Mi Palabra

La calle pide SOS

Mi palabra

Lo que me maravilla es la impotencia de la fuerza:

de los dos poderes, la fuerza y la inteligencia,

es la fuerza la que acaba siempre por perder

Anónimo

¡LA CALLE PIDE S.O.S!

En el tiempo, que tengo escribiendo esta columna, el cual hago llegar a otros diarios de circulación regional, nunca he utilizado un apodo o sobrenombre para descalificar algún actor político de nuestra Venezuela; las veces, que he respondido o me he tomado la molestia de refutar alguno de estos señores, lo hago utilizando el arsenal de  palabras de nuestro rico y valioso idioma. Nadie ha leído en mis escritos las expresiones: majunche, guarimberos, escuálidos ni nada que se parezca; pero en esta oportunidad, sin que me queda nada por dentro, como decía el desaparecido comentarista deportivo Carlitos González, me voy a tomar el atrevimiento de llamar a estos señores: cavernícolas; no se les puede dar otro calificativo;  han dejado las calles y avenidas de algunas ciudades del país, como unos campos de batalla, al estilo de los países árabes, entre ellas la ciudad crepuscular: Barquisimeto; regresaron a métodos, que parecían superados.

Nadie puede justificar, ni apoyar estos hechos, que han dejado muertos, destrucción de bienes públicos y la paralización de comunidades enteras. Los incitadores de estos actos vandálicos, han participado en 18 elecciones, con un método electoral, cien por ciento confiable, pero han participado de manera premeditada y maliciosamente,  como los malos jugadores: si pierden le dan una patada a la mesa, vociferando el conocido pretexto ¡Trampa, fraude!; con razón  un amigo, de manera irónica  siempre repite: No le podemos decir pendejos por eso .Es sumamente deplorable y criticable, la posición asumida por los que nos saben perder; la frustración los embarga, pasando a un estado verdaderamente irracional; se confunden entre los disfrazados y los desjuiciado, porque estamos en época de carnaval y no sabemos, cuando se quitan las caretas  y regresan a su estado cuerdo, para que se pongan a pensar, en todo el daño causado al país en los últimos días, donde conviven venezolanos y un número bastante elevado de emigrantes en busca de nuevos horizontes.

 Todas esas tempestades provocadas, desde el mismo momento, que escucharon sonar la candidatura del fallecido Comandante Hugo Chávez, han llevado al país por un callejón muy peligroso. Ninguna explicación convence a los derrotados; han buscado miles de argumentos para seguir torciendo la cabuya; aceptan los resultados, cuando le son favorables, destacando la gobernación del Estado Miranda, con un gobernador, haciendo varios papeles en la vida política venezolana: es gobernante, candidato presidencial vitalicio de la MUD y agitador de oficio sin hacerse responsable de sus momentos de frustración y odio visceral, propio de un personaje novelesco.

 La impresión que dejan con su actitud bélica, es la desesperación por las continuas derrotas, especialmente la del 8 de diciembre pasado, cuando pensaban, salir victoriosos por amplia mayoría y todos sabemos los resultados; además están viendo muy lejos, la nueva oportunidad llegar al poder por la vía electoral (Hasta el 2016). Son muchos los intentos y siempre consiguen el mismo resultado: la derrota; han buscado el camino de la violencia, olvidando sus actuaciones del pasado por demás  acusadoras: paro petrolero; golpe de estado, sacando momentáneamente de Miraflores al fallecido comandante Chávez; no aprenden de la cantidad de errores, se están acostumbrando a guiarse con el mismo libreto, olvidando al verdadero protagonista: un pueblo consciente de haber recuperado la dignidad y la libertad, para construir un nuevo modelo de vida.

Todos esos acontecimientos del pasado, nos hacen ver muy contradictoria la lucha emprendida por la oposición; tratan con la violencia, de soliviantar la manera de pensar de una población amante de la paz. Todos los argumentos utilizados para buscar la calle de manera agresiva, están basados en la difícil situación económica, que nadie puede negar, ni esconder; pero, paradójicamente escuche en un supermercado de una importante red a nivel nacional, a un señor italiano, expresar de viva voz a manera de comentario una importante reflexión, mientras esperaba ser atendido en una larga cola: La gente habla, que todo está malo, pero voy a la playa y no cabe la gente; voy a los centros comerciales y están full; voy a la farmacia y la cola es inmensa y vengo al abasto y paso la mañana en la cola y de paso los carros no caben las calles ¡Y entonces como es la vaina! No entiendo nada.

Esta contradicción en la vida venezolana, tiene una explicación muy sencilla, que no va ser entendida por el grupo incitador de la violencia, por una razón elemental: la ansiedad por el poder, pensando en los privilegios perdidos, crea ofuscación (amenaza de muerte a  la hija de Diosdado Cabello), llevándolos a cometer esos actos de vandalismos, rechazados por sus mismos seguidores, que a fin de cuentas son también perjudicados y forma parte del pueblo.



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Narciso Torrealba


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