.
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Ciertamente, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, Francis L. Donovan, expresó este martes que espera regresar pronto a Venezuela para «continuar liderando los esfuerzos orientados a la implementación del plan de tres fases promovido por el presidente Donald Trump». Todo esto se hace en nombre de la «estabilización de la seguridad interna, la recuperación económica y una transición hacia una nueva era en el país». Tal cual como lo ha dicho Luis Britto García, nos encontramos en medio de un conflicto peligroso tanto de sometimiento como de presión máxima desde el Norte. ¿Cómo lo resolveremos los venezolanos? Está por verse, pero confiamos en la inteligencia de Delcy.
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Míster Francis L. Donovan montó su agenda, con presiones sin duda a la presidenta interina Delcy Rodríguez, así como también a los ministros Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello. Nosotros, entendemos la grave situación y le damos todo nuestro apoyo a Delcy y que ella vaya manejando el país con mano diestra y serena como lo ha venido haciendo, porque de momento no nos queda otra salida. El ministro de Comunicación, Miguel Ángel Pérez Pirela, indicó que ambas partes acordaron avanzar en una agenda de cooperación bilateral enfocada en el combate al tráfico de sustancias ilícitas y la atención del fenómeno migratorio.
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Desde el Comando Sur calificaron los encuentros como "productivos" y reiteraron su compromiso con la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en coordinación con países socios del hemisferio.
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Esta situación se parece mucho a lo que enfrentó Chávez a partir del año 2001: Gustavo Cisneros andaba dando brincos y saltos, buscando una entrevista con el presidente. Cisneros tenía carpetas y mensajes de Washington, de España y México que Chávez debía leer urgentemente; "que si el Presidente ve estos mensajes va a quedar encantado. Venezuela es el país, en estos momentos, con más futuro en América Latina". Esto lo había dicho el banquero Pedro Tinoco en 1975, cuando estaba al servicio de una poderosa red ligada al narcotráfico y al lavado de dinero.
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En aquellos primeros meses del gobierno de Chávez, Luis Giusti también quería tener una entrevista con el Comandante en Jefe. No podía ser que Chávez se negara a entenderse con hombres prominentes, que siempre habían estado al servicio del progreso. Se desesperaban los empresarios tratando de encontrar una cita, y el tiempo pasaba, y el tiempo era más oro purísimo, y ahora más que nunca cuando resaltaban tantos planes fabulosos para convertir a Venezuela en una potencia de primer orden en telecomunicaciones, y además de millones de barriles de petróleo también como exportadora de gas para el Caribe y EE UU.
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Pues en aquellos días de 2001, un optimismo fabuloso recorría a Fedecámaras, pero pronto los relatos esperanzadores sufrieron un giro decepcionante, pues cuatro o cinco connotados y eminentes magnates que fueron a Miraflores, fueron humillados por la visión del "loco", por el "bárbaro" e "ingrato" Comandante, lo cual hizo repentinamente detener aquella locomotora de grandes esperanzas. Chávez les dijo sin andarse por las ramas: "Es tarde, para que ustedes, según sus modelos, puedan sacar al país de abajo. Ahora nos toca a nosotros intentar hacerlo. Lo siento". Y comenzó la guerra, que aún seguimos enfrentando, con un horizonte bastante enrarecido…