El transporte colectivo y el golpe activo

No cabe la menor duda que diversos factores de la vida nacional, bajo un solo mando se han unido con un solo fin, acabar con el proceso bolivariano. Esta dinámica golpista que hace presencia en los diversos espacios sociales, en busca de lograr la desestabilización emocional de la comunidad, forma parte del libreto que desde el norte le llega a los operadores políticos del imperio en nuestro país. Poco avanzan en su propósito de presentar al gobierno bolivariano, frente al pueblo, como incompetente para solucionarle sus problemas y presentar a una descompuesta oposición como alternativa, con miras a las elecciones parlamentarias. Esa pesadilla les tiene nerviosos y recurren a todos los medios, para alcanzar sus fines.

La jugada está en pleno desarrollo. Como no han podido dar el golpe armado, como lo pretendían, con la complicidad de algún país vecino, ahora pretenden buscar otro atajo dirigido a desmotivar al electorado, en busca de la desmovilización del chavismo para generar la abstención del voto revolucionario y de esta manera dominar la Asamblea Nacional, que es el sueño dorado del oposicionismo para desde esa trinchera activar el golpe parlamentario y sacar a Nicolás Maduro, como lo hicieron en Paraguay con el presidente constitucional, Fernando Lugo y en Honduras con Manuel Zelaya.

Las unidades del transporte colectivo en la capital bolivarense han desaparecido, pese a los cientos de autobuses que el gobierno regional ha entregado con créditos blandos a los afiliados a las diferentes líneas de transporte público de Ciudad Bolívar. El usuario está siendo castigado de manera inclemente, soportando el estrés provocado por la incertidumbre de si encontrará como trasladarse al trabajo o llegar a casa luego de la jornada, acompañado por el sofocante calor y el candente sol, que actualmente azota a la zona.

Los miembros de las organizaciones del transporte ponen a circular las unidades, las pocas unidades que están en servicio, que no están haciendo transporte privado, cuando les viene en ganas y después que el pasajero está al borde de la desesperación. Esta situación genera hasta empellones y una que otra discusión a la hora de abordar la unidad. Pero ahí no queda todo, luego viene la grosera aptitud de conductores y colectores, que comienzan a gritar a los usuarios obligándoles a apretujarse dentro del bus o la camioneta según sea el caso, hasta asfixiarse por la falta de espacio para pernoctar dentro del vehículo. Amén de los usuarios que viajan fuera de la unidad colgando peligrosamente, teniendo como sostén, un píe en algún saliente de la carrocería y con las uñas clavadas en cualquier sitio, que les permita. Esto deja muertes y lesionados todos los años, pero no hay castigo, ni autoridad que lo prohíba.

No existe sistema de paradas diseñadas y entonces el conductor deja al pasajero donde se le antoja y si por mala suerte le ha reclamado algo, por los abusos cometidos, entonces viene el castigo y lo deja lo más lejos posible de su destino. La tarifa establecida es de seis bolívares para los autobuses y ocho bolívares para automóviles de cinco puestos, busetas y las "chirrincheras" o llamadas perreras, disposición que solo es respetada por los trabajadores de Transbolívar, organización del gobierno nacional. El resto de los transportistas cobran diez bolívares lineal y a los propietarios de por puestos, busetas y perreras, cuando están de cumpleaños o el fin de semana necesitan para montar una rumba, entonces recurren al marcado y colocan en los vidrios de los autos: "Hoy 15" y así los dejan durante la semana, haciéndose los locos, para que el usuarios ingenuo o que no quiere discutir les pague lo anunciado en el letrero, que ningún organismo cuestiona.

Lo peor del caso es que en las horas pico, hay quienes se pasean por las paradas repletas, con la unidades vacías y cuando los usuarios corren desesperados en busca del servicio se detienen y sin mucho protocolo le espetan: "No estoy trabajando" o " No voy para allá". Todo esto sin contar el tormento de la música con estridencia que provoca angustia, en quienes tienen que hacer uso de esa cosa, aquí llamada transporte público. Aunque existen las ordenanzas relativas a las obligaciones de quienes explotan las rutas, ningún organismo pone orden en esta irregularidad.

Recordando que el 27 F tuvo su chispazo de origen, fue precisamente en el abuso de los transportistas contra un pueblo que ya estaba harto de tanto maltrato, no es descabellado preguntarse ¿El trasporte público otra herramienta del golpe activo?.



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Cástor Díaz

Periodista CNP 2414

 cd2620@gmail.com

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