La entrevista de Ramonet a Maduro es como un mar de lamentos

Es como un mar de lamentos. Lejos de consuelo, en ella uno sólo haya desasosiego y tristeza ante lo que nos hacen y lo que avizora el futuro. Nada encuentro de lo que hacemos y menos seguridad en lo que haremos.

En verdad, me enteré de los detalles de la entrevista que el presidente concedió a Ramonet, uno de los tantos intelectuales que cada cierto tiempo a lo largo del año nos visitan como para percatarse si todavía estamos vivos y "asombrarse" con nuestras hazañas, de las que estar vivo, según creo, es una de las más trascendentes, por medio de alguien que tuvo la paciencia de resumirla en artículo para Aporrea. Y después de leerla siento, como quien se tomó ese trabajo, hay pocos motivos para llenarse de esperanzas. Pues es algo así como un periódico de ayer y un largo lamento por lo que nos hacen, sin señalar nada concreto de lo que el gobierno hará, salvo definiciones generales de lo que todo el mundo habla y desde tiempo atrás; un rosario de cuestiones como demasiado obvias pero que no se ejecutan sino siguen en la oferta electoral y un explicar todo en lo que el enemigo nos hace. Es como si esperaba de éste, un enemigo a quien define como irreconciliable, una conducta diferente.

Lo primero que resalta en esa comparecencia ante el periodista, si nos atenemos al resumen del cual hablo, hecho por un personaje de indudable simpatía por el gobierno y quienes gobiernan, es la ausencia de autocrítica. No hay mención a los errores cometidos y menos a las persistentes omisiones o inhibiciones, donde la corrupción y el burocratismo es el caldo donde se refocila el gobierno casi todo. ¡Y son tantos! Como que uno cree que hay que revisar todo lo que concierne a este proceso llamado revolucionario. Si no se habla de los errores cometidos se estaría diciendo continuarán por la misma senda sin intención de enmienda alguna.

De todos los puntos resaltados en ese resumen que son unos dieciséis, diez estuvieron destinados al lamento y la queja por la conducta de quienes nos hacen la guerra. De donde uno cree que desde el gobierno se ha esperado que el contrario tuviese una conducta diferente a la que siempre ha tenido y la experiencia de Cuba, pese el interés que en lo que en la isla pasó y pasa, nada les hubiese enseñado. Por eso, uno entiende e internaliza más bien que los garrafales errores en el manejo estratégico de la economía y particularmente lo relacionado a la industria petrolera, se cometieron por ignorar lo que es habitual y esencial en la cultura del capital y no tener en cuenta esa experiencia cubana pese que tanto la miran, invocan y hasta en ella y sus dirigentes buscan asesoría permanentemente. Es decir, se insiste en explicar lo que ahora nos sucede solo en la conducta del rival, mientras se oculta la responsabilidad que en eso tienen quienes han gobernado desde 1998. ¡Todo palo tiene dos puntas!

¿Pero qué dijo el presidente? Por razones obvias, sólo podemos abordar unas pocas cosas.

Según mi fuente, verificable mediante el link a pie de página, entre otras cosas, el presidente manifestó al ser interrogado sobre política petrolera y aumento de la producción, lo siguiente:

"Venezuela está produciendo menos petróleo del que debería, y esa ha sido una de mis mayores preocupaciones. Lamentablemente se enquistaron, en el seno de PDVSA [Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima], verdaderas mafias. La maldita corrupción que, como un cáncer, ha minado nuestra fuerza y nos ha impedido aumentar la producción de petróleo."

Podrá constatar el lector que salvo reconocer oficialmente la caída de la producción petrolera, lo que se venía negando y hasta diciendo lo contrario, hasta haberse percatado que era mejor hacerlo, pues lo otro era un desatino hasta infantil y quejarse por las males gestiones de las "verdaderas mafias", el discurso sigue siendo el mismo. No hay un anuncio concreto, de verdad esperanzador, que indique estarían en disposición de revertir esa tendencia y sobre todo dentro del espíritu nacionalista de Hugo Chávez.

Tanto es así que en otra parte del resumen se dice:

"Yo estoy muy empeñado en la elevación de la producción petrolera, en la elevación de la capacidad de Venezuela en su petroquímica, en la producción de oro, de diamantes, de coltán. En la elevación de la producción de hierro, acero, aluminio, etc."

Es el sempiterno discurso del presidente de expresar sus buenos deseos, como sacerdote empeñado en llevar un mensaje de buena fe a los creyentes y seguidores sin sustento alguno. Nada dice de lo que hará o se tiene proyectado, se limita a hablar de lo que quiere y espera acontezca. Como si esperase que una fuerza sobre natural venga en su ayuda y en socorro nuestro. Pero además, es curioso, este discurso en boca de quienes dicen estar por enterrar al rentismo, mientras nada trascendente y hasta con contundencia nada dice del desarrollo agrícola, ganadero e industrial.

Por eso mismo, al abordar la tragedia que embarga al venezolano, como si estuviese diciendo algo distinto a lo que antes ha dicho y pese a todo lo acontecido:

"Yo creo que el logro principal del Programa de Recuperación Económica, Crecimiento y Prosperidad es que tenemos las riendas ya de lo que es un plan de crecimiento y de recuperación. Tenemos las riendas para la protección del empleo, la protección del ingreso de los trabajadores. Tenemos las riendas para el crecimiento organizado de los sectores fundamentales de la economía."

Es decir, el presidente y su equipo, ese de origen internacional, con expertos venidos de allende el mar que nadie ha visto nunca, después de lo tanto dicho y haber visto, para nada alienta, por decir lo menos, la vida del venezolano; pues apenas hasta ahora sólo han podido tener "las riendas", sobre todo para "la protección del ingreso de los trabajadores". Un discurso por cierto menos esperanzador, seguro, que el pronunciado al anunciar el último aumento de salario destinado entonces a derrotar la hiperinflación. En esa oportunidad no hablaron de las riendas, sino casi aseguraron "tener el toro por los cachos".

Para no decir nada inconveniente solo preguntaré: ¿Qué piensa el venezolano trabajador de esa reflexión a esta altura del camino? ¿Qué del fin de los aumentos de salarios, con le negación de las tablas salariales y las conquistas de las cláusulas contractuales desde la IV República para acá? ¿Qué de los Precios Acordados, que por cierto ya nadie, ni el presidente mismo, recuerda como con inusual ironía dijese Eleazar Díaz Rangel?

Y agregó el presidente en su nada concreta y realista, eso sí, llena de buenos deseos, reflexión que en Venezuela hay un servicio de salud de buena calidad y gratuito, pasando por alto el deplorable estado de ese servicio por falta de insumos de diferente tipo, la fuga de médicos y otros trabajadores del mismo por motivos salariales. Así mismo tocó el tema educativo, al que calificó alegremente también de excelente calidad y gratuito eludiendo que, por las mismas razones, estamos al borde de una crisis sin precedentes. ¿No teme que las escuelas se queden sin un buen número de docentes de esos bien formados que ahora todavía hay en Venezuela? No olvidemos aquello de los desheredados de Bretch, "lo primero es el comer".

Lo demás, como ya dije, diez puntos de los dieciséis recopilados por nuestra fuente, fueron lamentos y acusaciones al boxeador contrario o al rival de esta guerra de lanzar golpes de todos los calibres y de manera incesante, sin admitir que se carece de la capacidad de movimientos y arsenal necesarios para responder como es debido.

 

http://https://www.aporrea.org/ideologia/a273707.html



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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