Oposición bruta, tronada y desesperada

Siempre las muertes en manifestaciones públicas causan un dolor que estremece el alma. Es un dolor, un sentimiento, distinto al que padecemos diariamente en las calles de nuestras barriadas con las muertes a mano del hampa, y debe serlo, porque desnudan una realidad que nos obliga, más allá de las posiciones políticas, ha condenarlas enérgicamente, pues ponen a prueba las instituciones democráticas y las libertades publicas.

Las muertes en este pasado 12 de febrero cuando se conmemoran 200 años de esa gesta heróica que libraron los estudiantes seminaristas contra la barbarie española, me hicieron recordar días muy duros cuando fui dirigente estudiantil; cargar el ataúd de un estudiante asesinado por los cuerpos policiales en manifestaciones públicas es algo que no se olvida nunca. Cómo no acordarme del dolor de la madre de Johnny Villareal Matos estudiante de la ULA, cuyo sepelio fue en El Tigre! Tengo esas imágenes grabadas a sangre y fuego en mi alma, como tampoco olvido las veces que hablé en la tumba de Enrique Rodríguez asesinado por la DISIP en la calle Maneiro de Puerto La Cruz, al igual que cuando hablé en la tumba de Jorge Rodríguez padre, son momentos duros que delatan la vergüenza que debe sentir una sociedad ante la barbarie represiva.

Tristemente para este país los sectores más radicales de la derecha venezolana siguen jugando el perverso juego de la deslegitimación del gobierno sin importar los medios ni la sangre que se derrame. Esa es la cruda realidad y al igual que en 2002 necesitaron los muertos para justificar el golpe de estado, hoy el trono de Leopoldo López y María Corina apuestan a la violencia, tal como lo declaran en los medios internacionales: “Hay que salir de este gobierno por la vía que sea, y lo estamos desafiando…, palabras más palabras menos, lo que buscan es unas cuantas muertes más a ver si logran algún pronunciamiento interno en las Fuerzas Armadas porque saben que en el seno del pueblo tienen muy poco que buscar.

Se trata nuevamente de la tesis desestabilizadora para provocar una salida de fuerza y esta oposición bruta, tronado y desesperada en su disputa interna por lograr la bendición del imperio para liderar la Mesa despedazada por ellos mismos, ha puesto en marcha la receta imperial: protestas estudiantiles, focos de violencia y mucho apoyo mediático nacional e internacional para vender la tesis de un país en guerra y un gobierno gorila.

El alto gobierno debe cuidar la respuesta, no puede permitir la violencia pero tampoco debe desbocarse con respuestas represivas, los estudiantes presos siempre generan solidaridad en sus compañeros y los asesinatos del 12 de febrero deben ser esclarecidos a la brevedad, no se puede seguir permitiendo la impunidad.

La violencia descalifica y desmoviliza mucho a la derecha opositora y unifica poderosamente a los sectores revolucionarios en defensa del proceso bolivariano, en esto también se equivoca el trono que luce desencajado e histérico en sus incitaciones a la violencia. Por la Patria en paz y sin violencia.



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Willian Rodríguez


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