Discurso trashumante de Ramos Allup a sus lechuguinos y petimetres

La errabunda intervención del secretario general de Acción Democrática Henry Ramos Allup, en mi criterio, fue una de las más difíciles, porque al viejo adeco no le gusta participar en los eventos políticos de envergadura como pariente pobre, y eso le obligó a fajarse en un discurso compone mundo y gana la vida sin morir en el intento.

Blanco de uña en el rabo, el septuagenario advirtió que sus palabras le traerían ataques desde la oposición y la revolución, pero a mi juicio, eso se trató de una excusa. Creo que en realidad sólo buscaba no identificarse con sus lechuguinos, petimetres, gaznápiros, mariposones, petardistas y engomillados así como él llama a la gente de Primero Justicia. Preferible muerto que bañado en sangre.

Igualmente hizo todo esfuerzo para que su charla trashumante pasara bien lejos de la generación yogurt (buscachambas que, según el dirigente, los cuajaron en ocho horas y se empichonaron en 15 y cobran por aquí y por allá).  Y más todavía mantenerse bien distante de los tales manos blancas, grupo dentro del cual enmarcó un sifrinaje a quien califica de promiscuos, guarimberos, cobardes, fumones, periqueros, mascachicles y asexuados políticos.

Como perro viejo late echao, Ramos Allup comenzó sus traki traki expresando que no respondería a los exponentes que le antecedieron, para no disgregarse; consideró que había cosas más interesantes que discutir y yo ante esas palabras pensé, ingenuamente, que arrancaría señalando a los responsables de las guarimbas y de desaparecer los alimentos esenciales de la cesta básica, pero el hombre se fue por la tangente y como pez en el agua dijo que la gente del Gobierno hacía mención de los términos revolución, socialismo, hegemonía y unión cívico militar  y esos vocablos no se encuentran en la Constitución.

Con esto no quiero expresar que este aspecto no sea importante, pero me llama la atención que unas de las causas que dieron origen a la mesa de diálogo sean la terrible guerra económica que golpistas mantienen en contra de Maduro, y la destrucción de matachines denominados guarimberos, y sin embargo, el hijo putativo de Carlos Andrés Pérez obvió estos temas moviéndose como caimán en boca de caño.

El cadáver insepulto de la política tal cual lo llaman algunos de sus detractores, fustigó la unión cívico militar en contraposición a la FAN de la IV República distanciada del pueblo  a la que supuestamente pasaba revista Blanca Ibáñez uniformada de verde oliva, jurungándole así la lengua al presidente Nicolás Maduro, quien le ripostó que en su debate defendió el concepto de Rómulo Betancourt y los adecos sobre la Fuerza Armada, cuando era vista como un estamento aparte y alejado de la sociedad. No volveremos a ese concepto arcaico, ahora es el pueblo en armas, organizado en cuatro componentes profesionales y en la Milicia Nacional Bolivariana.

Ramos Allup, pedigüeño de dinero que no dejaba en paz al embajador Browfield de acuerdo con un cable de Wikileaks,  habló del golpe de estado de Abril de 2002, de los poderes públicos, de una supuesta de territorialización de la protesta que para Jorge Rodríguez no existe, porque según dice el alcalde, lo que en realidad se territorializa es la paz.

Caminando sobre cristales, el dinosaurio blanco refirió a Nicolás Maduro que no hay que angustiarse porque le pidan la renuncia, argumentando que a Rómulo Betancourt se la pedían a cada rato, pero el vivaracho no escatimó en que al padre de los adecos se la exigían con pintas en paredes y al presidente Maduro con asesinatos. Iban casi 40 a la hora del primer diálogo.

La momia de la política cuartorepublicana -otro epíteto con que lo nombran despectivamente algunos enemigos- transitaba sobre arena movediza para no mostrar parcialidad con el Gobierno, pero tampoco con bicharangos, petrabiches, comegenes y desacomodados de la oposición, menos de esos que estaban allí en la mesa a quienes en una oportunidad calificó de ególatras, narcisos, de hacer política mirándose en un espejo, y que a pesar de representar a la oposición rechazan a los dirigentes tripa verde de la IV República el mismo detritus.



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Alberto Morán


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